Agenda educativa (2)

Opinión
/ 14 octubre 2021

Amplia respuesta e inmediata, fue lo que detonó esta saga de textos perfilados sobre educación, cultura y sociedad. Gracias por leerme. Escribo estas líneas en domingo. Específicamente 10 de octubre. Habitamos un verano perpetuo. La temperatura está oscilando entre los 34 y 35 grados. Es octubre, no hay ni un rabo de nube y las temperaturas para nosotros los norteños, son infernales. Sencillamente intolerables. Es aquella vieja teoría de los climas y los humores que ha sido arrastrada a lo largo de la historia de la humanidad; incluso, el gran Emanuel Kant lo dijo así, lo parafraseo, no tengo la cita exacta, no la tengo completa en mi pálida memoria: nadie que quiera escribir un buen poema o diseñar un aparato filosófico bien estructurado, lo puede hacer a mayor temperatura de 28/30 grados.

Con el calor del trópico se engendran pensamientos como el ocio, la disipación, el ver cuerpos sudorosos, todo aparejado con generosas libaciones de tragos de alcohol y claro, no se puede concentra uno en la polución de sus ideas por horas, que es lo que requiere el estudio y redacción dilatada de un poema o un artículo. El calor sofoca, asfixia, no da tregua y uno no se puede concentrar por horas en estudiar ni redactar. ¿Qué traen aparejados el fervor demencial del verano y las tórridas olas de calor? Desde siempre, los poetas lo saben. Somónides de Amorgos (Siglo VII a. de C) dice que traen “...sin número de plagas e inenarrables desgracias...”.

Para otro poeta, el Nobel Octavio Paz, el insano y demencial calor y la sequía florecen donde no hay agua... “sólo sangre, sólo hay polvo, sólo pisadas de pies desnudos sobre la espina,/ sólo andrajos y comida de insectos y sopor bajo el mediodía impío como un cacique de oro.” El sol jurado: un cacique de oro. Escribo estas líneas el domingo 10 de octubre y afuera hay un sol, un cacique de oro de 35 grados. Sí, habitamos un verano perpetuo. No hay tregua ni reposo alguno. ¿Ir a las aulas de manera presencial así, todo el año? En caso de volver, claro.

Varios textos aquí publicados en las diversas aristas de mi escritura, han sido bien replicados por usted. Lo agradezco de corazón, palabra y pensamiento. ¿Qué hacer con la educación de los infantes y de los jóvenes? No lo sé. Para mí y en honor a la verdad porque usted lo sabe que soy catastrofista y pesimista, esto ya se jodió. No hay motivo alguno para mandarlos a las aulas, cuando todo el mundo está a su alcance a un clic de distancia en eso llamado celulares “inteligentes.” Hay celulares “inteligentes”, algoritmos “inteligentes” que saben lo que usted necesita de la red de Internet; hay refrigeradores “inteligentes”, hay televisores “inteligentes.” Ya todo es “inteligente”... menos los humanos.

Los héroes de los jóvenes de hoy (“millennials”, como se autodenominan ellos, da igual y es intrascendente), ya nos son los héroes de siempre. El de los pies veloces que volaba, Aquiles, para ellos es un vejestorio. David, el bíblico y armado con el escudo y protección de Jehová y su honda, es hoy un triste tributo al olvido. ¿Beowulf? Aquel guerrero mítico, protagonista de las sagas y epopeyas anglosajonas. Nada, es un trabalenguas, sólo eso.

ESQUINA-BAJAN

Los jóvenes no saben de héroes antiguos. Incluso, ni saben de los héroes de ayer. Los muchachos de hoy tienen a sus héroes en adolescentes millonarios que no van jamás a la escuela: Bill Gates, Mark Zuckerberg, Justin Bieber, Ariana Grande, Danna Paola, Macaulay Culkin, Britney Spears... En esta sociedad donde se premia y se enamora a través de las imágenes artificiales de Instagram, ser viejo (mayor de 30 años), sirve para poco o para nada.

Punto uno: el dilema es antiguo. Siempre ha estado presente: ¿debe preparar la escuela en sus diversos estratos a ciudadanos libres o bien, sólo se debe enfocar en adoctrinar a ciudadanos que cumplan con un mínimo paquete de estudios y papel en mano se incorporen como obreros al mercado laboral? ¿Qué se debe de fomentar en las universidades: la individualidad de los alumnos y su libertad que tanto trabajo nos ha costado conseguir o bien, fomentar su cohesión y ponerlos en una comunidad donde todos piensan igual?

Punto dos: “En demasiadas ocasiones, los padres no educan para ayudar a crecer al hijo sino para satisfacerse modelándolo a la imagen y semejanza de lo que ellos quisieran haber sido, compensado así carencias y frustraciones propias”. El anterior y aleccionador fragmento, es del filósofo ibérico Fernando Savater en su libro “El valor de educar”. Hay varias ediciones de este libro, una de ellas con un tiro ingente (100 mil ejemplares), los cuales se les regalaron a los maestros del SNTE de la entonces poderosa Elba Esther Gordillo (lo sigue siendo).

Punto tres: como siempre, ha sido VANGUARDIA en voz de su equipo de reporteros que han dado las voces de alarma con sus datos y textos. Armando Ríos ha publicado los números del espanto: según la UNICEF, 166 millones de niños y jóvenes en todo el mundo tienen problemas diagnosticados de depresión, ansiedad y estrés. Caray, aguantan poco. ¿Entonces para qué sirve tener el mundo a un clic de distancia en su pantalla plana e “inteligente”? Leamos lo que dijo Michael Levitt (Nobel de Química 2013): “El daño ocasionado por el confinamiento será mucho mayor que cualquier daño de la COVID-19 que se haya evitado”.

LETRAS MINÚSCULAS

Habitamos un verano perpetuo. Es octubre y estamos a 35 grados con un sol preñado de pánico. “Esta úlcera incurable a toda la ciudad vino...” Solón de Atenas.