Elaine Morgan
Si nuestro ancestro común fue un mono africano, algo muy extraño debió haber sucedido para que evolucionáramos de una manera tan diferente.
La teoría más sostenida y todavía enseñada en las escuelas y universidades, es que descendimos de los monos de Africa cuando estos decidieron abandonar la jungla para vivir en las planicies abiertas cubiertas de zacates.
Esto significa que las peculiaridades humanas surgieron de las adaptaciones a ese nuevo medio ambiente, seco y cálido.

Pero una nueva teoría (la del mono acuático)sugiere que cuando nuestros ancestros se mudaron a la sabana ya eran diferentes de los monos. Y que la falta de pelo (desnudez), bipedismo, y otras peculiaridades "enigmáticas" de la fisiología humana, son raras en todos los mamíferos de tierra, pero comunes entre los mamíferos acuáticos.

Entre los cientos de primates que todavía viven en la Tierra, únicamente los humanos son desnudos (no tienen pelo).

Y todos los mamíferos no humanos que han perdido su pelaje (o casi todo el pelo) son nadadores, entre ellos las ballenas, los delfines, morsas y manatíes; o son mamíferos que les encanta el agua, como los hipopótamos, los puercos y los tapires.

Y aun los rinocerontes y los elefantes, que se encuentran sobre la tierra desde que Africa se volvió más seca, tienen rasgos de un pasado acuático, por eso aprovechan cada oportunidad de revolcarse en el lodo o en el agua.
Se ha sugerido que los humanos se hicieron desnudos "para evitar el sobrecalentamiento del cuerpo en la sabana".
Sin embargo, ningún otro mamífero ha recurrido a esa estrategia.

En realidad una cubierta de pelo actúa como una defensa en contra del calor del sol. Esta es la razón del por qué aún el camello que vive en el desierto, retiene su pelaje.

La grasa

Los humanos somos por mucho los primates más grasosos. Tenemos 10 veces más células de grasa de lo que se esperaría de un animal de nuestro tamaño.

Existen dos tipos de animales con la tendencia de adquirir grandes depósitos de grasa: los que hibernan y los acuáticos. La grasa de los mamíferos que hibernan va de acuerdo a las estaciones del año; pero en la mayoría de los acuáticos, así como en los humanos, la grasa está presente todo el año.

Ningún depredador con base en tierra puede darse el lujo de hacerse obeso. Nuestra tendencia a engordar es más probable que sea una herencia de una fase acuática presente en nuestra evolución.

La otra manera en que diferimos de los simios es que ellos nunca nacen gordos.

Todos los primates infantes a excepción de los humanos son delgados, ya que las vidas de ellos dependen de la habilidad de aferrarse al pelaje de la madre y de que tengan la capacidad de soportar todo su peso con sus dedos.

Los bebés humanos acumulan grasa aún antes del nacimiento y continúan haciéndose más gordos por varios meses.

Parte de esa grasa es grasa blanca y eso es extremadamente raro en los mamíferos recién nacidos. La grasa blanca no sirve para proporcionar calor ni energía instantáneos. La grasa blanca sirve para el aislamiento del agua y
para otorgar la capacidad de flotar en ella.


El bipedismo

Los seres humanos son los únicos mamíferos que caminan en dos patas (la única otra criatura con una postura perpendicular es un pájaro acuático, el pingüino).

No es de sorprender que el bipedismo sea tan raro. Comparado con correr o cami-nar en cuatro extremidades, tiene muchas desventajas. Es más lento y es inestable; de hecho, es una destreza que toma muchos años aprender (y expone muchos órganos vulnerables durante una pelea).

Sólo una poderosísima presión del medio ambiente nos pudo haber inducido a adoptar una manera de caminar tan compleja.

Una hipótesis solía ser que nuestros ancestros primero desarrollaron un gran cerebro y luego empezaron a hacer herramientas para finalmente caminar en las extremidades traseras y liberar sus manos para portar armas. Sin embargo, ahora sabemos que el bipedismo llegó primero, antes del gran cerebro y antes de la fabricación de armas y herramientas.

La respiración
El sistema respiratorio humano es diferente al de cualquier otro mamífero de hábitos terrestres.

En primer lugar tenemos un control consciente de nuestra respiración, mientras que en la mayoría de los mamíferos terrestes estas acciones son involuntarias, como lo son el latir del corazón o el proceso de la digestión.

El control voluntario de la respiración parece una adaptación acuática debido a que aparte de los humanos, se encuentra únicamente en las focas y los delfines, que son mamíferos del agua.

Además, dado que podemos respirar a través de nuestra boca tan fácilmente como a través de nuestra nariz, esto también parece una adaptación acuática.

Finalmente, hay pájaros que se ven obli-gados a respirar por el pico, pero todos ellos son acuáticos -son los que se lanzan clavados al agua, como los pingüinos y los pelícanos.

(La autora es antropóloga y ha propuesto la teoría del mono acuático).