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Creer es un milagro

Politicón
/ 7 abril 2018

    Son muchos los progresos de la ciencia durante los últimos 2 mil años desde que Jesús el Nazareno nació, vivió y murió en Galilea. En todo este tiempo la ciencia ha replicado, y con frecuencia superado, los milagros atribuidos al carpintero de Nazaret.

    Un ejemplo de ellos es el embarazo de María, la madre de Jesús, que de acuerdo a la Biblia concibió por obra del espíritu santo y no por un acto de carácter sexual. A María, siendo virgen, el Ángel Gabriel le anunció que concebiría al Hijo de Dios. Al respecto, la ciencia ha hecho lo propio desde el año 1978 con la fertilización in vitro, con la cual desde entonces han nacido 5 millones de seres humanos. La primera “bebe de probeta” nació en Inglaterra hace 36 años, con la creación en el laboratorio de Louise Brown, un hecho que revolucionó la medicina reproductiva y que dio a las mujeres con problemas de infertilidad la oportunidad de tener su milagro personal, sólo que éste a cargo no de un Ángel sino de la ciencia.

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    Otro milagro notable de Jesús lo menciona Mateo en su evangelio. Fue en Cafarnaúm, un poblado a orillas del Mar de Galilea, cuando dos ciegos se le acercaron a decirle: “Ten piedad de nosotros, Hijo de David”. Jesús tocó sus ojos y les devolvió la vista. Hoy la ciencia médica casi en forma rutinaria lo hace todos los días. Casi la mitad de los problemas de visión o de ceguera son a causa de cataratas o por la degeneración del lente ocular que, con el tiempo, tiende a volverse opaco, pero una operación de 15 minutos permite a los oftalmólogos devolver la vista a sus pacientes. 

    Es también en Cafarnaúm donde tiene lugar uno más de los milagros de Jesús. El evangelio de Marcos refiere que un hombre paralítico fue llevado ante su presencia y le dijo: “Hijo, tus pecados te son perdonados, a ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. El paralítico se levantó y salió de ahí caminando. Hoy día y gracias a la neurorobótica, una nueva rama de la ciencia, hace posible que personas con lesiones totales o parciales en la columna vertebral caminen. Además, desde 1948 el científico John Enders dio el paso definitivo en contra de la polio, el virus que afecta a la humanidad desde tiempos inmemoriales y que, como principal efecto, daña al sistema nervioso central causando parálisis muscular. Enders, quién después ganó el Premio Nobel de Medicina, cultivó el virus en el laboratorio, paso definitivo para crear la vacuna que ha salvado millones de vidas y evitado millones más de paralíticos en el mundo.

    Pero quizá el milagro más conocido, la verdadera prueba de la supuesta divinidad de Jesús fue la resurrección de Lázaro, descrita por Juan en su evangelio. Fue al llegar a Betania que lo trajo de su “muerte”, ordenándole afuera de su sepulcro: “Lázaro, ven afuera”. Por cierto, la famosa frase de “Lázaro, levántate y anda” no aparece jamás en la Biblia. Es un poema de Gustavo Adolfo Bécquer.

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    Pero también en la resurrección la ciencia muestra avances. Las máquinas de resucitación cardiopulmonar y el “Proyecto Conciencia”, del científico de la Universidad de Nueva York, Sam Parnia, han conducido experimentos que tras la muerte de una persona enfrían el cuerpo y lo conectan a una máquina que hace circular y oxigena la sangre. Esto permite la resucitación hasta 7 horas después de que un corazón dejó de latir, cuando las células del cerebro son aún viables. La máquina ha sido probada ya con éxito.

    Los milagros de Jesús han sido dados por ciertos y una gran mayoría no los pondría en duda jamás. Se trata pues de un acto de nuestra fe. Tras 2 mil años del paso del Hijo del Hombre por la tierra se insiste en que creamos sin pruebas sobre lo sucedido, porque para eso deben bastar los testimonios de la Biblia, escritos por personas que no presenciaron la historia. En cambio, para la ciencia cada uno de sus avances ha tenido que ser probado y documentado para ser reconocido como un hecho cierto. Al respecto, el escritor estadounidense Mark Twain decía: “Si es un milagro, cualquier testimonio es suficiente, pero si es un hecho, es necesario probarlo”. Ahí reside el verdadero milagro en toda esta historia: a pesar de los hechos, millones de personas aún creen. 

    @marcosduranf

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