El vacío y el papel higiénico

Opinión
/ 13 septiembre 2021
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Creo que estoy llegando a un punto en mi vida en que no saber se torna muy excitante

No estamos acostumbrados al vacío, a que no haya, a no tener. No estamos acostumbrados a estar incómodos, a tener hambre, a que no nos atiendan. No estamos acostumbrados a no tener respuestas, a no saber, a esperar. No estamos acostumbrados.

No estamos acostumbrados a que nos dejen. No estamos acostumbrados a alejarnos, a decir que “no”. No estamos acostumbrados a límites.

Ha sido una reflexión interesante provocado por la propuesta de entregarnos al vacío en un ejercicio dentro de un taller. Y a mí me llevó de nuevo al principio de la pandemia cuando el mundo entero (creo que literalmente) salió a los supermercados a comprar hasta el último rollo de papel higiénico que existía en ese momento. Suena cómico, pero es representativo de tantas cosas.

Entiendo que vivir sin papel higiénico sería muy incómodo. Y yo también quisiera saber qué va a pasar si hago x o y, y qué debo hacer para ya no requerir más terapia. Sí quisiera tener las respuestas a la vida mía y tuya (sí, esas respuestas que algunas personas creen que tengo). Pero hoy me doy cuenta de que más bien estoy aprendiendo cada vez más a vivir en la incertidumbre del “no sé”. O tal vez el “no sé” es la única certidumbre que existe. Eso lo sentí extrañamente consolador. Y vuelvo a lo que dicen: Sobrevive quien se adapta. Lo he repetido mucho últimamente. Se empieza a sentir parte de mí.

Creo que estoy llegando a un punto en mi vida en que no saber se torna muy excitante. Y experimentarme al borde del vacío, o inmersa en él, también. Es buen momento histórico para mi curiosidad.

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