Agenda educativa (3)

Opinión
/ 18 octubre 2021
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Ser libre. ¿Usted es libre, señor lector?, ¿los jóvenes y niños son libres?, ¿conocen y saben de este concepto tan etéreo como perdidizo puede ser en el tráfago de la existencia? ¿Los jóvenes hoy pelean y luchan diario por la libertad? Georg Hegel apuntaba: “ser libre no es nada, devenir libre lo es todo”. No nacemos libres, la libertad se consigue, se lucha por ella diario. ¿Nuestros jóvenes al educarse lo saben? ¿Los maestros lo saben? La libertad es liberarse. Liberarse de la ignorancia, de los miedos, del determinismo darwiniano (jodido naciste, jodido te quedas), liberarse de los apetitos primitivos y primarios y ascender y buscar eso llamado libertad. La ansiada libertad.

Leo al filósofo (Fernando Savater) que dejó de escribir porque se le murió su musa (Pelo Cohete, a la cual le dedicó un libro póstumo, amoroso y adolorido, como canción de José Alfredo Jiménez): “cuanto más pequeños somos, más estamos esclavizados por aquello sin lo que no podríamos sobrevivir”. En lenguaje cristiano es: quítale a un muchacho su celular “inteligente”, su conexión a internet y se verá disminuido, apendejado, vació, solo y en soledad. Llegará incluso al suicidio. Tan pequeños y frágiles son hoy en día. Es la llamada “Generación de cristal”.

¿Ir a la escuela a clases “presenciales”? No lo sé. Soy un amargado y mi opinión siempre es desfavorable. ¿Cómo para qué? El gran Jorge Luis Borges comentó en alguna entrevista que en la Argentina se había pasado de la enseñanza del latín y griego en las aulas, a la enseñanza del inglés. Luego de eso, se pasó a la ignorancia. El filósofo sobre el cual está construida nuestra modernidad intelectual, Immanuel Kant, indicó alguna vez que una de las primeras enseñanzas y raíz fundamental de la escuela, es que los niños permanezcan sentados en sus pupitres por tantas y tantas horas.

Bien. Pero hoy los niños y adolescentes están entregados a los goces pasivos no de la televisión (no idiota, sino a estas alturas, televisión inteligente, puf), no, hoy de día y de noche están acostados, sentados, despatarrados, pero siempre con celular “inteligente” en mano. Una especie de enfermedad a la cual hoy llamo “sedentarismo digital”. ¿Para qué cambiar si es lo que hacen la “influencer” Mariana Rodríguez y su esposo, el gobernador virtual de Nuevo León, Samuel García, quienes lo mismo comen pizza que se les ven los calzones al hacerlo; vaya, para qué cambiar si así llegaron a la gubernatura ambos dos? Los jóvenes los ven y los imitan. Vaya, por eso ella es “influencer”, lo que eso signifique. Por eso tiene 1.9 millones de autómatas siguiendo sus cuentas. Esto también es aprender en tiempo “real”.

Estos niños y jóvenes de hoy, los cuales han tenido que lidiar con la maldita pandemia del virus chino, ¿un día llegarán a ser maduros y serán independientes? ¿Un día serán independientes y autónomos, tendrán claro los valores sociales, la virtud intelectual? ¿Un día y sólo un día en su vida podrán discurrir por sí mismos sin apoyo de su celular “inteligente”?

Esquina-bajan

Punto uno. ¿Cuál es la vocación de la escuela o cuál su vocación primigenia hoy en el olvido? La educación y formación de ciudadanos libres. Libres pero con orden y concierto. Sin violencia ni arrogancia ni soberbia de por medio, hombres libres que toman decisiones en libertad y que mueren en libertad. No más. Hoy la “libertad” se reduce y se presume en poner emoticones en cuentas de usuarios que nadie conoce, pero que todo mundo “sigue”.

Punto dos. Sigo a Fernando Savater en lo siguiente: el niño en casa debe aprender lo básico antes de ir a la escuela; ir al baño por sí mismo, asearse, vestirse, obedecer a los mayores; en la medida de su enseñanza familiar, medir el peligro, proteger a los más pequeños que él... y un largo etcétera. Es decir, la convivencia familiar posibilita lo anterior, pero esto se potencia exponencialmente cuando el niño va diario a la escuela y convive con niños y adultos por igual. ¿Hoy? Hoy el mundo es plano y en “tiempo real”.

Punto tres. La maldita pandemia desatada por los virólogos chinos nos ha podido a todos. Nadie estuvo ni está a salvo aún. Hay unas líneas en un texto breve y perturbador de Salvador Novo. El texto se llama “Job”, sí, precisamente retomando el Libro de Job en la Biblia. Novo lo actualiza y dice: “Y dijo a Jehová, Satanás: quítale a Job el empleo, porque en pobreza aún el recto se torcerá, y el perfecto te hará política”. Caramba, sin duda. O algo peor: sin empleo y con deudas, vas y te suicidas. Eso fue lo que hizo don Enrique (67 años), quien agobiado por deudas, fue y se colgó.

Punto cuatro. Según los registros de este diario, con este suicidio, ya van 98 en la región. Según mis cuentas, ya van 100. Una tragedia. Un dolor sin fin sobre la tierra para los que quedan vivos. Y sí, es cuestión de valores, criterios, doctrinas, educación, cultura, enseñanza, fortaleza, comunicación, valores compartidos, solidaridad, comunión; común unión con el vecino, con la pareja, con los hermanos, con los hijos, con todo mundo...

Punto cinco. La doctora primatóloga chilena, Isabel Behncke, ha dicho lo siguiente (ojo, ella es especialista en primates con años de estudiar a animales en cautiverio): “Lo que estoy observando con humanos en el confinamiento no es muy distinto a los loros enjaulados a los que vi sacarse las plumas”. Sacarse las plumas, estimado lector, es como los niños y jóvenes quienes en chanclas, en calzones, sin bañarse (oliendo a rayos, se pasan de su cama a un sillón) hacen “scroll” una y otra vez en sus celulares “inteligentes”.

Letras minúsculas

En la antigüedad (ayer), el encuentro decisivo entre un niño y un libro, se daba en el aula o en la biblioteca. No más. Hoy no tener celular es motivo de... suicidio (16 años, Kevin Jesús “N”. Col. Ricardo Flores Magón).

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