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La Historiografía y su cuchillo en los monumentos [también]

Opinión
/ 17 octubre 2021
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Hoy se viven tiempos con huracanes conceptuales interesantes

En estos tiempos la historiografía tiene la bondad [opinión personalísima] de reconstruir la historia, como cada generación lo hace. Y hace bien. Hoy se viven tiempos con huracanes conceptuales interesantes. Se cuestiona el peso otrora inamovible, de los héroes mexicanos. Tal vez allí estriba el miedo de quienes han construido las figuras que ahora se sabe, tienen mucho de hermosas ficciones, o pies de barro.

Sí, hoy, ciertas corrientes se plantean desde una postura crítica, revisar documentos, evidencias o textos. Como grupos bien organizados, se apoyan en técnicas y cuerpos teóricos contemporáneos, y también, de propuestas derivadas del modelo científico más cuadrado. Con estos elementos, a ciertos grupos ciudadanos les ha dado por cuestionar figuras nacionales, y sus narrativas ya son del dominio público; las dan a conocer a través de artículos académicos, de divulgación, de entrevistas y ensayos o de memes que han levantado un revuelo tal, como para servir de sustento a acciones que permiten quitar una escultura de un “colonizador”, y llevarla a otro sitio. O tumbarla. O intervenirla.

Los mensajes de estas acciones que se han desatado en América, buscan eliminar narrativas que omiten esa otra parte que ahora se devela. Y se plantean, cuando es el caso, colocar una figura que merezca su sitio en un espacio público, pues si bien, se consideran las cualidades estéticas de un monumento, ahora se toman más severamente en cuenta, la pertinencia y la representatividad de la propuesta, y otra cosa clave: quién lo hace y desde qué posición.

Complejo que la historiografía se plantee asumir una posición objetiva sobre la Historia, cuando la Historia se ha construido con relatos. El vocablo historia proviene del verbo griego historein, que significa investigar, y del sustantivo hístor, que refiere a un hombre sabio, o a aquel que actúa como testigo y también como juez.

Si hoy busca la Historiografía ser objetiva, y si por objetivo entendemos el objeto al que sele puedan hacer preguntas, sería como tener un cuerpo delante de los médicos, y ante el cual, cada involucrado, podría dar su dictamen. Pero ¿qué cuerpo-relato que provenga de qué documento, fuente o evidencia?

¿Quiénes han hecho la Historia? ¿Quiénes aportan el relato? ¿Quién lo comparte y a quiénes? ¿Qué relatos construyeron a las figuras que hoy se derriban? El mundo humano es un campo de tensiones. Derribar un monumento es la toma de posición ante hechos que estuvieron alejados del respeto a la diversidad de culturas; es un acto definitivo ante prácticas en las que seres humanos se consideraron solo escalones o instrumentos.

Hay quienes se escandalizan del sonido del bronce contra el concreto en su caída. ¿No escandaliza la masacre? ¿O es que como es “Historia” se percibe como algo vago y lejano?

Es vital hacer una diferencia, aquí lo que se está derribando es simbólico, es el acto de“conquista”, de “beneficio” y de “bien” que ocultaba tras de sí hechos dolorosos por decirlo menos. Y son actos quirúrgicos, pues por lo que se ve, solo se derriba lo que ensalza un proceso de colonización y conquista que tiene muchas aristas, desde el blanco hasta el negro y todos los colores en medio.

Es urgente no mezclar peras con manzanas, pues no se niega el crisol y el resultado de esta América, pero había qué exponer la herida purulenta de siglos. Y nadie dijo que sería algo suave. ¿Acaso el referido proceso de independencia estuvo lleno de flores y mesas de amable diálogo?

Pero seamos claros, ni la Historiografía ni la Historia escapan a la validación entre pares, entre comunidades que buscan propósitos similares. Por eso es necesario saber quiénes son los que conforman estos grupos. Verles los rostros y los fines.

Y los bronces siguen cayendo. Y los bronces siguen elevándose. ¿Qué tarea tan germinadora esta de preguntarse qué figura o qué figuras [o si acaso ya ninguna figura], van a ser sujetas de ceremonias? ¿Qué se colocará en esos huecos? ¿Soportará la idea de mexicanidad este vacío, previo a lo que viene?

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