Pascual Escandón/El Guardián
Saltillo, Coah.- Gloria ya conocía la forma tan sutil de su marido cuando justificaba el maltrato hacia ella, tanto que se convirtió en un suplicio reclamarle cuando supuestamente la mujer lo sacaba de sus casillas.
Esa era su frase favorita, pero salía de la boca de él luego de una serie de golpes e insultos que en innumerables ocasiones le dejaron marcas en las manos y ocasionalmente en la cara.

Después de todo no sería tan tonto para dejar huellas visibles y que más adelante le costaran alguna demanda; por eso que prefería patearla donde estuviera cubierta.

PURAS QUEJAS

Gloria recordó la vez en que regresaba de dejar a sus hijos en la escuela, eran cerca de las 10 de la mañana; su esposo se hallaba levantado y sin decir una sola palabra le asestó una patada en el vientre.

Al reclamarle, una vez más, él salió de la casa y regresó, según se veía, muy consternado y pidiendo perdón, pues se decía arrepentido.

"Es que me sacas de mis casillas", "no hiciste las cosas como te dije", "no me guardaste lo que quería", eran algunas de sus frases favoritas, las cuales sonaban huecas, sin la fuerza de los golpes que recibía ella.

A pesar de todo, la mujer permanecía sumisa, "ya se le quitará", le decía siempre a una vecina que al darse cuenta de su mal, solía aconsejarla de que lo dejara.

En el fondo, la mujer le agradecía a su marido el haberle dado un hogar, así que no había razón, según su parecer, como para abandonarlo.

Además, ya ni lágrimas soltaba entre su preocupación por el qué dirán, pues así se le había educado en el pueblo donde nació, y eso había observado también en la relación de sus padres, en la que la fuerza se imponía a la razón.

LA DECISION

Así se fueron casi 15 años, hasta que una gripa comenzó a agravarse, luego cambió a neumonía y sus días parecían contados, el valor que le dieron sus hijos es lo único que guardaba como arma para no desfallecer.

Ahí fue donde tomó la decisión; se separaría de su marido sin remordimiento, y tomando sus cosas se fue junto con sus hijos a otra ciudad, donde nadie le recordara episodios de violencia.

Al saberse abandonado, el hombre intentó hallarla denunciándola de secuestro por diversos medios, lo cual hizo que la mujer fuera localizada y el plan se frustrara.

Pero Gloria tenía ahora sí una determinación a prueba de balas, lo encaró y le hizo saber la nueva realidad, en la que no cabía un golpe más, pues estaría lejos.

No hubo quien la convenciera de dar marcha atrás, ahora que se encuentra lejos del sitio que fue su infierno, alguien extraña las atenciones que recibía, las comidas a tiempo y la ropa limpia.

Pero sobre todo, no hay quien lo saque de sus casillas.

Por no saber valorar lo que se tiene, tuvo que aprenderlo aunque fuera demasiado tarde, mientras que la mujer ya ha olvidado todo y perdonado, pues nunca fue rencorosa.