Agenda política (19)

Opinión
/ 20 septiembre 2021

    “Claroscuro de noche y de día; corazón y cabeza y hombría, los tres nudos que tiene mi ser a la buena y mala mujer”. Versos poderosos del poeta Ramón López Velarde, el eterno López Velarde. Nuestra modernidad poética, parte de ella por supuesto, está fundada en sus textos. Y usted lo sabe, el maestro jerezano se debatió siempre entre entregarse a los placeres eróticos de los pecados y umbría de la ciudad o entregarse o el seguir siendo el eterno novio de “la gracia primitiva de las aldeanas.” ¿Decantarse por la buena o la mala mujer? ¿Qué es una buena o una mala mujer?

    Escribo estas líneas el día 8 de septiembre, un día después de que la Suprema Corte de Justicia de la nación validó la ley para abortar legalmente en las mujeres. Se ponderó el derecho de la mujer a decidir si quiere o no tener un recién nacido. Coahuila era uno de los Estados de la República Mexicana que penalizaba esta práctica, no más. El ministro Luis María Aguilar dijo así: “Nunca más una mujer o persona gestante deberá ser juzgada penalmente; hoy se destierra la amenaza de prisión y el estigma que pesa sobre las personas que deciden interrumpir libremente su embarazo”.

    Una mujer que aborta legalmente ya, es entonces ¿una buena o es mala mujer? Días negros, aciagos se ciernen en el mundo todo cuando nos estamos convirtiendo en un enorme camposanto, un cementerio y no en ciudades llenas de vida. ¿Cómo sobrevivir a la pandemia? Estando solos y en soledad. Sin contacto humano, abominar del contacto físico. Saludar lo menos posible al vecino, a los amigos y familiares. ¿Cómo sobrellevar esta carga terrible llamada vida? Pues ya hay algo sencillo legalmente: no nacer. Abortar. La decisión claro, no es suya ni mía ni del bebé recién fecundado, la decisión es de las madres las cuales pedían a gritos eso: decidir sobre su cuerpo.

    Punto uno: días negros sobre el mundo y sobre México. El pasado 7 de agosto y debido a las lluvias y marejadas sin fin en el país, en ciertas partes del país (aquí seguimos padeciendo una sequía atroz y un calor asfixiante no obstante ser ya septiembre), en una tragedia que duele en el alma, 17 pacientes de un Hospital de Tula, Hidalgo (infectados de Covid) murieron por falta de energía eléctrica cuando su estación colapsó debido a las inundaciones y la tormenta. Y cuando precisamente el gobernador de aquella entidad, Omar Fayad y parte de su equipo, realizaban su jornada de ayuda y supervisaba los trabajos, su lancha se hundió. Puf.

    Punto dos: se lo dije varias veces aquí, pocas veces se había visto en la entidad el nacimiento de un político del empuje, brío, trabajo, planes y propuestas y acciones, como las emprendidas por el Alcalde de Saltillo, Manolo Jiménez Salinas, el “Cowboy urbano”. En días pasados y al poner en marcha la última etapa del programa “Bello Saltillo”, el gobernador Miguel Ángel Riquelme lo ponderó gratamente. Lo anterior se interpretó como la fijación de Jiménez Salinas a la Secretaria de Inclusión y Desarrollo Social. De eso ya no hay duda. Lo siguiente, el siguiente escalón sería lo interesante: la gubernatura.

    ESQUINA-BAJAN

    Punto tres: y hablando de gubernaturas, aquí los vecinos regios se disponen a estrenar nuevo gobernador en la presencia (virtual, realmente) de Samuel García y su esposa, la “influencer” (lo que eso signifique) que lo hizo ganar. Los regios, los neoloneses son gente rara. Imitan todo el tiempo. Querían un “gobernador independiente”, ya lo tuvieron y ahora lloran y se arrepienten grandemente. Jaime Rodríguez salió peor que malo. Luego, Jalisco eligió a un político de esos llamados “jóvenes progresistas” aglutinados en Movimiento Ciudadano (MC), eligieron a Enrique Alfaro. Los regios no se quedaron viendo e imitando, eligieron a Samuel García. Éste heredará una deuda de más de 82 mil millones: un Estado en harapos.

    Punto cuatro: le recuerdo el día en que escribo estas líneas. 8 de septiembre. Los datos de ayer son los siguientes: 15 mil 784 nuevos contagios en el país por la mordedura del bicho chino. Mil 071 muertos. Es decir, igual que siempre. Un retrato de la maldita pandemia la cual y en México, ha tenido uno de los peores manejos de salud mundiales. Tan es así, que de plano, la senadora panista Xóchitl Gálvez le dijo a Hugo López-Gatell, “es un pendejo”.

    Punto cinco: ¿Qué hacer con la educación de niños y jóvenes, los cuales ni aprenden en su casa y si se están colapsando mentalmente? Esto se convirtió en un galimatías. Hay una verdad univoca: se están incrementando rápidamente los niños infectados de Covid cuando en algunos casos, están regresando al aula. Pero, tan pronto entran, hay contagios y las escuelas vuelven a cerrar. En Monterrey, murió una niña de apenas 9 años al estar contagiada por el bicho. Al día de hoy, se han contagiado en Nuevo León más de 13 mil 561 jóvenes del grupo de 13 a 18 años. Ellos, no volverán a ser los mismos por las secuelas mortales que deja el bicho en los humanos.

    Punto seis: siguen los feminicidios. No van a parar, aunque Andrés Manuel López Obrador los minimice siempre. Pero, una y otra vez nos enteramos, estos se hacen más duros, más violentos, más dramáticos. Dos ejemplos recientes que erizan la piel: aquí en Coahuila, la señora Lily Ortiz de 52 años fue muerta a machetazos. Presuntamente por su pareja. En Monterrey, Brenda Magaly Arzola de 36 años fue asesinada por su pareja a base de cuchilladas. Una tras otra. En un ritmo sordo y demoniaco.

    LETRAS MINÚSCULAS

    Nos aquejan todos los males. Soy pesimista: no hay esperanza alguna.