El encanto de Parras de la Fuente

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Opinión
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A la familia Falcón Vásquez

Paseo de las nubes. El continuo movimiento no es tan sólo a causa del vehículo que circula la carretera libre de Saltillo a Torreón. Hay suficiente viento que las anima y, como siempre, vuelve la alegría de los niños al desplazarse de un sitio a otro formando figuras que siguen siendo las tradicionales: elefante, avión, un perro, un borrego

En el camino a Parras de la Fuente se advierte la reciente presencia de fuertes lluvias. El paisaje, tan del semidesierto, apunta sin embargo el verdor que brindan gobernadoras, albardas, y hasta palmas florecidas.

Las lluvias de los últimos días han dejado encharcamientos a lo largo del camino. Uno de los acompañantes en este viaje al Parras mágico señala que las aguas, así, de este modo, no ayudarán en un tipo de sembradío especial. No alcanzo a escuchar a cuál se refiere, pues de inmediato pasa a referir, con alarma en la voz, cómo estas aguas se han llevado una vía completa. Miren hacia allá, arrasó con todo. Observamos cómo una enorme avenida que cruza perpendicularmente la carretera por la cual transitamos, en efecto, devastó un camino que se vislumbra no lejos de nuestro paso.

A la distancia, un caserío. En él, la almohadita rosa en forma de estrella de una niña, colgada en el tendedero de un hogar que queda justo en medio del color café-lodo de los charcos. Paisaje del cual brotan nopales y más albardas, y más gobernadoras. Un poco más allá, dos figuras humanas, una jovencita acompañada de un niño: van de la mano, en actitud solemne. Caminan. Se dirigen hacia un horizonte donde lo único visible sigue siendo el paisaje que entre lodoso y verde apunta para dar un día magnífico, colmado de sol.

Parras de la Fuente abre sus brazos de verde nogal. El nivel de agua no ha bajado, explica un joven de Turismo, sigue siendo el mismo alto de siempre, y la gente toma de la acequia que pasa frente a sus casas del agua que necesita para el uso diario, pero para tomar solo la de los ojitos. Muy buena.

El visitante comprueba la pureza  del agua, su calidad de cristalina; viaja aún por el acueducto de años de antigüedad. Una población que hace honor a su categoría de Pueblo Mágico: al encanto de sus antiguas edificaciones y la seguridad con que se puede andar en ella; se observa el constante mantenimiento. Así, con la arquitectura religiosa, que en esta parte de Coahuila es especialmente interesante.

Varios relojes en edificios civiles y religiosos. No muestran uniformemente la hora exacta, y por ello mismo ofrecen una idea romántica del tiempo. Aquí no parece importar que transcurra con la perentoriedad de las grandes ciudades. El tiempo camina como debe caminar: moroso, indiferente, displicente. Gracias a esto, encantador. No es idea del visitante, los propios habitantes así mismo lo viven. En un contacto con lo natural que les viene naturalmente.

Aquí se dan, con la gracia y el cuidado de sus felices poseedores: aguacate, mandarina, nuez, nuez, y más nuez, guayaba, níspero, uva, uva, y más uva, así como un hermoso y excéntrico árbol cuyo fruto pareciera ofrecer reminiscencias orientales: el parsimonio.

Plantas y árboles frutales para todas las épocas del año: desde los cempasúchils para noviembre; los aguacates en verano; los duraznos en primavera y las mandarinas para el invierno.

Verde perenne en este privilegiado punto de Coahuila. Por estos días, la cosecha de la uva y con ella la celebración de una de las fiestas máximas de Parras de la Fuente. La fiesta de San Lorenzo, a la que arriban cientos de visitantes de todos los puntos de México, como también lo hacen durante Semana Santa y en la época de Bendición de los Cascos, de los motociclistas, en los primeros meses del año.

Esta parte entrañable de Coahuila, donde el encuentro de tan distintos mundos ha lugar. Donde la naturaleza pareciera permanentemente igual a sí misma de aquí y ahora hasta siempre. Altísimos nogales de generoso fruto y sombra, hermanados con esos viñedos que se estacionaron aquí un día y, también, para siempre.




María C. Recio es una de las voces más influyentes en la crónica contemporánea de Coahuila. Su trabajo se caracteriza por el rescate de la memoria colectiva, combinando la investigación histórica con la narrativa literaria. Se ha especializado en el género de la entrevista y la crónica urbana.

Periodista, escritora y cronista con más de 30 años de trayectoria.

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