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Expedientes clínicos y médicos de cabecera: política de salud eficaz

Opinión
/ 21 enero 2022
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Y después de casi dos años de estar invicta, COVID llegó. Sí, esta semana nos tocó: mi esposo, mis papás, mi hermana, mi suegra y yo. Nos dio COVID y nos tocó este encierro.

Si bien mi esposo y yo nos habíamos encerrado al principio de la pandemia porque nuestra tercera hija nació justo al inicio, nunca habíamos tenido COVID. Y no, no es lo mismo estar encerrada por precaución que por enfermedad.

Estar encerrados con tres menores de cinco años, no ha sido sencillo. Empezando por que sólo uno de mis tres hijos está vacunado, mis dos hijas más pequeñas tienen uno y tres años y aún no hay vacunas para ellas. Entonces, lo primero que piensas es ¿será que ellas también están contagiadas?, ¿y si se complica? o ¿si se complica mi esposo o yo? Se dice que esta pandemia acabará cuando a todas y todos nos haya dado COVID, es la única forma que de manera natural todos tengamos anticuerpos. El proceso es el difícil.

El sistema de salud en México y su ineficiencia nos ha obligado a siempre buscar especialistas conforme al diagnóstico que nos hacemos, ejemplo: me duele el brazo o la rodilla, voy al traumatólogo, me duele el estomago, voy al gastroenterólogo, tengo presión alta o padezco del corazón, voy al cardiólogo, y así sucesivamente. No estamos acostumbrados a buscar un médico familiar, un internista o un general, es decir, nuestro médico de cabecera. ¿Qué pasa cuando tienes muchos padecimientos y tal vez algún medicamento se contraindica con otro?, ¿o qué pasa si alguno de los médicos especialistas no conoce el expediente clínico completo y eso no le permite dar un mejor diagnóstico o tratamiento?

Esta semana que hemos estado enfermos, muchos familiares y amigos nos dieron todos sus remedios caseros, lista de medicamentos de quienes ya habían tenido COVID y hasta las combinaciones de medicamentos que había que evitar. ¿Cuál era la correcta?, ¿a quién había que hacerle caso?, ¿un infectólogo?, ¿un otorrinolaringólogo?, ¿un alergólogo?, ¿un internista?, ¿cómo saber si lo que había funcionado para otras personas funcionaba también para nosotros?

Eso lleva a otro gran tema dentro de la política de salud, expedientes clínicos compartidos, digitalizados, accesibles. Conocer de primera mano la historia médica de las personas puede ahorrar mucho trabajo (y por ende dinero) en términos de diagnóstico y tratamientos médicos.

Esta pandemia nos ha enseñado mucho en términos sociales, políticos y económicos, y creo que nos seguirá enseñando y dejando ver las muchas áreas de oportunidad que tenemos en política de salud. Invertir pesos en salud pública y en cómo hacerla más eficiente, es ahorrar millones en el futuro en atención hospitalaria. Normalmente creemos que no son buenos los doctores generales, internistas o familiares porque no son especialistas, pero lo que nos ha enseñado esta pandemia es que tal vez éstos tienen la clave de cómo hacer más eficiente el sistema de salud en general. Si todos y todas tuviéramos un médico de cabecera, quien fuese el director de la orquesta, tal vez, solo tal vez, hubiéramos ahorrado mucho dinero (público y privado) en citas con especialistas, exámenes no necesarios y/o tratamientos que no iban de acuerdo con lo que nos aquejaba.

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