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Raúl Vera, un obispo anómalo y original

Opinión
/ 2 octubre 2015
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Don Raúl Vera cumple 25 años de obispo. Cuando llegó a Saltillo mucha gente lo despreció: el moralismo saltillense no podía aceptar a un pastor que ocupara su tiempo en otra actividad que el rezo, la liturgia, la predicación. Eso de que tomó partido por unas prostitutas violadas por soldados cayó como gota de agua en sartén de aceite ardiendo. ¿Por unas pecadoras y contra la autoridad constituida? En efecto. Para cristianos que no han leído el Evangelio pudo haber sido piedra de escándalo. Cristo fue acusado de andar con prostitutas y publicanos. "El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra", y todos soltaron los peñascos que traían en las manos.

Otro episodio: Muere el Papa que había ocultado los nefandos extravíos del padre Marcial Maciel. Apenas toma el poder Benedicto XVI y lo sanciona: ¡no celebre sacramentos, no predique, retírese! Don Raúl no se sumó al escándalo, pero declaró públicamente que en su diócesis cualquier acto de pederastia tendría como destino el Ministerio Público. Disparaba sus dardos hacia adentro de la Iglesia. Pero en vez de fustigar a los legionarios de Saltillo (del Cumbres)  tuvo para con ellos relaciones solidarias. Su fundador era el perverso, no todos los demás (si no hay pruebas).

Vino el terrible accidente de Pasta de Conchos, que dejó 65 muertos. El lugar está fuera de la circunscripción de la diócesis saltillense, pero el obispo acompañó a las viudas y continuó viendo por ellas en los años subsiguientes.

No fue bien visto, repito, por muchos de los ricos de la ciudad sede, aunque hay que decir que dos de los más grandes, Emilio Arizpe e Isidro López, no sólo no lo rechazaron sino que cooperaron en no pocos proyectos diocesanos. Humberto Moreira, por el contrario, mantuvo un encono permanente contra Raúl Vera. Éste no participó en su faraónica boda que tuvo lugar en la Misión de San Bernardo, tampoco bautizó a sus hijos: Moreira contrató (esta es la palabra correcta) al cardenal Norberto Rivera Carrera. ¿Cardenal es más que obispo? No. Cristo jamás creó cardenales. El cardenalato se inventó en uno de los peores siglos de la Iglesia cuando algunos obispos eran realmente señores feudales; éstos compraban el cardenalato. Por ejemplo, pagó en 1517 el obispo de Magdeburgo 23 mil ducados por el puesto (han de disculpar mis desviaciones de historiador).

¿Es Raúl Vera un obispo hablantín, ocurrente, chistoso y  estridente?, creo que sí, pero también firme, solidario, empeñoso, fustigador, generoso, profético y justo. En la balanza pesan mucho más sus cualidades que esos "defectos" que son, más bien, cuestiones de cultura, costumbres familiares o formas del carácter. Dicho de otro modo, su actitud es la que puede acercarse más al modelo que parece obligado: Jesucristo. Éste no se hizo el desentendido cuando tenía frente a sí cuestiones espinosas y equívocas sino, que actuó aún si la gente en el poder, los jerarcas del lugar y el poder político y económico, se molestaban. 

Una cuestión inesperada entre la jerarquía católica mexicana fue el otorgamiento de un premio internacional por su defensa de los derechos humanos de los migrantes. Los daneses vieron desde lejos cosas que algunos despistados que viven en Saltillo se niegan a ver. Además, Raúl Vera figuró entre los candidatos a recibir el Premio Nobel de la Paz. No es poca cosa que lo nombren aunque no se lo entreguen. Yo desconfío mucho de ese premio porque se lo otorgaron al carnicero de Vietnam Henri Kissinger y luego a otros que no lo merecen. Hay que reconocer que lo han otorgado a luchadores del más alto nivel moral. Ojalá se lo den, sería un lujo para Saltillo.

Algunas actitudes de don Raúl han escandalizado, como el crear una  pastoral penitenciaria y otra para los homosexuales; porque se ocupa desde el púlpito de problemas sociales. ¿Qué esperaban?, tal vez quieren algunos que saque el rosario para alentar a las mujeres humilladas.

El título de este artículo menciona lo anómalo y lo original. Debo justificar ambos términos. Es anómalo porque es difícil o casi imposible encontrar un obispo que se plante frente a los sucesos y tenga una opinión, comentario o condena. Anómalo puesto que se destaca como un ser que se compromete con el mundo en vez de hacerlo con el más allá (esto resultaría muy cómodo). Original porque Raúl Vera es cristiano. Y no hay muchos.    

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