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Cultura y Rescate
de Valores Humanos

Opinión
/ 23 noviembre 2021
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Por una extraña coincidencia, cada vez que el prestigio del director de cultura municipal con licencia, Iván Márquez, se ha visto comprometido, aparece de manera espontánea alguna institución, gremio, asociación, ONG o colectivo deseoso de hacer un reconocimiento a su trayectoria.

No puedo imaginar coincidencia más venturosa, ya que no me atrevería a pensar de ninguna forma que es una estrategia o la manera en que el funcionario lidia con los problemas derivados de su conducta o desempeño, porque... nadie hace eso... ¿verdad?

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Cuando VANGUARDIA publicó una crítica alusiva a su primera gestión como titular de la Dirección Municipal de Cultura, en la que se hacían algunos señalamientos puntuales que merecían algún tipo de pronunciamiento, lo que tuvimos en cambio, un par de días después, fue a un grupo de personas relacionadas con la gestión o administración de la cultura de Saltillo rindiéndole pleitesía y todo tipo de apologías... y un “reconocimiento”.

Esta historia se ha repetido con sospechosa similitud en diversas ocasiones, sin que deje de sorprenderme cómo hay siempre una organización dispuesta a hacer público encomio de los logros del funcionario.

Buscando información al respecto, me encontré por ejemplo con una nota perdida de El Sol de la Laguna (?), del 31 de marzo de este año, en la que el interfecto Márquez Morales recibió un reconocimiento del Instituto Latino de la Música (??????), organismo que no tiene empacho en darle a Márquez el trato de “maestro”, que en música se reserva para los virtuosos de algún instrumento o los directores de una orquesta.

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La nota nos informa que, al igual que Márquez Morales, otros antes que él han recibido distinciones del Instituto Latino de la Música. Figuras como Celia Cruz, Pedro Infante, Armando Manzanero y Agustín Lara (¡no, pos miau!) también han sido galardonadas, pero desde luego son simples amateurs.

Me evito ya mejor cualquier comentario irónico porque van a decir que la envidia me corroe. Y cómo no, si de acuerdo con el que redactó la nota y con el criterio del tal Instituto ese, los logros y legado del funcionario con licencia opacan a los de nuestros más grandes exponentes, por lo que más raro me parece que ningún otro medio haya hecho eco de esta información.

¿Por qué ningún otro diario, de Saltillo al menos, dio fe y constancia de este acontecimiento? ¿Cómo es que todos los medios fueron tan obtusos y dejaron pasar de largo y al unísono un acto de esta naturaleza?

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Márquez Morales volvió a ser objeto de reconocimiento hace apenas algunos días, esta vez por parte de la Comisión de Cultura y Rescate de Valores Humanos (me pregunto si hay de otros valores) de la presente administración municipal de la capital coahuilense.

La susodicha comisión hizo entrega de una anodina placa que no dice nada, no aporta nada sino abultar la egoteca del homenajeado.

“Por el compromiso, el tiempo compartido y el apoyo recibido a los trabajos que realizamos durante esta administración”, reza la placa en un texto que se escribió a las carreras y, como ya dijimos, no dice nada en absoluto.

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Compromiso y apoyo es lo menos que se esperaría de quien ocupaba la dirección de cultura. Y el tiempo... bueno, es un extraño atributo para reconocerle a alguien que ha estado ausente buena parte del año y que al parecer no concluirá en activo la presente administración.

Pero más extravagante es el hecho de que sean los miembros de la Comisión de Cultura y ¡Rescate de Valores Humanos! quienes estén brindando este último espaldarazo a su cuatacho, Iván, siendo que el escándalo que lo tiene ausente de sus funciones es un penoso episodio de total ausencia de respeto, tolerancia y otros valores fundamentales.

La placa que Márquez Morales presumió en sus redes sociales es un tanto confusa (yo me supongo que de manera deliberada) pues la otorga el regidor (expanista convertido a la secta morenista) Jorge Alberto “Beto” Leyva a título personal, a juzgar por el “siempre agradecido” con que remata antes de su nombre.

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Leyva preside la confundida comisión, cuyo pomposo nombre “de Cultura y Rescate de Valores Humanos” aparece en la placa justo por debajo del escudo del Republicano Ayuntamiento de Saltillo. Así que no la emite el Ayuntamiento aunque se hayan tomado la libertad de utilizar el escudo oficial; y no la emite la comisión aunque sí, porque la firma Beto Leyva.

O sea, tienen algunos detalles para que no parezca mera ocurrencia, pero no tiene suficientes elementos como para que se le pueda reprochar a nadie ni comprometer al municipio (es como “Rogue One” o “Solo”, que no son pelis de la saga de Star Wars, sino “Star Wars stories”).

Pésima idea, independientemente de quien la haya parido. O es que quizás le deben un favor muy grande a Márquez Morales, pero este inocuo detallito es una cachetada a la ciudadanía que los regidores dicen representar.

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Si ya el propio Márquez, acusado de acoso y agresiones tuvo el buen gusto de separarse de su cargo en tanto se dirime su situación legal, y si ya el Ayuntamiento tuvo el buen juicio de aceptar esta separación para no seguir soportando el desgaste que le representaba el perfil del imputado al frente de la Dirección de Cultura... ¿Cuál era la maldita necesidad de la Comisión para tener este gesto?

Si querían ser amigos solidarios, bien pudieron hacerlo en privado, porque ostentarse como miembros de una comisión de la administración pública y utilizar el escudo de Ayuntamiento (dudo que con la autorización del Cabildo o el VoBo del Alcalde) es un exceso.

Márquez Morales está separado del cargo porque tiene un caso pendiente con la autoridad y este gesto “pseudooficial” equivale a ponerse del lado del exfuncionario y a escupirle en la cara a una ciudadanía que reclama justicia y aún la está esperando. Y todo sin haber necesidad alguna, porque lo más fácil, lo más deseable y lo más sensato era haber guardado silencio.

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Márquez Morales sólo suma uno más de sus siempre sospechosamente oportunos reconocimientos. Pero Beto Leyva y compañía cierran su paso por la Comisión de Cultura embargados por el oprobio y la vergoña.

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