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Carta a un político

Opinión
/ 15 enero 2022
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Señor político:

Ha pasado mucho tiempo desde la formación de los primeros partidos políticos en México. Durante este largo tiempo, miles de niños han nacido en nuestro País, miles de hombres muertos, miles de empresas iniciándose, y a pesar de estar rodeados de progreso, usted se ha dedicado solamente a hacer de la política un arte repugnante y soez.

Por si usted no lo sabe, señor político, México es un país cuya grandeza rebasa por mucho su capacidad intelectual. Enorme orgullo siento por ser mexicano, por tener en mis venas la sangre tlaxcalteca y española, por excitarme al escuchar la melodía del mariachi, sin embargo, una sola cosa me avergüenza de mi País, y esa cosa es usted.

Si nos pusiéramos a pensar cuánto daño nos han hecho los políticos, nos pondríamos a llorar y de seguro viviríamos llenos de amargura por el resto de nuestros días. Pero los mexicanos, obligados por las exigencias diarias de la vida, pocas veces nos ponemos a pensar en el pasado y menos aún en el futuro. Sólo pensamos en el presente y en la manera de llegar a ver el ocaso de cada día, sin pensar nunca en el amanecer.

Gran razón tenía Marx al afirmar que el poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra. Es triste que nuestro País esté bajo las riendas de los políticos y no de la verdadera voluntad del pueblo. Y no diga que exagero. Usted mejor que nadie sabe lo ridícula que ha sido su aportación al beneficio de los mexicanos. Gracias a usted, señor político, conocemos ahora lo que es la hipocresía, lo que significa tener una crisis económica, moral y de hombría, y nos ha ayudado a acostumbrarnos al olor putrefacto de la basura que usted produce en su diaria labor.

Al comenzar su carrera usted no tenía nada, excepto un deseo vil de aprovechar la plataforma de un partido político para hacer de sus indignos sueños una realidad, y uno que otro amigo, pariente o compadre dentro del oscuro mundo de la política. De pronto se vio instalado en una oficina de Gobierno, con la responsabilidad de responder a las necesidades de millones de ciudadanos seducidos por sus falsos ofrecimientos, pero su falta de capacidad lo delató inmediatamente al dejar proyectos irrealizados, deudas millonarias y promesas incumplidas. No me cabe la menor duda, señor político, que la tarea que usted realiza puede resumirse en tres cosas: en hinchar el vientre, la cartera y su vanidad.

¡Bravo, señor político! Aplaudo su amplia capacidad para engañar al pueblo de México y su frialdad para preferir un rancho, un estadio de beisbol, una empresa o una querida, en lugar del bienestar del pueblo mexicano. Los campesinos sumidos en el más completo de los abandonos le aplauden y también los niños que por no recibir sus medicamentos mueren ante el drama de un México hundido en el fango de sus caprichos. Le aplauden los pobres que no tienen la esperanza de encontrar un mañana mejor, al igual que los obreros explotados y sometidos a la vergüenza de un mínimo salario. ¡Bravo!

Lo felicito, señor político, por crear en nuestro País una farsa partidista, por haber conquistado su meta de tener cada día más poder y más riqueza, pero ¿y después? ¿Compensará la satisfacción de renunciar a un avión mientras maneja una camioneta que más bien parece un tanque de guerra, de dormir envuelto en las sábanas del Palacio, de alimentarse cada día con la hipócrita adulación de sus vasallos y de consagrarse a la práctica de los vicios más despreciables, compensará todo esto el desprecio del pueblo mexicano y la vergüenza que algún día tendrá que llegar por haber sido un miserable ladrón?

Señor político, por favor deje de pensar en las próximas elecciones y preocúpese tan siquiera un poco por lograr el bien común que tanto ha prometido a los ciudadanos. Señor político, por lo que más quiera, deje de ser un político.

aquientrenosvanguardia@gmail.com

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