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Norberto y Sandoval: los cardenales borrados

Opinión
/ 2 octubre 2015
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Cuenta el mesero tapatío que Joseph Ratzinger se sentó en la mesa que hace esquina con el bufet. Habían sido varias jornadas largas de trabajo y, a juzgar por su rostro, estaba cansado, saturado. El mozo guiñó con el cardenal y le ofreció un tequilita "para relajarse". De visita en Jalisco, mucho antes de ser Papa, el prelado sonrió y le pidió una cerveza.

El cardenal Ratzinger volvió a México 15 años después, ya como Benedicto XVI. Su visita arrojó varios saldos políticos dentro de la Iglesia católica mexicana:

El Papa borró a los polémicos cardenales Norberto Rivera Carrera y Juan Sandoval Iñiguez. Como si no hubieran ido. Siendo los más altos y visibles jerarcas en el país nunca los mencionó de nombre, no los sentó a su lado ni les tuvo más deferencia que darles la mano como parte de una fila de 30 personas, entre funcionarios y clérigos mexicanos y vaticanos.

Los otros dos cardenales mexicanos son Javier Lozano Barragán y Francisco Robles Ortega. Lozano, quien fue secretario de Salud en el gabinete de Juan Pablo II y pasó a retiro por edad pero mantiene ciertos cargos en la curia romana, fue incluido en la comitiva papal que voló de Italia a México con Benedicto. Robles Ortega, quien apenas se estrena como cardenal, ha sido más discreto en sus actuaciones y, como quiera, fue ungido cardenal por el actual Papa.

Se ha publicado que entre el Papa y Norberto Rivera no hay buena relación. Que la "mala química" surgió por la dudosa actuación del cardenal primado de México ante el escándalo de pederastia del Padre Marcial Maciel y su incapacidad política para frenar en su arquidiócesis -el DF- las reformas en favor del aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo.

De hecho, en el Vaticano hoy por hoy no hay ningún mexicano que pese. Atrás quedaron los tiempos del "Papa mexicano" cuando tres o cuatro cardenales y obispos eran recibidos y escuchados con frecuencia.

Durante la visita de Benedicto XVI a México, en cambio, lucieron mucho dos obispos que, de entrada, fueron los únicos mencionados por nombre. En primer lugar, el anfitrión José Guadalupe Martín Rábago, tapatío, arzobispo de León, 76 años de edad, quien siguiendo la tradición institucional con los prelados que encabezan las diócesis que visita el máximo jerarca católico, estuvo al lado del Papa prácticamente cada minuto de sus apariciones públicas: desde la misa hasta los recorridos en el papamóvil.

El otro fue el arzobispo de Tlalnepantla, nayarita de 62 años, Carlos Aguiar Retes, quien en su calidad de presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y del Consejo Episcopal Latinoamericano (líder, pues, de los obispos mexicanos y latinoamericanos) fue figura central junto al Papa en los actos de bienvenida, despedida y la ceremonia eclesiástica del domingo por la tarde.

Saciamorbos.

Falta cardenal en Monterrey. Por edad, Martín Rábago está descartado, pero suenan Aguiar Retes, su vicepresidente Rogelio Cabrera (arzobispo de Tuxtla) o algún obispo norteño.

carlosloret@yahoo.com.mx




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