Mirador 08/10/21

Opinión
/ 8 octubre 2021
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Estaba la lujuria.

Pobrecilla, había empezado a envejecer.

Estaba la gula.

Vanidosa, presumía siempre de ser el último pecado de la carne que el hombre podía cometer.

Estaba la pereza.

Bostezaba.

Estaba la envidia, el pecado que ningún placer da a quien lo comete.

Estaba la ira.

Apartada en un rincón, nadie la quería ver.

Estaba la avaricia.

Guardaba lo que otros iban a gastar.

En eso entró la soberbia.

Todos los pecados se pusieron en pie y la saludaron:

-Hola, madre.

¡Hasta mañana!...

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