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Las mil caras de la eliminación de violencia contra mujeres

Opinión
/ 26 noviembre 2021
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Las estrategias para visibilizar la violencia en contra de las mujeres se multiplican, algunas con creatividad positiva, otras con reclamos violentos. Se está trabajando arduamente en este país contra la discriminación para que las mujeres podamos vivir libres de violencia y ejercer nuestros derechos a la educación, al acceso a la tierra, a la seguridad, el trabajo, a la paz y a la participación política.

Apoyándonos mutuamente en nuestras reivindicaciones avanzamos lentamente para erradicar la pobreza, superar la discriminación y romper el pacto con el patriarcado; el trabajo de la deconstrucción de estructuras normalizadoras de la violencia de género no se detiene, a pesar de que los gobiernos hacen poco para profundizar los mecanismos y desestructurar concepciones tradicionales que plantean como natural aquello que afecta a las mujeres, como la incapacidad para visibilizar espacios donde se presentan esas conductas y el uso de la violencia como una forma de combatirla.

Las organizaciones de La Laguna han sido las más activas y reclamantes en Coahuila, en Saltillo y el resto de las regiones la cultura feminista es mucho más débil; en esta conmemoración las laguneras realizaron cambios en las nomenclaturas de las calles colocando los nombres de las mujeres víctimas de feminicidios, nombres desconocidos, olvidados que si acaso existieron en las estadísticas, 200 han padecido muerte por género, el objetivo es que los torreonenses conozcan nombres y fechas de asesinatos por feminicidios.

Otra acción muy destacada que realizaron las feministas laguneras fue galardonar al hombre más macho de la región por haberse distinguido por realizar hechos letales, el anti-Galardón fue designado como, “Don Pancho”, mezcla de bestia y hombre plasmado en una estatuilla. Actos muy creativos, acertados y prácticos que retratan a funcionarios, empresarios, jueces y hombres en general.

Ariadne Lamont, quien dirige INCIDE Femme, explicó que a través de la sátira de “Don Pancho” se exhibe a los machos y a los que los protegen, a los hombres que se creen dueños de las mujeres.

Sacar del plano teórico las agresiones de género y hablar de ellas en la acción diaria y en la política pública, es lo han hechos las laguneras desde hace años, eso representa visibilizar, romper, destrozar los entornos y actuaciones que pueden ser del crimen organizado, la pornografía o la Trata de Personas donde la mujer ha sido estereotipada, violentada y cosificada con esos mecanismos que silencian o anulan la versión de las víctimas, es lo más importante de esa deconstrucción y de la transformación de cómo se presenta la identidad de las mujeres en ciertos sectores.

La ciudadanía entendida en el contexto de los valores post-industriales exige erradicar las estructuras de control del pacto patriarcal y transformarlas en una cadena de servicio para lo que es un acompañamiento violeta. Fomentar la denuncia, educar en la construcción de masculinidades no hegemónicas y conformar redes de apoyo es contribuir al adiós de esos rezagos de la sociedad patriarcal que todavía normaliza la violencia.

Los cambios alcanzados por los feminismos están provocando modificaciones en las masculinidades, los que se expresan en el desarrollo de nuevas manifestaciones algunas de las cuales, por su carácter no sexista y no homofóbico, son catalogadas como positivas y traducen el deseo de muchos varones que diariamente realizan, en forma soterrada y de manera un tanto reprimida, diversas prácticas y vivencias que, a pesar de las adversidades y circunstancias se han atrevido a explorar a través de relaciones y posiciones íntimas, sociales y políticas distintas a las tradicionalmente establecidas para los varones.

Una reformulación de la concepción de la masculinidad mantenida hasta ahora implica el reconocimiento de la existencia de diversas expresiones o manifestaciones masculinas, algunas de las cuales, incluso, se plantean como opuestas al modelo de masculinidad establecido en forma hegemónica, se necesita, que los nuevos modelos de masculinidad que surjan o se planteen sean abiertos, plurales, y esencialmente integradores, tanto a nivel intergenérico como a nivel intragenérico.

En fin, los feminismos difícilmente avanzarán solos es necesaria la integración de las nuevas masculinidades y para el surgimiento de hombres nuevos hace falta mucho trabajo de ambos lados.

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