Acudieron a rendirle tributo a la Mukata, donde se encuentra la tumba del líder árabe.
Ramallah. Decenas de miles de palestinos se congregaron este miércoles en el interior de la Mukata, el complejo presidencial palestino, para recordar a su líder Yasser Arafat con motivo del quinto aniversario de su muerte.

Las decenas de miles de manifestantes que se acercaron a visitar la Mukata, donde se encuentra la tumba de Arafat, marcharon con banderas palestinas, carteles de Arafat y el "Kuffiyeh" o pañuelo palestino, uno de los símbolos que caracterizó al emblemático presidente.

Varios miembros de Al Fatah realizaron intervenciones en el acto, en el que el actual presidente, Mahmoud Abbas, reiteró que no se presentará a las próximas elecciones.

"No quiero repetir lo que he dicho en anteriores ocasiones, no quiero presentarme a nuevas elecciones en el futuro", dijo Abbas en su intervención en la Mukata, a lo que miles de palestinos respondieron apoyando al presidente y pidiendo su permanencia en el poder.

"Abu Mazen, estamos contigo hasta la liberación" o "con sangre nos sacrificaremos por Abu Mazen", fueron algunas de los mensajes que gritaron los manifestantes utilizando el nombre de guerra del presidente, mientras varios miembros de Al Fatah llamaban también al presidente a no renunciar al poder.

Abbas, que fue elegido presidente en elecciones presidenciales tres meses después de la muerte de Arafat el 11 de Noviembre de 2004, volvió a culpar hoy a Israel del estancamiento de las negociaciones para el inicio de un proceso de paz.

Insistió en que la demanda para que Israel paralice las construcción de asentamientos no es una "precondición" para el inicio de las negociaciones de paz, sino un "derecho legítimo" de los palestinos.

"Cuando reivindicamos nuestros derechos legítimos no se trata de precondiciones, pero quienes no desean la paz se empeñan en poner obstáculos para obstruir el progreso del proceso de paz, desafortunadamente".

Abbas exigió también a Israel "que se ajuste a los términos del proceso de paz y que paralice de forma permanente todas las actividades de construcción, incluidas las que reivindica bajo el crecimiento natural y de Jerusalén Este".

"No aceptaré nada menos que eso", añadió, culpando a Israel de no cumplir con el derecho internacional y exigiendo la retirada a las fronteras de 1967. Por último, advirtió que pensar en una solución alternativa a la creación de dos Estados "sería muy peligroso".

Ante la negativa de Israel a congelar el avance de sus colonias en Cisjordania, Abbas no sólo se ha negado a abrir un proceso de paz, sino que el pasado jueves anunció la retirada de su candidatura de cara a las elecciones previstas para el 24 de enero.

Su anuncio está motivado además por la división interna entre su partido, Al Fatah, que controla Cisjordania, y las fuerzas de Hamas que gobiernan la franja de Gaza desde junio de 2007 tras ganar las elecciones de 2006.

Abbas se dirigió a los líderes del movimiento islamista radical y les invitó a "pensar en la vía para alcanzar la reconciliación y la unidad nacional de forma que (los palestinos) podamos luchar contra la ocupación en lugar de luchar entre nosotros", dijo Abbas.

"Hemos tendido la mano la reconciliación tal y como figura en el borrador ofrecido por Egipto. Avancemos y firmemos el pacto para luchar contra la ocupación", añadió Abbas.

Arafat fundo Al Fatah en 1959 y diez años después fue nombrado presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

Durante más de cuatro décadas luchó por la autodeterminación del pueblo palestino.

El que se convirtiera en un ícono para la defensa de la causa palestina recibió el premio Nobel de la Paz por la firma de los acuerdos de Oslo en 1994 con el entonces presidente de Israel, Isaac Rabin.

Sin embargo, con el incremento de los actos violentos y terroristas palestinos en los años posteriores, Israel llegó a tachar a Arafat de "irrelevante" y de "obstáculo para la paz".

Arafat pasó los últimos años de su vida encerrado en el complejo de la Mukata hasta morir a la edad de 75 años en un hospital de París sin que las causas de su muerte fueran aclaradas.

Aunque el personal médico negó la presencia de toxinas en su sangre, la teoría de la conspiración que culpa a Israel de estar detrás de su muerte sigue viva en el mundo árabe. Al Fatah creó este verano una comisión para investigar los hechos.