Orgullosa de ser policía, declara mujer arraigada por caso Ayotzinapa
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Pese a los padecimientos de los últimos días, Leticia Pintos Muñoz dijo que le gusta su oficio, sin embargo, "la verdad me siento defraudada y traicionada por mis propios mandos jerárquicos" señaló
Guerrero.- A sus 23 años de servicio como Policía Ministerial, Leticia Pintos Muñoz vive los días más difíciles de su carrera, aunque no provocados por el resentimiento de los homicidas, violadores o secuestradores que ha enviado a prisión durante casi un cuarto de siglo.
Parapetada tras gruesas gafas oscuras, de pelo muy corto y expresión dura, la mujer de 53 años inhala con toda la capacidad de sus pulmones una bocanada de aire que le infla el pecho, entonces dice sentirse orgullosa de ser policía.
-La verdad me gusta este oficio porque salvo vidas, ayudo a la gente y apoyo a mucha ciudadanía. Tengan o no tengan dinero.
En 23 años ostentando la placa de elemento de la Policía Judicial del Estado (PJE) y luego de la Policía Investigadora Ministerial (PIM), Leticia Pintos asegura que ha indagado homicidios, secuestros y violaciones en casi toda la geografía guerrerense.
Por el desempeño de su trabajo ha coordinado operativos para detener criminales de alta peligrosidad, aunque también ha capturado a delincuentes de poca monta, que al paso de los años la recuerdan con resentimiento.
La maestra
Leticia Pintos no tuvo la función policíaca como primera opción para ganarse la vida, a los 21 años egresó de la escuela Normal de Educadoras Lucía Alcocer de Figueroa, fue parte de la primera generación de la Normal que después recibió el nombre de Adolfo Viguri Viguri.
Era la época en que ser normalista implicaba obtener la plaza automáticamente.
Ejerció su trabajo como profesora de educación preescolar durante varios años, hasta que a los 30 decidió cambiar la tranquilidad del aula por la función policíaca a consecuencia de una inclinación que llega a considerar hasta genética, ya que su papá fue militar.
El orgullo
La breve entrevista se desarrolla en la entrada principal de palacio de gobierno, Leticia Pintos al principio habla con reserva, pero al paso de los minutos otorga algo de confianza.
-La verdad es que a mí me gusta ser policía y el hecho de ser mujer no implicó para mí nunca una limitante, cuando tienes un oficio y este te permite realizarte no encuentras razones para no hacerlo, simplemente te dejas llevar por tu naturaleza.
Respira profundamente y con rapidez explica las razones por las que experimenta ese tipo de sentimientos cuando habla de su oficio.
-En 23 años pasan muchas cosas, a mí me ha tocado salvar vidas, atrapar homicidas, secuestradores y llevar ante la autoridad a violadores.
Entre los casos que más la han conmovido está el asesinato de una niña de la comunidad de Amojileca, en el municipio de Chilpancingo.
Tenía diez años, se llamaba Jhoana Acosta Rosas y era hija de un maderero, el asesino fue un tipo al que le decían "El Chica Pollo". Para violarla le cortó la yugular porque la niña opuso resistencia, ubicarlo y detenerlo fue uno de mis principales propósitos y lo conseguí.
No es el único asunto importante en el que la investigación de Pintos Muñoz ha propiciado el esclarecimiento de un crimen, varios municipios de las Costas, Región Centro, Zona Norte y Tierra Caliente han documentado su paso.
Por eso insiste en que a casi un cuarto de siglo en la función policial, su balances es positivo.
-La verdad es que yo y mi grupo (en la policía) sí hemos ayudado a hacer justicia, sentimos que podemos caminar con la frente en alto porque mucha gente nos recuerda bien, eso implica que tenemos reconocimiento social.
Lunes Guadalupano
El mediodía del 12 de diciembre de 2011, la vida dio un giro importante para esta mujer de estatura media, tez morena y voz pausada.
En el segundo 00:45 de un video subido a Internet ese lunes, se observa a cuatro personas armadas resguardadas tras un auto tipo Tsuru color blanco y una camioneta tipo Pick Up habilitada como patrulla de la Policía Ministerial.
En primer plano está un hombre delgado de pantalón de mezclilla y camisa cuadrada color azul, su rodilla derecha descansa en el piso de concreto y la otra se coloca hacia el frente.
Tiene un rifle R-15 con la culata resguardada en la axila y el cañón apuntando hacia el piso, es de piel blanca, cabello lacio y bigote abundante.
Su mirada se dirige hacia el sur y oriente de la ciudad, trata de ubicar el origen de los disparos que se escuchan al otro lado de una vialidad tomada por estudiantes de la Normal de Ayotzinapa.
En segundo plano se mira a una mujer de cabello corto, pantalón café y camisa beige de manga corta, sujeta otro R-15 con la mano izquierda, la culata se apoya en el muslo derecho y el cañón mira hacia el cielo, en una inclinación de casi 45 grados.
Es Leticia Pintos Muñoz, quien alrededor de las 12 del día llegó hacia la salida sur de Chilpancingo por el lado del paseo Alejandro Cervantes Delgado, casi a cien metros de un bloqueo carretero realizado por estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, mismo que arrojó el resultado de dos muchachos muerto en el intento de desalojo.
Ella asegura que si bien aparece armada junto con su grupo, al enterarse de que los balazos eran disparados por policías federales y que los manifestantes eran normalistas decidió alejarse del lugar.
-Sí tomamos nuestras armas al principio, pero supimos quienes bloqueaban y entonces decidimos dejar el lugar, hay otras tomas del C-4 en las que aparecemos sin los rifles.
Son tres segundos en los que se puede ver a Leticia armada en los momentos del desalojo, al fondo, al otro lado de la vialidad se mira el anuncio de Petróleos Mexicanos (PEMEX) y el humo gris que sale de sus instalaciones, ella asegura que en ese momento el saldo en muertes ya se había generado.
Al arraigo
Dos días después del desalojo, ante la presión social que el hecho generó en los medios, Leticia y otros cinco policías ministeriales, más seis escoltas de la Policía Preventiva Estatal (PPE) fueron arraigados por su probable participación en el asesinato de los normalistas Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús.
La orden la emitieron sus propios mandos jerárquicos, lo que asume, le genera un profundo sentimiento de desencanto.
-En ese tiempo en el arraigo se nos responsabilizó de todo, nos llevaron ante la SIEDO (Subprocuraduría Especializada en Delincuencia Organizada, dependiente de la Procuraduría General de la República), nos robaron nuestro dinero y nos dieron trato de delincuentes, sin que se hubiera comprobado nada de los que nos acusaban.
Para entonces, el principal mando en la estructura de la PIM, Antonio Valenzuela Díaz estaba por dejar el cargo, ya que su jefe político, Alberto López Rosas renunció el 13 de diciembre, para dedicar a defenderse en los medios de comunicación, culpando de las muertes a la Policía Federal.
Habla poco del arraigo, se limita a decir que durante los días de la retención pudo sentir como sobre ella y sus compañeros cayó todo el desprecio institucional hacia la corporación a que pertenece. No hubo ni una sola señal de solidaridad.
- La verdad me siento defraudada y traicionada por mis propios mandos jerárquicos, porque nos han hecho victimas de daño moral, un fuerte daño social y lo peor es que el gobernador Angel Aguirre Rivero lo permitió.
Asegura que tanto ella como sus compañeros son víctimas de una injusticia y que en medio de los ataques, tienen que pagar su defensa jurídica, lo que no ocurrió con los policías del estado que siempre tuvieron el apoyo moral y económico de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP).
Defraudada
Leticia Pintos asegura que en Chilpancingo y las ciudades en que se ha desempeñado como policía mucha gente la recuerda bien.
En la calle la gente que me recuerda me saluda, yo me siento socialmente reconocida y no es por presumir, pero tengo muchos reconocimientos de la Procuraduría del estado y de PGR.
Refiere que en 2005 estuve colaborando con PGR, atendiendo principalmente casos de violencia intrafamiliar
- Tengo varios cursos de criminología, ya son 23 años de servicios y en ese tiempo han pasado muchas cosas. Sí me siento defraudada pero no de mis compañeros ni de la gente que de alguna manera reclama justicia, estoy decepcionada por nuestros propios mandos jerárquicos, que son los que nos entregaron en manos de la federación para que casi nos declararan culpables sin comprobarnos nada.