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La vida de los libros

Opinión
/ 15 enero 2022

    En tiempos prepandémicos estaba yo comiendo en el restorán “Los Arcos”, de Monterrey”, cuando uno de mis compañeros de mesa nos señaló discretamente a un hombre joven, moreno y de ojos saltones que en ese momento entraba al concurrido sitio.

    -Es Mayito -nos dijo.

    Yo no sabía quién era el tal Mayito y confesé mi ignorancia. Eso es lo mejor que uno puede hacer con su ignorancia: confesarla. Tal es el primer paso para darle remedio. Entonces mi amigo nos explicó que Mayito es Mario Bezares, por mucho tiempo compañero de Paco Stanley en su programa de televisión, y que luego pasó unos meses en la cárcel con motivo de las investigaciones hechas tras el asesinato del conocido locutor.

    Nos dimos por enterados, y la conversación cambió de rumbo. Por la tarde me fui de librerías. Y he aquí que en “Castillo” vi un libro que a lo mejor estaba ahí esperándome, tras de lo acontecido en la comida. Escrito por Jorge Gil, otro amigo y compañero de Stanley cuyo nombre se mencionó también en aquellas investigaciones, el libro se llama “Mi verdad. El caso Stanley”. Lo leí por pura curiosidad, entre dos aeropuertos y un hotel. Porque resulta que Paco Stanley era medio hermano de Memo Stanley, querido amigo mío, inolvidable. Y he aquí que encontré mi nombre mencionado en una de las páginas de la obra. Transcribo lo que cuenta Jorge Gil:

    “... El señor Stanley me invitó a participar en el manejo de prensa de esa puesta en escena (la del Tenorio en broma que cada año hacía Paco). Me dijo: ‘Es una obra que me deja un buen billete, además de que el personaje de don Juan me agrada. Yo también he tenido muchos amoríos en mi vida. Creo que he tenido como mil mujeres’.

    “Yo me acordé de algo -sigue relatando Jorge Gil- que lo puso a pensar. Le dije: ‘Señor Stanley, le voy a contar una cosa que leí en la columna ‘Mirador’, del periodista Armando Fuentes Aguirre. Cierto día se acercó a don Juan un joven que, admirado por sus hazañas, le preguntó: ‘¿Es cierto que has amado a más de mil mujeres en tu vida?’. Le contestó don Juan: ‘A una sola he amado. Has de saber que cuando tengo a una mujer entre mis brazos sólo pienso en esa mujer, y me entrego en cuerpo y alma a ella’. El joven no entendió: le faltaba edad para entender que el verdadero hombre es aquel que se enamora de una sola mujer.

    “Cuando le conté esto a don Paco sus ojos se llenaron de lágrimas. Y es que el sentido del relato lo conmovió. Transcurrido cierto tiempo, ya en temporada, un día, en su camerino del Teatro Ferrocarrilero, antes de comenzar la función me pidió que se lo narrara de nuevo...”.

    Hasta aquí la narración de Jorge Gil en su libro sobre el infortunado Paco Stanley.

    Cosas extrañas tiene ese misterioso libro que es la vida.

    Cosas extrañas tiene la misteriosa vida de los libros.

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