Islamabad, Pakistán.- El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, se aseguró la reelección en el cargo este sábado, ocho años después de su golpe de estado, pero la proclamación de su victoria deberá ser confirmada por la justicia.
La Corte Suprema de Pakistán autorizó el viernes la celebración de la elección presidencial del sábado, pero prohibió la proclamación del resultado oficial antes de pronunciarse sobre los recursos de la oposición. La Corte no examinará esos recuersos antes del 17 de octubre.

El país podría por lo tanto encontrarse en una situación paradójica: un presidente que obtuvo sin problemas los votos suficientes, pero sin validez legal para proclamarse jefe de Estado.

El general tiene todas las de ganar puesto que la elección presidencial se dirime por sufragio indirecto en el parlamento y las asambleas provinciales, foros que le son fieles sin discusión.

La gran cita electoral paquistaní tendrá lugar en realidad con los comicios legislativos de principios de 2008, mediante el sufragio universal directo. La fácil victoria de Musharraf este sábado podría tornarse en un sonoro fracaso dentro de pocos meses.

Es por ello que Musharraf, conocido por su instinto de supervivencia política, firmó el viernes un acuerdo "de reconciliación" que abre el camino para compartir el poder con la ex primera ministra Benazir Bhutto.

"El presidente Musharraf lo firmó, es el comienzo de una nueva era", declaró a la AFP el ministro de ferrocarriles, Sheikh Rashid.

El decreto, del que la AFP obtuvo copia, prevé amnistiar a personalidades políticas acusadas de diversos crímenes y delitos entre 1988 y 1999, entre ellas Bhutto, acusada de corrupción cuando dirigió el país en dos ocasiones, de 1988 a 1990 y de 1993 a 1996.

Compartir el poder con la ex primer ministra no será una tarea fácil, a tenor de las relaciones entre ambas figuras políticas.

Esos comicios legislativos serán observados con lupa por los occidentales, sobre todo por Estados Unidos, que tiene en el régimen del general Musharraf un aliado clave en su "guerra contra el terrorismo".

Pakistán intensificó desde hace dos meses y medio sus operaciones militares en las zonas tribales del noroeste, fronterizas con Afganistán, donde Estados Unidos afirma que se refugian miembros de Al Qaida y talibanes afganos con la ayuda de las tribus fundamentalistas paquistaníes.

Sin embargo, el país sufre una ola de atentados que causó 300 muertos en los últimos dos meses y medio y desde hace 15 días vive bajo la amenaza de la yihad, o sea, la guerra santa, lanzada por Osama bin Laden contra Musharraf.

En este contexto, Estados Unidos ha apoyado de forma casi patente la alianza entre Musharraf y Bhutto, pues esta última se declaró favorable a las intervenciones militares estadounidenses en las zonas tribales paquistaníes.

Por su parte, las fuerzas de seguridad estarán el sábado en estado de máxima alerta ante el temor de una "acción espectacular" de Al Qaida con motivo de la votación presidencial.

La elección del sábado enfrenta a Musharraf con otros dos candidatos, y se desarrollará de todas formas sin la participación de cerca de 200 diputados de la oposición, que dimitieron colectivamente esta semana.

El colegio electoral cuenta con unos 1.200 miembros.

La oposición estima que el futuro jefe del Estado no debe ser elegido por el actual Parlamento y las asambleas provinciales, sino que debe ser nombrado por las nuevas instituciones que salgan de las legislativas previstas para principios de 2008.