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El sarape de Carolina

Politicón
/ 23 junio 2019

    Gran revuelo causó en México la marca de la diseñadora venezolana Carolina Herrera, al presentar en su reciente colección Resort 2020 algunos modelos femeninos fabricados con telas cuyo diseño adoptó el colorido, los patrones y los bordados originales de prendas de vestir tradicionales de varias regiones y mexicanas, entre ellas el diseño del conocido Sarape de Saltillo.

    Un comunicado emitido en días pasados por el director creativo de la marca donde afirma que se trataba de un “homenaje a la riqueza de la cultura mexicana” motivó una réplica del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas  señalando que el pretendido homenaje sólo “es un pretexto para justificar el plagio y lucrar con la propiedad de los pueblos”, ya que usar sin su consentimiento los diseños indígenas y sus manifestaciones artísticas producto de su historia, identidad, conocimientos y cosmovisión “constituye un acto violatorio de los derechos humanos”. El INPI señaló que el plagio vulnera el derecho fundamental de los pueblos a conservar su patrimonio cultural e identidad y que examinará la posibilidad de “interponer acciones legales que defiendan los derechos e intereses de las comunidades afectadas”. Además del diseño del sarape de Saltillo, incorporado en dos modelos distintos de la colección, también aparecen otros con bordados originarios de Tenango de Doria, Hidalgo, y del Istmo de Tehuantepec. Carolina Herrera dijo que es una muestra del respeto y admiración que siente por México y que continuará integrando otros diseños de otras culturas.

    Hace ya muchos años que Saltillo y las autoridades estatales han buscado proteger al sarape de Saltillo mediante una marca registrada o algo similar que reconozca y guarde sus derechos, pero en nuestro país, las leyes y normas al respecto son tan complicadas que sólo pudo protegerse el proceso de fabricación de un sarape fino. Pablo Mendoza, director de la fábrica “El Sarape de Saltillo”, reconoció que el sarape es una artesanía registrada como un producto intangible, pero que debería asentarse que pertenece a esta zona. Iván Márquez Morales, director del Instituto Municipal de Cultura de Saltillo, explicó que el sarape de Saltillo cuenta con el registro de propiedad industrial que protege los derechos del proceso denominado sarape fino, mientras que la obra creativa en particular permanece sin respaldo, que en el caso de Carolina Herrera se trata de una modificación a un diseño original y como una similitud de diseño no procederían acciones legales contra la marca. El director del IMCS enfatizó, con toda razón, que las autoridades federales deberían aprovechar la oportunidad para “implementar una norma con la que los mismos artesanos, en este caso los maestros tejedores, puedan registrar sus diseños”.

    El sarape de Saltillo es un símbolo nacional, tanto así, que forma parte del atuendo tradicional del charro. En la época colonial, los jinetes lo llevaban en su montura y lo usaban como capote contra el frío y la lluvia, y durante las luchas de independencia fue adoptado por la indumentaria nacional para distinguirse de los españoles peninsulares. Los dibujantes y litógrafos documentaron el amplio uso de la prenda en todo el país en esa época, pero poco a poco, la vida moderna, las fibras sintéticas, el automóvil y otros medios de transporte, entre otras muchas cosas, limitaron su uso y se quedó en el rubro de la artesanía, aunque siempre considerado un producto artesanal por excelencia.

    Los sarapes fabricados en Saltillo, de vistosas y coloridas franjas horizontales, son reconocidos en todo el país y en el mundo entero por su belleza, calidad y finura extraordinarias, por eso las autoridades federales deben implementar ya las normas que permitan registrar todos sus derechos, de autor, de fabricación, de proceso, de lugar de origen y todas las que le correspondan.

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