París, Francia.- Cécilia y Nicolas Sarkozy, que formaron durante años una mediática pareja de poder, oficializaron hoy su ruptura, poniendo fin a un falso "suspense" que era la comidilla del mundo periodístico y político desde hace unas semanas.
Después de anunciar a primera hora de la tarde, en un comunicado de quince palabras, la separación del matrimonio presidencial tras once años de matrimonio, el Elíseo puntualizó apenas tres horas después que los dos "se han divorciado por consentimiento mutuo".

Sarkozy, que llegó al Elíseo el pasado 16 de mayo, es el primer presidente francés que se separa y divorcia durante su mandato.

El Elíseo no informó sobre las modalidades jurídicas u otras de la ruptura, pero la abogada de la ya ex pareja reveló que un juez "ha pronunciado el divorcio".

"Todo se resolvió según los términos de un convenio de divorcio, que ha sido homologado por un magistrado. No ha habido ningún problema", dijo la letrada en "Europe 1", y agregó que los dos protagonistas arreglaron por consentimiento mutuo "todas las consecuencias de su separación".

El jefe de Estado, de 52 años, y Cécilia, que cumplirá los 50 el próximo 12 de noviembre, tienen un hijo en común, Louis, nacido en 1997, además de dos hijos y dos hijas, respectivamente, nacidos de sus primeros matrimonios.

La confirmación hoy del divorcio pone fin a la situación surrealista que imperaba desde hace dos semanas, con los repetidos "sin comentarios" del portavoz del Elíseo a las preguntas sobre los rumores ensordecedores del inminente anuncio de la ruptura.

Desde el pasado 14 de julio Nicolas y Cécilia Sarkozy no han aparecido juntos en público en Francia.

Los rumores de ruptura eran alimentados por las repetidas y espectaculares ausencias de la más rebelde de las Primeras Damas en actos oficiales desde entonces: no acudió a un almuerzo con los Bush en Estados Unidos en agosto y en octubre tampoco acompañó a su marido a Bulgaria, que quería homenajearla por su papel en la liberación de las enfermeras búlgaras en Libia en julio.

El anuncio oficial hoy, cuando Sarkozy ha viajado a Lisboa para la cumbre europea, se produce en un jueves "negro" en los transportes públicos por la huelga convocada por los sindicatos, en el primer test para Sarkozy y su Gobierno conservador en el ámbito social desde su llegada al poder.

Unidos desde hacía 20 años, casados en 1996 y separados en 2005 -ella vivió una relación extraconyugal con un publicista, con el que fue fotografiada en Nueva York, y él la tuvo con una periodista-, la pareja exhibió su reconciliación ante las cámaras en 2006, cuando se calentaba la campaña de las elecciones presidenciales.

Pero el 6 de mayo Cécilia no votó y apareció finalmente por la noche, con mala cara, en el festejo de victoria.

Diez días después, la biznieta del compositor español Isaac Albeniz protagonizó con los cinco hijos de esa familia recompuesta una entrada digna de estrellas de cine por la alfombra roja del Elíseo para la toma de posesión de su marido.

El beso en la boca que él le dio tras la ceremonia hizo correr mucha tinta, pero la reticencia de la flamante Primera Dama, vestida de Prada, a las muestras de cariño prodigadas era visible.

Cécilia, de la que el jefe de Estado confesó en julio que era "su única preocupación", había dicho en 2005: "¿Convertirme en Primera Dama? Eso me parece un tostón (...) No entro en el molde".

Lo dijo quien acompañó y apoyó a Nicolas Sarkozy en su carrera política y, abiertamente o entre bastidores, ejerció una gran influencia. Se dice que algunos miembros del Gobierno le deben su puesto, y que otros fueron apartados porque ella se oponía.

Un diputado del partido conservador de Sarkozy, muy próximo a la pareja, Patrick Balkany, dijo hoy que la separación era "ineludible" porque ella "ya no deseaba participar en la vida del presidente, la vida pública", y describió al jefe de Estado como "muy sereno".

Isabelle Balkany opinó que Sarkozy está "afectado en lo hondo de su ser" pero el divorcio no tendrá "impacto en su misión".

Otros políticos de derecha se escudaron en el respeto de la "vida privada" para no comentar la ruptura, mientras que desde la oposición de izquierdas abogaron porque se acabe la "pipolización (del inglés "people") de la vida pública".

Los Sarkozy, que quisieron proyectar una imagen al estilo Kennedy en la conquista del poder, rompieron con los hábitos de la política gala al escenificar su unión y mezclar la vida privada y pública.

Hoy, un dirigente de los Verdes ironizó que ahora Francia tiene "un presidente de la ruptura", mientras que un socialista le acusó de utilizar su vida privada como "diversión" en este día de huelgas.