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Glendale.- David Tyree confesaría que no le encantan los regresos de patada. "Es lo que odio hacer", dijo el artífice de los equipos especiales. "Tienes a jugadores corriendo a mil millas por hora para golpearme".
El resto de sus labores, le encantan. Tyree fue escogido de Syracuse cinco años atrás porque era bueno en todas esas tareas que no llaman mucho la atención pero que ayudan a ganar juegos, como bajar balones dentro de la línea de las cinco yardas.

La noche del Super Bowl, Tyree llamó mucho la atención y se ganó una vida entera de agradecimiento por parte de los fans de los Gigantes, al lograr una atrapada acrobática que ayudó a conservar el impulso ganador de Nueva York.

Ya había hecho una gran contribución como receptor, al atrapar un pase de cinco yardas por el medio de Eli Manning al principio del cuarto cuarto para darle a los Gigantes la ventaja 10-7. Pero fue ese arqueo hacia atrás para completar un pase de 32 yardas con un minuto por terminar el juego, lo que puso la mesa para que los Gigantes obtuvieran la victoria 17-14 en el Super Bowl XLII.

Los Gigantes iban perdiendo por cuatro puntos con 1 minuto y 15 segundos por jugar cuando se encontraban en tercera y cinco desde su yarda 44. De manera mágica, Manning eludió a los defensivos de los Patriotas que a pesar de haberlo agarrado por el jersey no consiguieron derribarlo, roló a la derecha y sacó un pase un poco alto por el medio en dirección de Tyree.

David saltó para cachar el balón mientras el defensivo Rodney Harrison le saltó encima para tratar de quitarle el ovoide.

Al caer, Tyree tuvo que hacer un arco hacia atrás, con los pies en el suelo y los hombros también, a pesar de la incómoda posición y de Rodney Harrison también, mantuvo el balón incluso sujetándolo contra su casco.

"No lo soltaba", dijo Tyree. "Trataban de decir que tenían la bola, que me la quitaron", dijo.

Tyree fue escogido en la sexta ronda en el 2003, el jugador número 211 de ese draft. Si sólo hubiera sido un receptor habría terminado de relleno en el campo. Pero sus talentos de kamikaze le valieron un jersey.

"Me pusieron muy claro que yo era un jugador de los equipos especiales", dijo Tyree. "Aún cuando no tengo el mejor día como receptor, eso es lo que me mantiene aquí".

Sin embargo, su más grande reto en un inicio fue su vida personal y los problemas que acarreaba el trío de alcohol, marihuana y mujeres, que acabaron con su temporada de novato luego de la universidad, cuando los billetes verdes todavía no abundaban en su vida.

"Pero ahí comenzó a ser destructivo todo", recordó el jugador.

"No había mucho que hacer. Cuando iban a la ciudad, los cortaban del equipo, yo tenía miedo de salir del campo así que me quedaba y bebíamos mucho. Empecé a desmayarme seguido", señaló con un dejo de dolor.

Cuando ya de lleno en el futbol americano profesional tenía el dinero para complacer sus vicios, las cosas no mejoraron... al contrario, empeoraron y Tyree incluso sufrió la separación con su esposa.

"Fueron tiempos muy difíciles", dijo. No obstante, encontrar una religión le ayudó a enderezarse y su carrera floreció rápidamente.

Fue su rapidez lo que le ayudó en la NFL y que le valió un boleto al Pro Bowl dos años atrás... claro, siempre en equipos especiales. Ahí es uno de los más respetados por la habilidad que tiene para correr en cuanto patean y llegar al mismo tiempo que el balón.

"Tenía la ventaja de jugar en equipos especiales desde que era novato en el colegial", dijo Tyree.

Era un buen receptor colegial y entró por la puerta grande cuando cachó un pase de 48 yardas contra las Aguilas de Filadelfia el 16 de noviembre del 2003.

Aunque tiene una talla modesta, mide 1.82 y pesa 92 kilogramos, posee lo suficiente para defenderse ante oponentes más grandes, además de que su velocidad le ayuda para eludirlos.

También sus habilidades de receptor son para destacarse.

"No me considero el hombre más rápido, pero entiendo la posición del cuerpo y soy capaz de hacer fallar al oponente".

La noche del domingo fue el momento mágico de Tyree, comenzando con la patada inicial y extendiéndose hasta su touchdown, luego la fenomenal recepción y la celebración de la victoria de los Gigantes.

Horas antes, todo esto eran situaciones que ni siquiera le hubiesen cabido en la cabeza.

"Si nada positivo sucede para mí en mi carrera, no me quejaría", dijo.