El Gráfico
La lujuria y el dinero parecieran ser los principales impulsores de este tipo de relaciones, pero. ¿son estos dos factores suficientes para movernos a comenzar una relación con una pornstar?
Mujeres de bocas profundas e insaciables, flexibles hasta lo inimaginable. Voluptuosas y de una lujuria desenfrenada, las actrices porno movilizan a todo aquel que mira sus películas, hacen que fantaseen con poseerlas y tenerlas a su lado. Incluso con que sean sus parejas, pero, ¿somos capaces de convertir esas fantasías en realidad?

En la cinta de 2004, titulada La chica de al lado (The Girl Next Door), Matthew Kidman (Emile Hirsch) está por graduarse con honores en la Universidad Georgetown, cuando una joven y hermosa mujer se muda a la casa de al lado. Entonces Matthew se entera que Danielle (Elisha Cuthbert) es una estrella porno y eso -que por un lado lo excita profundamente- comienza a acarrearle problemas. Un día, al llegar a casa, la encuentra con sus padres, sentada en el sillón, viendo el álbum familiar. Ahí, comienza a imaginársela masturbándose, haciéndole sexo oral a su padre cuando éste entra a darle un vaso de limonada, luego besando a su madre en la boca, para acabar la escena abriéndose la blusa y mostrándoles sus suculentos senos a todos los presentes.

Cuando casi sin aire se la lleva al cuarto para charlar, ella le pregunta qué puede hacer para ayudarlo con su dolor de cabeza; a él, lo primero que le pasa por la cabeza es meterla en la cama y tener sexo con ella de todas las formas imaginables. Estas situaciones continúan por un rato hasta que la película, en un giro hollywoodense, se vuelve una comedia romántica estándar, una que definitivamente no resuelve si es un mito o una fantasía real de los hombres el ser pareja de una actriz porno.

El tema, que en un primer momento podría parecer simple, desencadena un sinfín de complicaciones al dividirse las respuestas por edad y posición socioeconómica. "En mi época no teníamos tanto acceso, como ahora, a las películas pornográficas", explica convencido Jorge F., de 58 años. "No conocíamos a las actrices de esas películas ni las veíamos con tanta facilidad. A lo sumo -asegura con un poco de vergüenza- fantaseábamos con alguna revista que nos pasaba algún amigo o tío".

Por su parte, Sergio L., empresario de 36 años, admite que le encantaría salir un tiempo con una pornstar. "Todos hemos fantaseado con eso, vemos las películas y lo primero que nos pasa por la cabeza es lo que le haríamos a esas mujeres si las tuviéramos con nosotros. El único impedimento es que nadie tiene acceso a ellas, al menos en este medio en el que nos movemos", confiesa.

Gianna Michaels, famosa pornstar

Entonces la pregunta podría ir en el sentido de qué pasaría si pudieran estar en contacto cercano con estas mujeres de ensueño. Si hay un sector de la humanidad que tiene este acceso es innegablemente la aristocracia hollywoodense, que nunca pudo ocultar su fascinación por ese lujurioso mundillo.

Aquí las anécdotas se acumulan como granos de arena en una playa, pero probablemente la más famosa de esas historias sea la que unió a Charlie Sheen con la superestrella porno de los 80, Ginger Lynn, durante cinco tumultuosos años.

Su relación recogió todo el manual de lo que se supone debe ser una historia de este calibre: juegos sexuales extremos, drogas (Martin Sheen la acusó de convertir a su hijo en un cocainómano), abusos alcohólicos y repetidas riñas en público.

También hubo turbias rupturas y continuas reconciliaciones para disgusto de la familia Sheen y placer de los tabloides. Años más tarde, sería la otrora estrella porno Chloe Jones, antigua modelo erótica, la causa de que el matrimonio de Charlie con Denise Richards se fuera a pique.

Muy similar es la historia que, se dice, envolvió a su compadre Kiefer Sutherland con la totémica pornstar Raven Riley; paralelamente a la relación que entonces mantenía con la actriz Julia Roberts.

De hecho, existieron rumores de que la faraónica boda prevista entre las dos superestrellas de los 90 se fue al traste, luego de que la Roberts fue informada de cómo pasaba las tardes su prometido.

Es muy probable que esa fascinación por el desempeño sexual de esas míticas mujeres fue lo que hizo que Bruce Willis se dejara ver en público acompañado de la morbosa Alisha Klass, quien ya había compartido la cama de Emilio Estevez; por otro lado, Tommy Lee, Marilyn Manson y Dave Navarro se atrevieron a cohabitar en relación con Jenna Jameson, la mayor estrella mediática salida del mundo porno.

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La lujuria y el dinero parecieran ser los principales impulsores de este tipo de relaciones, pero. ¿son estos dos factores suficientes para movernos a comenzar una relación con una pornstar? Nosotros, las personas comunes y corrientes que fantaseamos con tener una explosiva actriz porno como novia, ¿seríamos capaces de llevar la fantasía a la realidad?

"La verdad, no creo animarme", dice honestamente Mariano D., estudiante de 25 años. "Por un lado, no sabría cómo decírselo a mis amigos ni a mi familia, al margen de mi fantasía, creo que no podría soportar las miradas".

Juan Luis H., arquitecto de 40 años, reflexiona mientras mira sus zapatos, "a mí me gustaría mucho, la idea me excita terriblemente; pero si lo pienso en serio, no sé si me animaría. Una cosa es verlas en las películas y desearlas y otra, muy distinta, es tenerlas en tu cama, o en la mesa de los almuerzos del domingo o tener hijos con ellas".

Al parecer, al igual que la angustia producida por las situaciones que imaginaba Matthew Kidman en la película, a los mortales comunes y corrientes que fantaseamos con tener a esas insaciables come hombres de infinita destreza para el placer, nos resulta incómoda, desagradable y hasta impensable la posibilidad de convertir esa fantasía en realidad y llevar a cenar a nuestra flamante novia pornstar.

Texto cortesía de http://revistaopen.com.mx