De correteadas a militares y resistencias médicas

Opinión
/ 21 mayo 2022
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¿Cuál es la conexión entre las cada vez más frecuentes escenas de malhechores persiguiendo, agrediendo y humillando a policías y militares en México y la ausencia -real- de médicos en zonas apartadas de la geografía nacional?

La respuesta corta es: Andrés Manuel López Obrador. Pero me explico:

Como hemos atestiguado todos a lo largo de este sexenio, la política de nuestro “jefe de estado” en materia de combate a la delincuencia se resume en el lema ramplón, repetido hasta el vómito en la misa tempranera, de “abrazos, no balazos”.

Tal idea (idiotez sería un término más adecuado), aunque útil en términos de mercadotecnia política, ha ofrecido en estos poco más de tres años de la transformación de cuarta, el único resultado posible: el empoderamiento como nunca de los grupos delincuenciales y el dominio de espacios cada vez más amplios de la geografía nacional por parte de estos. No se requiere proveer argumentos al respecto: la verdad está a la vista de todo mundo.

Esta realidad se traduce en una circunstancia también a la vista: en las zonas apartadas del país, en las comunidades rurales pequeñas, en los caseríos de difícil acceso, el “estado de derecho” no existe, porque el Gobierno de la República le ha entregado, literalmente, el control de esas zonas -y otras muchas- a los grupos delincuenciales.

En consecuencia, el desarrollo de casi cualquier actividad en dichas zonas -pero no solo ahí, insisto- implica riesgos. Y eso incluye la práctica de la medicina. Uno de los más reconocidos investigadores de la práctica médica en nuestro país, Xavier Tello, lo dijo hace unos días con economía de palabras pero absoluta contundencia:

“...nadie quiere trabajar en un lugar donde no hay una infraestructura, donde tú tienes un consultorio de cuatro por cuatro del hoy ‘IMSS Bienestar’, antes ‘Coplamar’, y donde además te va a secuestrar el crimen organizado y te van a matar si no lograste salvar al capo que balancearon esa mañana”.

Ahí, en la ausencia del estado de derecho provocada por un gobierno monstruosamente inepto, conecta la inseguridad evidente con la “negativa” de muchos médicos a trabajar en zonas rurales, apartadas o secuestradas por el crimen en México.

Pero no es una negativa incubada -como de forma insultante para el gremio de bata blanca lo señaló en la semana López Obrador- en el “aspiracionismo fifí” o en el corrimiento ideológico hacia el “conservadurismo”, sino en el señalamiento de una realidad cuya evidencia no requiere de la aportación de pruebas: ninguna vocación puede exigirnos poner en riesgo la vida.

Muchos médicos están dispuestos a irse a trabajar a la sierra de Guerrero -o a donde haga falta- aunque no haya internet, aire acondicionado, buenos caminos, o una máquina de café spresso a muchos kilómetros a la redonda. Pero no están dispuestos -y en eso todos debemos coincidir- a irse a vivir a un lugar donde la única ley es la dictada por el capo dominante de la zona, un capo cuya vida no había sido tan plácida como con el actual gobierno.

Ése es el problema de fondo: no la falta de médicos -pretexto originalmente esgrimido para “contratar” pseudo profesionistas cubanos-, o la negativa irracional de los existentes para cubrir las plazas disponibles en el sector salud.

Aristas

Extrañamente (para un país “normal”) el desastre de la seguridad pública no es un problema para la T4 ni para quienes, desde esa trinchera, aspiran a una candidatura. La Secretaría de Seguridad ya produjo un gobernador... y podría producir otro -para Coahuila, nada menos- presumen en corto quienes dan por hecho, ya no la candidatura de Ricardo Mejía Berdeja, sino su triunfo en las urnas.

¡Feliz fin de semana!

@sibaja3

carredondo@vanguardia.com.mx

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