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La resistencia de los obispos mexicanos ante el papa Francisco

Opinión
/ 2 octubre 2015

    Mientras el papa Francisco cubría su agenda enBrasil en medio de millones de jóvenes, el cardenal mexicano Norberto RiveraCarrera, muy confortable, degustaba costosos vinos en el pueblo gallego deAvión, España.

    Mientras el Papa demandaba en Río de Janeiro a losobispos latinoamericanos abandonar la psicología de príncipes y avocarse a latarea pastoral con el pueblo, el prelado mexicano jugaba dominó y compartíamanjares con grandes magnates como Carlos Slim, Olegario Vázquez Raña, MiguelAlemán y el acaudalado español, Amancio Ortega.

    Así lo atestiguaron las fotos mostradas por larevista Proceso. Peor aún, el cardenal Rivera, semanas, antes en lamisa cuaresmal había planteado a su clero, que el papa quiere que noscomprometamos con los más pobres. ¿Se trata de una revolución? No (tampoco) setrata de asumir poses y menos aún de fingimientos, sino de vivir con amor,sencillez y autenticidad. Este ejemplo discordante, entre muchos otros,muestra que la Iglesia mexicana debe superar inercias frente a los nuevosordenamientos de renovación que envía Francisco.

    Estas inercias van más allá del uso de autoslujosos, anillos y ostentaciones de esas que les encanta hacer gala a algunosmiembros encumbrados de la jerarquía católica, hay que decirlo: existen obisposopulentos. El problema es más de fondo y apunta a la identidad religiosa de laIglesia, en la que existe actualmente una fuerte tensión entre la misión y lainstitución.

    La sorpresiva e inesperada presencia del papaFrancisco en la conducción de la Iglesia católica en 2013 ha consignadonumerosas novedades para una institución en crisis, fracturada al más altonivel de su conducción en Roma y fuertemente desacreditada por los escándalosde pederastia que minaron su capital moral a nivel planetario.

    La irrupción de Bergoglio ha aportado una ciertareconciliación con los medios a nivel mundial, esto ha mitigado la presiónmundial que pesaba sobre la Iglesia. Pero Francisco representa, de maneraespecial, una esperanza de reformas profundas en la vida y la práctica de la fede la Iglesia. En el fondo, Bergoglio no está haciendo más que retomar lasorientaciones del Concilio Vaticano II que fueron soterradas por los dosúltimos pontificados.

    La revolución pastoral de Francisco es, a finalde cuentas, una provocación a la capacidad de la Iglesia de dialogar con mayorfranqueza y profundidad con la cultura contemporánea. Sin embargo, tiene unaimportante limitación: son cambios que vienen de arriba hacia abajo. Enfrentainercias, identidades cosificadas y conductas viciadas de una Iglesiaencapsulada en su historia y su doctrina como refugio. Francisco enfrentaactitudes de una Iglesia clericalmente imperial, renuente a cambios.

    Dicho de otra manera, si las propuestas deFrancisco, ampliamente difundidas por los medios, no se operan en el terreno delas Iglesias locales, de nada servirán. Por ello, es importante, a casi un añode su pontificado, repasar cómo está incidiendo el conjunto de propuestas,ofertas y nuevo estado de ánimo que presenta el Papa argentino en las Iglesiaslocales y qué tipo de recepción están haciendo no sólo los episcopados, sino elconjunto de la estructura local que incluye a religiosos y a laicos.

    En el caso de la Iglesia mexicana, en especial delos obispos, se percibe que la intrusión de Francisco ha provocado una sacudiday hasta agitación a un gastado discurso de condenas y confrontaciones de lamoral social.

    La oferta de Francisco pone en evidencia laincapacidad de los obispos mexicanos para hacer propias las propuestas derenovación que, con entusiasmo, ha puesto el Papa sobre la mesa. El discurso, ysobre todo la actitud, que Francisco ha venido aportando convulsionan lapostura intransigente de las cabezas más visibles del episcopado mexicano.

    Qué notable diferencia de posturas, del mariconescon el que hace muy poco el cardenal y anterior arzobispo de Guadalajara, JuanSandoval, calificaba a los homosexuales, con todo el desprecio cultural de unaporción machista de la sociedad mexicana, al Quién soy yo para juzgar delpapa Francisco.

    Esta imagen de prepotencia excluyente y dolosa delhosco cardenal de Guadalajara contrasta con la apertura y delicadeza con la queaborda el pontífice jesuita el mismo tema sin apartarse de la doctrinatradicional. Tampoco el perfil de los obispos mexicanos ayuda mucho. La mayorparte fueron elegidos para ser sumisos y obedientes a las instrucciones deRoma, ¿cómo pedirles ahora que sean protagonistas? El libro De la brecha alabismo.

    Los obispos católicos ante la feligresía enMéxico, trabajo colectivo y de investigación coordinado por Evelyn Aldaz,muestra los principales rasgos de los obispos mexicanos que son: a) haberentrado al seminario casi niños; b) una formación eclesiástica clericalmediocre, muy pocos obispos poseen una formación en alguna universidad seculary c) el perfil general del episcopado no es pastoral, más bien está orientadohacia cuestiones administrativas y de vínculos políticos.

    Fruto de una exhaustiva investigaciónhemerográfica, ese libro muestra también que el principal interlocutor de losobispos es el Estado, es decir, el poder político y económico. El episcopadoviene arrastrando una inercia de empirismo político desde las reformasconstitucionales de 1991, año del reconocimiento jurídico ante el Estado.

    Tanto sus reivindicaciones, demandas y agenda sondeterminadas ante el Estado y los poderes fácticos, no ante la sociedad. Pocasveces los obispos han intentado movilizar a su feligresía porque su capacidadde convocatoria como recurso de presión social es limitada.

    La mayor resistencia a los cambios que pideFrancisco es que los obispos mexicanos sigan haciendo lo mismo. No todos losobispos quedan a la expectativa, Felipe Arizmendi, de Chiapas, renueva susaspiraciones por la ordenación de diáconos indígenas y Raúl Vera, de Saltillo,al norte del país, tiene mayores espacios de maniobra pues se coloca como elprelado más cercano en planteamientos y práctica a Francisco. Pero la tónicageneral es de letargo y de una cierta displicencia.

    El nuncio Christophe Pierre, quien después de seisaños se ha convertido en un polo de poder, en la última conferencia general delos obispos en noviembre de 2013, reconoce retrasos en la conversión pastoralque propone el Papa y centra su reflexión en la figura del obispo, conafirmaciones fuertes que pueden ser leídas como severos cuestionamientos a losestilos de vida de muchos obispos.

    Leamos sólo algunas expresiones: El estilo deservicio del obispo al rebaño debería –dice el papa Francisco-, caracterizarsepor la humildad, y también por la austeridad y la esencialidad. Por favor. Noseamos hombres con la 'psicología de príncipes'. Hombres ambiciosos, que sonesposos de esta Iglesia, pero viven en espera de otra más bella o más rica.¡Esto es un escándalo!.. ¿Existe un 'adulterio espiritual'? No sé, piénseloustedes. El anuncio de la fe pide conformar la vida con lo que se enseña. Esuna pregunta para hacernos cada día: ¿lo que vivo corresponde con lo que enseño?...Todos -¡todos, no sólo algunos!-, estamos llamados a ser pobres, a despojarnosde nosotros mismos; y por esto debemos aprender a estar con los pobres,compartir con quien carece de lo necesario, tocar la carne de Cristo. Elcristiano no es uno que se llena la boca con los pobres, ¡no! Es uno que lesencuentra, que les mira a los ojos, que les toca..

    Los obispos parecen tener temor de cuestionar algobierno, de romper con sus aliados en el poder y se han mantenido tibios antefenómenos como la violencia, la migración, la trata, el respeto a los derechoshumanos, Michoacán, etcétera.

    Ni siquiera han sido firmes con las bajas propiasque la Iglesia ha padecido en los últimos años. De acuerdo con el CentroCatólico Multimedial durante los últimos 18 años han sido asesinados en el país24 sacerdotes, siendo el sexenio de Felipe Calderón (2000-2006) el máspeligroso para ejercer la vocación religiosa, pues ocurrieron 12 ejecuciones depresbíteros.  Pocos saben que después deser periodista, en este país ser sacerdote es altamente peligroso.

    Recientemente fue presentada una investigaciónsobre las creencias de los mexicanos. La empresa Ipsos Bimsa fue la responsablede ejecutar la megaencuesta con fecha de levantamiento del 24 de agosto al 26de septiembre de 2013 y que fue patrocinada por el Instituto de Doctrina Socialde la Iglesia (INDOSOC), que es una agrupación de católicos que goza de toda laconfianza de los obispos que desde hace varios años utiliza las encuestas yestudios para situar la fe de los mexicanos y apoyar a la jerarquía en susdecisiones.

    Los resultados son contrastantes pues se coloca ala Iglesia como una de las instituciones más confiables del país. Y dentro deella, las religiosas son las mejores evaluadas y los obispos los peores; sóloel 19% de los encuestados aprueba que la Iglesia influya en políticas públicasy sólo el 20% aprueba que la Iglesia se exprese o incida en la política. Y 20 %de los encuestados no quiso opinar sobre el aporte social de la Iglesia,mientras que el 28 % de plano consideró que no existe ningún aporte.

    La jerarquía mexicana está desconcertada ante laspropuestas de reformas que hace el papa Francisco. No sabe qué hacer. Reinacierta pasividad y su silencio estructural indica que teme a los cambios.Algunos obispos están expectantes, otros, no coinciden con Francisco perotampoco hacen pública su disconformidad. Todos de dientes para afueracelebran con sigilo y superficialidad el nuevo discurso del Papa, sin embargo,las inercias se imponen.

    A diferencia de Brasil, es preocupante la pasividadde los obispos, pues México, es el segundo país con el mayor número decatólicos en el mundo. La parálisis no puede durar.

    El escenario invita a que laicos, organizacionessociales de inspiración católica, sacerdotes y congregaciones religiosashistóricas en el país irrumpan y saquen del letargo a su jerarquía paralizada. 

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