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Entre democracia y cosas peores: partidos políticos y elecciones

Opinión
/ 6 agosto 2022
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No sé ustedes, pero el domingo pasado en la elección de Morena para congresistas/consejeros nacionales sentí que esa película ya la había visto. Una especie de déjà vu a los años 60 y 70, la época dorada del PRI, utilizando todas las herramientas y enseñanzas: urnas robadas, carrusel, acarreo, mapache, ratón loco, urna embarazada.

No estoy diciendo que sea el único partido que lo hace ni mucho menos. Lo único que quiero recalcar es que fue una gran fotografía de la historia electoral en México en una sola jornada. Imperdible para entender qué le está pasando a nuestra democracia hoy, 2022 y más importante, a dónde vamos.

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En el largo y arduo camino hacia la democracia participativa, que para mí comienza con la pérdida de la mayoría en el Congreso del PRI en 1997, no se puede entender sin partidos políticos, su vida interna y periodos electorales. Por eso la importancia de detenernos un segundo y pensar lo que pasó el domingo pasado.

En toda América Latina, Lula en Brasil, Perón en Argentina, Evo Morales en Bolivia, cuando hay un líder fuerte, carismático, hoy en México López Obrador, el partido que lo llevó al poder se vuelve una especie “soltero@ codiciad@”, sí, eso. Todo mundo lo quiere sin importar el costo, y hace mil y una cosas para conseguirlo, algunas muy locas, sin pensar consecuencia. Lo que dificulta enormemente su institucionalización, siguiendo la analogía, el matrimonio.

Eso es lo que le está pasando a Morena, conseguir “institucionalizar” al partido es una misión imposible, donde gran parte de las personas que lo integran, tal vez preferirían no llegar nunca y disfrutar las delicias, del ligue, volviendo a la analogía. Sin embargo, el coqueteo siempre termina, no puede ser joven toda la vida, dicen.

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La gran reflexión para mí es que nuestra democracia (desperfecta, incipiente) no sobrevivirá los próximos años sin el INE. El INE es la única institución política que permite (más o menos) mantener los pies y la cabeza en su lugar. Las elecciones son el vehículo para obtener poder de manera legítima. Esto permite disminuir los conflictos y la violencia, y que los diferentes actores se pongan de acuerdo.

Todo esto sin olvidar que las personas electas (o designadas, lo que prefieran creer) serán las encargadas (o no) de escoger al candidato o candidata a la presidencia de Morena para el 2024. Esto adquiere otra dimensión para analizar. En lo personal yo considero que López Obrador designará con el famoso “dedazo” al candidat@. Pero, estos consejeros/congresistas podrán escoger los candidat@s a mil 580 ayuntamientos, 9 gubernaturas, 300 diputad@s y 128 senadores. Nada pequeño el pastel. Con ellos miles de apuestas por contratos públicos, negociaciones con el crimen organizado (no olvidemos lo jugoso de ese negocio), por mencionar algunos.

Entre democracia y cosas peores quedamos nosotros, sí, nosotras y nosotros, las y los ciudadanos. Hoy más que nunca no le podemos dejar el paquete a los partidos políticos. Ellos no están buscando el bien común, ni mejorar la calidad de vida, ni aumentar la infraestructura, las becas, la tecnología, la educación. Los partidos políticos hacen cosas que les produzcan votos y por eso obtienen poder. Y, ¿saben por qué lo logran? Porque no existen suficientes colectivos, organizaciones de la sociedad civil, universidades involucradas en política. Así que, sigamos hablando de política, cuestionando y sobre todo actuando cuando las cosas no nos parecen, el rumbo que toman. Apostemos por muchos más #CiudadanosdeTiempoCompleto. Más #Ciudadanitos, por favor.

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