Desentilichando la casa, la mente, y el corazón

Opinión
/ 3 diciembre 2021
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Anoche volvía a casa. Un rato antes había tenido la sensación de estar muy separada del lugar donde me encontraba y de las personas que se encontraban allí. Recordé texto de Wit (será mi vida por unos meses o tal vez más). “Salí. Caminé por allí. Había estudiantes en el campus. Hablaban de nada. Se reían”. Reconozco íntimamente la sensación de mi personaje en ese momento. Aquí estoy, pero ¿para qué? ¿Qué hago aquí? ¿Cómo llegué aquí? Confieso que tenía ganas de volver a mi casa. No lo hice. Normalmente puedo brincarme “las insuperables barreras entre una cosa y otra” y participar en actividades, especialmente si ya me comprometí.

Anoche volvía a casa y me di cuenta de que todo me es, extraño y lejano. Reflexionando sobre el mecanismo de la proyección, eso significa que debo mirar lo extraña y lejana en mí en este momento. Y sí. No sé si necesito reacomodar muebles o reacomodarme a mí. Necesito podar árboles, recortar las plantas del jardín, vaciar gabinetes y clósets. Desentilichar la casa, y mi mente y mi corazón.

Ahora que me acuerdo, esto me pasa cada fin de año. Un poema mío lo dice.

Hoy un fuerte viento

me avisó

que lo que me toca

es vaciar y vaciarme

hasta de provisiones

depurar aquello que

suponiéndose mío

ha sido determinado

por otros.

Todo en la balanza

miro que pocas cosas

se acomodan

a mi contorno.

Vaciarme de lo que

no soy yo

de padres y amantes

galletas y sal

con el riesgo enorme

y la ilusión quizá

de quedarme por fin

en solitud

para construir

mi propio hogar.

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