Explotó el trinquete inmobiliario

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Opinión
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90% de los créditos otorgados a las desarrolladoras que "reventaron" habían venido del sector público, que sospechosamente no cuidó ni protegió los intereses de la población

Los trinquetes inmobiliarios de los últimos años hundieron a los Estados Unidos y a Europa en una recesión profunda y sin paralelo, mientras en México todo mundo creía que esa pulmonía se iba a quedar sólo en un "catarrito" local, hasta que, como siempre, nos tronó el cohete que gobiernos, financieros y empresarios habían estado tapando, y que ya no se pudo sostener cuando las cuatro "desarrolladoras inmobiliarias" más conocidas tuvieron que evidenciar su quiebra, provocando que las instituciones financieras internacionales como el Deutsche Bank, Barclays y GE Capital se apresuraran a demandar el pago de sus créditos para no quedar a la cola de los damnificados.

Frente a esa impactante noticia, la opinión pública y las buenas conciencias han quedado atónitas, ya que la joya más preciada de la economía zedillista, foxista y calderonista, que mantuvo en buena parte el producto interno, y sobre todo el empleo, resultó un mayúsculo fracaso, ya que una proporción fundamental de su auge se había construido sobre una enorme pirámide de trinquetes, irresponsabilidades, falta de planeación y como amalgama fundamental de ese lodazal, la sacrosanta corrupción, que se exhibió de la siguiente manera:

1)90% de los créditos otorgados a las desarrolladoras que "reventaron" habían venido del sector público, que sospechosamente no cuidó ni protegió los intereses de la población y de la economía nacional.

2) Para que "la gran transa" se pudiera dar las "desarrolladoras", con la bendición del gobierno y de los grandes bancos, adquirieron eriales, pantanos, desiertos y tierras sin valor alguno, que se hallaban en la mitad de "la nada" y lejos de todo, pero que se podían comprar regaladas para así establecer la mayor parte de sus "reservas territoriales" con las que financiaron el mega fraude.
3) Para consolidar la transa, construyeron unos palomares y algunas minicuevas con materiales ínfimos, lo que provocó su inmediato deterioro, mostrando en toda su crudeza la inmoralidad de autoridades y empresarios.

4) La ubicación de muchas "unidades habitacionales" fue verdaderamente absurda e irresponsable, ya que las construyeron a gran distancia de los centros de trabajo, de las zonas comerciales, de los medios de transporte y de la mínima seguridad, si es que existe alguna.

5) Los derechohabientes que recibieron toda esa basura la ocuparon precariamente y muy pronto la rechazaron, dejando de pagar sus créditos, quedando abandonadas alrededor de 5 millones de viviendas en todo el país.

6) En esas circunstancias la liquidez y los créditos empezaron a escasear, y la incapacidad de seguir inflando esa "pirámide" fraudulenta se reflejó en la multiplicación de carteras vencidas y en la imposibilidad de pagar los créditos adquiridos por dichas empresas.

7) Como consecuencia de todo ello las cuatro principales "desarrolladoras" -Homex, Geo, Sare y Urbi- perdieron entre 75 y 90% de su capital y se declararon en suspensión de pagos, mientras cerraban cerca de 500 constructoras más pequeñas; en cambio los industriales del ramo que no habían entrado en ese trinquete se salvaron, como fueron los casos de ICA y Ruba, lo cual ratifica que el desastre no se dio por exceso de oferta o por falta de demanda, ya que existe un déficit de más de 9 millones de unidades en el país.

Mientras tanto, y como resultado de esta debacle, han quedado abandonadas viviendas en Baja California, Edomex, Jalisco, Chihuahua, Nuevo León y otros estados, mientras los empresarios claman por un nuevo Fobaproa, para que todos los mexicanos paguemos este fraude monumental, como lo hemos venido haciendo durante 18 años con la banca extranjera en México.

En esta ocasión eso no va a ocurrir porque el gobierno está muy constreñido económicamente y porque las constructoras quebradas no son extranjeras, así que éstas tendrán que minimizarse o desaparecer del mercado, con su caudal de deudas y fraudes, mientras el gobierno habrá de echarle tierra al asunto, y la industria de la construcción -que es la más grande generadora de mano de obra- tendrá que sufrir un grave daño que se reflejará en centenas de miles de obreros del rubro que se están quedando sin trabajo; propiciando todo ello una contracción alarmante en el crecimiento general de la economía nacional, como consecuencia de este nuevo trinquete que se viene a sumar al caudal infinito de la corrupción, que tiene mil caras pero una sola esencia.

Alejandro Gertz Manero
editorial2003@terra.com.mx

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