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Opinión
/ 15 enero 2022
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“Es como una gripa”, expresan varios funcionarios ante la escalada completamente fuera de control que están siendo los contagios por la variante Ómicron. Si bien la ciencia ha permitido desarrollo de protocolos y modos de hacer cada vez más efectivos para encarar este virus, tras casi dos años del inicio de la pandemia en el país, continúa siendo como nunca antes imprescindible el accionar de todos los mexicanos con disciplina y responsabilidad para disminuir y/o cortar la cadenas y cifras de contagio. México vive una situación de crisis epidemiológica, los hechos estas últimas semanas atropellan cualquier pedestre discurso oficial que pretende instalar un relato en el colectivo de normalizar una situación por demás delicada y compleja.

Desde la aparición de esta nueva variante se supo que venía acompañada de un fuerte número de casos. Los organismos internacionales de Salud advirtieron a gobiernos que se prepararan ante esta nueva ola de Ómicron que ya es dominante en el mundo. La repetición sobre el protocolo sanitario ha sido permanentemente despreciado por el presidente López Obrador quien, desgraciadamente volvió a contagiarse por segunda vez. El ejemplo no habla bien del gobierno en esta crisis sanitaria con miles de familias enlutadas por la pérdida de seres queridos. Los consejos sobre síntomas y quedarse en casa asumiendo que se está contagiado chocan con lo que la ciencia hace más de dos años indica: pruebas, pruebas y pruebas.

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Con el inicio de la pandemia se gestó la amenaza más importante de la salud pública y de la economía de todo el mundo. Se ha abierto un panorama de incertidumbre tanto en la dimensión, la evolución y la facilidad de propagación del coronavirus como en la profundidad de sus efectos económicos y sociales a nivel internacional.

La cuatroté debería saber que la información estadística derivada de la pandemia constituye un acervo dinámico de datos –no de “otros datos”—que impone la necesidad de contar con sistemas de información que superen las dificultades técnicas con oportunidad, se reporten cifras confiables y se realicen estimaciones próximas a la realidad de la epidemia. La ruta andada ha sido contraria, la cifra negra en muertes es una tragedia en sí. La toma de decisiones ha transitado entre vacunación con sesgos electorales, semáforos, colores Pantone, simulaciones y Centinelas.

Escuchar durante meses al “zar” experto escupiendo nimiedades, enalteciendo una errática conducta sanitaria de su jefe y exhibiendo un comportamiento repetitivo y lambiscón ha colocado al primer círculo en el poder en riesgo y a millones de mexicanos en una esfera de contagios y confusión.

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Se sabe que una de las razones del descenso de confianza en los gobernantes es la impresión de que ceden importantes decisiones a un puñado de asesores; la confianza posee esencialmente la propiedad de una prestación adelantada. Los descalabros en materia sanitaria colocan ya a México en una gráfica donde sólo hay curvas ascendentes.

La crisis de salud, la económica, la de seguridad y ahí no tan invisible una crisis de confianza.

Esta última patente en muchos rubros, pero en uno estratégico como lo es la relación bilateral y en la estampa de la caída en la inversión extranjera como una señal ineludible. Y en esta coyuntura se aplica el manual cuatroté de minimizar las alertas.

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El anuncio sobre la salida del tercer banco, por activos, del país y la advertencia en 2021 de la CEO de Citigroup en el sentido de que México debería consolidar un ambiente de negocios para generar estabilidad y confianza golpea al gobierno pese a su silencio ensordecedor. Todo lo anterior marca el inicio de un aciago 2022.

Y lo que falta...

Twitter: @GomezZalce

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