Sylvia Georgina Estrada
Gerardo Avila exhibe su obra paisajística en el Museo Rubén Herrera
La obra de Gerardo Avila enaltece la belleza del paisaje norteño, de los lugares que debido al ajetreo de la vida urbana pasan desapercibidos para la mayoría de las personas, pero que continúan impeturbables ante el embate del tiempo.

El pintor expone una serie de paisajes que muestran una faceta poco conocida de su obra y que, desde el pasado miércoles, puede observarse en el Museo Rubén Herrera bajo el título "Tiempo Libre".

La larga trayectoria artística de Avila se traduce en una pintura luminosa y etérea, elaborada cuidadosamente y que añade una sensibilidad que puede percibirse en la composición estudiada, en los pigmentos brillantes, en los follajes apelmazados de los árboles, en el cielo plagado de color.

Lejos de pretensiones, el creador exhibe el resultado de sus paseos por el campo, el simple gozo de disfrutar el tiempo libre con el lienzo y el paisaje coahuilense enfrente.

"Esta es una obra que realizo paralelamente a una propuesta en la que llevo trabajando alrededor de 15 años, que es sobre la figura humana. Pero llegan momentos en los que ya no puedes continuar una obra por alguna cuestión técnica y entonces aprovecho esos tiempos para realizar otra obra, puede ser paisaje, eventualmente un bodegón.

Son pinturas con temas que logro en mis tiempos libres", explica Avila sobre el origen de "Tiempo Libre". Pero el autor sabe que hay que meterse en el paisaje, mezclarse con él para poder extraerle todo lo que pueda ofrecer.

Avila no sólo capta la luz, el color y las formas, también plasma en el lienzo la emoción que siente ante la naturaleza. El pintor logra transmitir al espectador lo que sintió en su interior en el momento de aprehender la naturaleza.

Su trabajo muestra dominio técnico y un realismo al que no le importa la inmensidad o los detalles, sino la impresión plástica que logra que las hojas de los árboles brillen con destellos robados al sol, acunadas por el viento.

"Soy un enamorado de la naturaleza, me gusta mucho salir al campo, salgo tan pronto puedo a lugares muy cercanos a Saltillo, tal vez el más lejano esté a una hora y media. Desde niño aprendí a disfrutar nuestro semidesierto y los colores del noreste de México".

Y es que la obra de Avila presenta los paisajes propios de la región, la calidez del desierto, los oasis verdes que surgen bajo el sol feroz del norte, el cielo de un azul amarillento escaso de nubes y el follaje rojizo de los árboles que languidecen en otoño.

"Lo que pinto es muy característico de Coahuila, solamente en algunas pinturas muestro un paisaje cercano a la costa de Tamaulipas y ahí puedes ver cómo la humedad de la atmósfera afecta los colores, son muy diferentes a nuestros cielos tan limpios, tan azules; allá la humedad provoca unos tonos un poco más violáceos, muy estéticos también y los árboles se cuelgan de tanto follaje, aquí (en Saltillo) los árboles son un poco desgarrados por tanto viento, por la aridez del lugar.

Esa variedad es la que aprendes a disfrutar, a entender". Avila mezcla la quietud del paisaje y la velocidad de la espátula, técnica que no le permite al pintor un segundo pensamiento.

Paradoja estética que da excelentes resultados: "Esta es una obra de muy poco conflico y la técnica de espátula no te permite ser detallista, tienes que ser rápido en la aplicación, eso te hace más fluido el tema y entonces lo disfrutas mucho", expresa el pintor respecto a su obra paisajística, que permanecerá en exhibición hasta el mes de julio. "La afinidad entre tema y técnica es esa libertad de trabajo que sientes al estar en esos lugares, en esas atmósferas", finaliza.