El PAN en su laberinto
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No es la primera vez que el PAN enfrenta una crisis interna, pero probablemente la que ahora atraviesa es más intensa que en otras anteriores
Y es que nunca antes se había dado la situación en que, tras detentar el poder por doce años, fuera enviado al tercer lugar en la elección presidencial en medio de fuertes divisiones. Felipe Calderón no le perdonó a Josefina Vázquez haber ganado en buena lid a su candidato, Ernesto Cordero. Pero ésta no sólo es una crisis derivada de la pugna por el partido o por diferencias en cuanto a la estrategia a seguir; la fractura no es consecuencia del Pacto por México, sino que éste es utilizado dentro de la pugna previa. Se trata también de una crisis moral y de identidad, al quedar claro al conjunto de la ciudadanía que uno era el PAN que desde la oposición enarboló el estandarte de la democracia y el combate a la corrupción, y otro muy distinto el que habiendo llegado al poder, guardó esos principios históricos en el arcón de los recuerdos e incurrió en los mismos vicios que condenó en el PRI por seis décadas. Es decir, aquello que lo distinguía de los otros partidos en términos de compromiso democrático, quedó sin sustento ni fundamento en su práctica gubernamental. Su tradicional y potente discurso democrático ha quedado vacío de realidad y sustancia. El partido resultó ser lo contrario de lo que por décadas dijo que era. Los panistas pueden seguir apelando a esos valores y condenar con dedo flamígero a otros partidos por su falta de democracia o sus prácticas de corrupción e impunidad, pero son ya pocos los que dan crédito y toman en serio tales proclamas.
Por otro lado, probablemente quedó también claro al grueso del electorado que el PAN muestra mejor desempeño en la oposición que en el gobierno. Desde la oposición, el PAN contribuyó a generar contrapesos, y sus cuadros desarrollaron una práctica y experiencia legislativa respetable. Pero desde el gobierno los panistas mostraron inexperiencia e ineficacia dignas de aficionados, que no fueron compensadas con una forma más honesta de hacer política. De ahí que la mayoría de los electores haya considerado el saldo del panismo como negativo. Y esto no fue sólo con el gobierno de Felipe Calderón; ocurrió desde el sexenio de Vicente Fox, como se reflejó en la caída espectacular del PAN en la elección intermedia de 2003 (pese a que los panistas calculaban que obtendrían mayoría absoluta en la Cámara Baja). Y también se vio en las tendencias electorales de 2006, cuando el PAN arrancó en tercer lugar. Fueron sobre todo los errores de sus adversarios lo que le permitió al PAN mantener la presidencia en 2006. Por un lado, el PRI resolvió su nominación de candidato a sangre y fuego, lo cual lo envió al tercer sitio. Y a tres meses de la elección, López Obrador se dio por ganador imbatible y descuidó los más elementales principios de una campaña electoral, perdiendo por ello al menos diez puntos porcentuales. Y si bien en actas oficiales no quedó claro quién ganó, de haber mantenido su ventaja López Obrador (actuando con prudencia e inteligencia), nadie le habría podido arrebatar la presidencia.
La actual confrontación entre Gustavo Madero y los calderonistas pone aún en mayor debilidad al PAN. Madero tiene la facultad de nombrar y remover a los coordinadores legislativos por sí mismo, pero lo manejó mal; debió anunciar una decisión ya tomada, en lugar de ofrecer primero una consulta con los senadores -a lo que los estatutos no lo obligan- y luego tomar la decisión sin la dicha consulta. Dicen los calderonistas que es inoportuna la decisión, pero fue la respuesta al anuncio de una reforma política del Senado por fuera del Pacto; una provocación de insubordinación, dirían los maderistas.
Pero los senadores panistas pueden seguir votando como gusten; su legitimidad proviene menos del partido que del voto popular. Y siendo mayoría quienes respaldan a Cordero, puede decirse que si bien su destitución ha sido legal, difícilmente será considerada como legítima por el grueso de senadores panistas. Y eso hace previsible que el nuevo coordinador de la bancada no pueda mantener la dirección y disciplina de sus compañeros, lo que redundará en mayor debilidad del partido en su capacidad negociadora, y por cierto, vuelve a poner en riesgo la viabilidad del Pacto, pues los senadores del PAN y PRD parecen haber decidido irse por la libre. De no superar adecuadamente esta nueva crisis interna, el PAN puede convertirse en peso muerto durante este sexenio.
Por José Antonio Crespo
cres5501@hotmail.com