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Se llega a creer que todo forma parte de un juego mecánico, pero no: todo es real ...
Toma un baño en las caídas de agua más legendarias y visitadas del planeta, con 12 mil años de antigüedad, donde los enamorados pasan su luna de miel o renuevan sus votos.

Cubren un área de 212 kilómetros cuadrados y su altura máxima alcanza los 54 metros. Su estruendo te dejará la piel mojada y de gallina.

Por 14 dólares canadienses los turistas se embarcan en el Maid Of The Mist, una nave con un aspecto nostálgico y antiguo, pero con todos los implementos modernos que requiere para rozar la cortina de agua, sin ser destruida por el poderío de la naturaleza. La moderna barcaza dejó muy atrás a sus ancestros que navegaban repletos de turistas a partir de 1864.

La coordinación entre guías, barcos, elevadores y asesores es tan buena que se llega a creer que todo esto (el viento, la nave, las cataratas, las rocas y hasta las gaviotas), forma parte de un juego mecánico, de un mega espectáculo en el que cuando se quiera se puede cerrar la llave del agua, abriéndose desde las ocho de la mañana hasta muy entrada la tarde para no desperdiciar demasiada, pero no, todo es real.

Una vez que se ha subido al barco lo mejor es tener todo lo que se puede mojar bien protegido debajo del impermeable, aunque también existe la opción de quedarse en la planta baja del barco, bajo techo, esto es perfecto para los que no deseen mojarse demasiado, sean algo friolentos o enfermizos.

Quienes deseen un encuentro total deberán elegir la proa, en el nivel superior, así podrán saludar a los curiosos, observar los barcos que ya han salido de la estela de la caída de agua y, claro, empaparse por completo, con o sin impermeable "pitufesco".

Las cataratas se localizan en el curso del río del mismo nombre (de 56 kilómetros de longitud), marcando la frontera entre la provincia de Ontario, Canadá, y el estado de Nueva York, en Estados Unidos. Se embarca del lado canadiense, en el condado de Niágara, pero durante el recorrido también navega sobre aguas "gringas", así que recorres dos países en un mismo viaje.

El barco se aproxima primero a la catarata del lado estadounidense, la menos espectacular, pero es la entrada de este banquete de emociones. Las cámaras de video y de fotografía hacen todo tipo de ruidos, como si el tiempo se les fuera a acabar en una eternidad de dos segundos.

Una brisa leve empaña los lentes de los equipos, pero los clicks y zooms están a todo lo que dan.

En cuanto el barco se dirige al torrente canadiense la emoción aumenta. Si el estruendo en la parte estadounidense era fuerte, en la caída vecina literalmente mueve todo el barco, no sólo por la corriente del agua, sino por la potencia del sonido del agua.

En menos de cinco minutos lo que antes era un paisaje soleado con una vista espectacular a pie de cataratas ahora se convierte en un velo de agua, la caída desaparece, sólo el estruendo persiste y al levantar la mirada se logra observar la silueta de las rocas.

La mirada se nubla, es como tratar de ver con un chorro de agua que te pega en la cara, así de intenso, así de poderoso... son dos minutos en la tormenta, en el huracán y después... el sol reaparece, de regreso a la calma, al otro escenario, a la realidad tranquila.

La empapada ha terminado, el barco regresa al puerto, la emoción ahora es colectiva, los que antes eran extraños ya no lo son.

El que no sonríe es porque está buscando su cámara o secándola para no olvidar que quedó hecho una sopa.

Una vez en tierra es momento de olvidar el vestuario de pitufo, adiós al impermeable, los que deseen podrán quedárselo como recuerdo y dejarlo secar en la habitación del hotel.

Niágara es un pueblo totalmente turístico, por lo tanto no habrá problema para entrar a un buen restaurante y conseguir una terraza para tomar un descanso y disfrutar de una bebida caliente o subir a una de las torres que ofrecen servicio de buffet o a la carta.

Para quienes deseen continuar en búsqueda de miradores para capturar diferentes ángulos de las cataratas se les recomienda acercarse al de tierra, donde se estará a menos de cinco metros del torrente.

Hay que ir preparados pues tienes muchas posibilidades de pescar un resfriado. Es un buen momento para reciclar el disfraz de pitufo.

Otra excelente opción para fotografiar será a bordo de la rueda de la fortuna Skywheel. Por 10 dólares estarás a 30 metros de altura.