Fuera de serie; voluntad y ánimo de acero

Politicón
/ 2 agosto 2021

Es fundamental que todos impulsemos la igualdad de oportunidades, entendiendo que la discapacidad no la hace la diferencia, sino las actitudes de las personas

Según el Inegi (2020) en el País hay 20 millones 838 mil 108 personas con alguna limitación, discapacidad, problema o condición mental, mismas que representan 16.5 por ciento de la población total. De estas, 13 millones 934 mil 448 (11.1 por ciento) son personas con alguna limitación, 6 millones 179 mil 890 (4.9 por ciento) son personas con discapacidad y 1 millón 590 mil 583 (1.3 por ciento) tiene algún problema o condición mental.

La ONU afirma que las personas con discapacidad “enfrentan muchas barreras para que se las incluya en aspectos sociales clave. A consecuencia de ello, no disfrutan del acceso a la sociedad de igual forma que otros, incluido en áreas como el transporte, el empleo, la educación y la vida política y social. El derecho a participar en la actividad pública es esencial para crear democracias estables, para una ciudadanía activa y para reducir las desigualdades sociales”.

En este sentido, “el empoderamiento implica invertir en las personas con discapacidad” –en empleos, salud, nutrición, educación y protección social. Cuando ocurre eso, están mejor preparadas para aprovechar oportunidades, se convierten en agentes de cambio y pueden asumir con más preparación sus responsabilidades cívicas”.

SOCIEDAD INJUSTA

Hay mucho por hacer con todas las personas que padecen alguna clase de discapacidad, especialmente porque son constantemente discriminadas y carecen, en muchos aspectos, de leyes que verdaderamente las protejan.

Muchas personas, aparte de su discapacidad, son rehenes de la desigualdad, el aislamiento social, la pobreza, la ausencia de oportunidades educativas, culturales y laborales, lo que genera en ellas y sus familias un círculo vicioso perverso e inhumano.

Es urgente que la sociedad acepte la participación e inclusión de las personas discapacitadas en todas las actividades de la vida diaria; que respete la diferencia y acepte a todas las personas con discapacidad como parte de la diversidad y la condición humana. Es fundamental que todos impulsemos la igualdad de oportunidades, entendiendo que la discapacidad no la hacen las diferencias, sino las actitudes de las personas.

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OBSTÁCULOS

Lo grave del asunto, lo realmente inadmisible, es que todos los obstáculos que padecen las personas discapacitadas, sus familias y su medio ambiente inmediato, pueden ser administrables si realmente el Gobierno, los sectores productivos, las escuelas, universidades y los diferentes agentes de la sociedad, participaran responsable y éticamente en el compromiso de construir un país justo, inclusivo y equitativo, libre de discursos gubernamentales fatuos, retóricos, vacíos e irresponsables.

KYLE MAYNARD

En este mismo espacio he escrito sobre personas “discapacitadas” de infinidad de nacionalidades y edades que han sorprendido a propios y extraños con su perseverancia, talento y contribuciones al mundo.

Hoy comparto la historia de Kyle Maynard, una persona que ha luchado en contra de todas las adversidades y ha salido victorioso. Su voluntad y ánimo de acero lo hacen ser una persona, sencillamente, fuera de serie (https://www.youtube.com/watch?v=b2umOPnKFTE).

Kyle nació en Estados Unidos, en la ciudad de Suwanee, Georgia, el 24 de marzo de 1986, con a un trastorno genético poco común, del cual se desconocen las causas, llamado amputación congénita que afecta las extremidades superiores e inferiores.

Efectivamente, Kyle no tiene totalmente formados sus brazos y piernas, pero sí es dueño de un corazón enorme que le ha permitido obtener objetivos que para cualquier persona “normal” parecerían imposibles (https://www.youtube.com/watch?v=V6ydPPR009o).

Un artículo escrito sobre su vida consigna: “Cuando los padres de Kyle descubrieron que su hijo podría tener discapacidades físicas, les sugirieron la posibilidad del aborto, pero esta posibilidad de ninguna manera sería una opción, así que decidieron traerlo a la vida.

El primer año de la vida de Kyle avanzaba en la misma forma que un niño normal, incluso teniendo en cuenta sus diferencias físicas. Sin embargo, después de la edad de un año, comenzó a cambiar drásticamente; sin embargo, su familia se aseguró de tratarlo como a cualquier otro niño, con el tiempo Kyle soñaba con ser un atleta profesional: ‘Me imaginaba ser el salvador de la final del campeonato por la captura de un último segundo pase de touchdown o anotando una canasta de la victoria, quería ser el mariscal de campo del equipo de fútbol que salió con la porrista más linda. Ya sabes, como cualquier otro niño’”.

ATLETA INIGUALABLE

En 2004, Kyle ganó el premio ESPY al “Mejor Atleta con Discapacidad” y el galardón “Coraje” de la Sala Humanitaria Mundial de Deportes de la Fama. En 2005, rompió el récord mundial de levantamiento de pesas. Actualmente se encuentra entrenando en las artes marciales mixtas.

Kyle comenta: “Soy un atleta impulsado por la competencia. Sin el deporte de la lucha, yo no estaría donde estoy hoy. Hay tantos problemas y dificultades que nunca voy a tener que soportar gracias al carácter que he desarrollado a través de la lucha libre”.

Cuando se le preguntó cómo era capaz de superar una discapacidad tan severa que le obligaba a correr con sus codos y rodillas Kyle respondió: “Creo que Dios me hizo como soy con el fin de mostrar a la gente que no hay adversidad que una sola persona no puede superar si confía en sí misma y en la voluntad de Jesucristo. Con el tiempo, me di cuenta que tenía que confiar y creer en mí mismo y, aún más importante, me enteré de que tenía que confiar plenamente en el Señor, sin importar las circunstancias”.

INCANSABLE…

Kyle se graduó en la Universidad de Georgia; es un deportista destacado y  conferencista internacional lo cual le ha permitido inspirar a millones de jóvenes a seguir sus sueños, a luchar en contra de la adversidad y la discriminación.

Kyle escribió su autobiografía “No Excuses: The True Story of a Congenital Amputee Who Became a Champion in Wrestling and Life” (“Sin Excusas: La Historia Verdadera de un Amputado Congénito que se Convirtió en un Campeón de Lucha y de la Vida”), de la cual David Amado comenta: “uno se emociona, y se avergüenza un poco de sí mismo, cuando ve donde ha llegado Kyle. Sin manos ni pies escribe, tanto con bolígrafo como a ordenador, conduce su Cherokee y hace mil otras cosas que, de antemano, parecerían imposibles”.

 

TESTIMONIO

La historia de Kyle habla de un atleta que lucha contra todo pronóstico para ser una persona ganadora y plenamente feliz y que, adicionalmente, dedica su tiempo a inspirar a otros seres humanos y que a los jóvenes les dice: “tenemos que encontrar un propósito en todo lo que hacemos durante nuestra vida. Cuando vivimos nuestra pasión, nuestro propósito, podemos pasar por cosas inimaginables con el fin de llegar al éxito. Todo porque sabemos que ése es el propósito de nuestra vida”.

Dice Kyle “no vayas donde te lleve el camino, ve donde no haya camino y deja tu rastro”, tal vez por esta razón su biografía sea un vivo testimonio, como muchos otros que existen, que demuestra que las peores injusticias y discapacidades sociales son, precisamente, los prejuicios, la incapacidad, la torpeza intelectual y la ausencia de humanidad de las personas “normales” para reconocer la capacidad, el potencial y talento de los seres humanos que clasificamos como “discapacitados”.

Muy certero el comentario de Frederick W. Robertson: “El hombre no es consciente de su fortaleza hasta que una importante afección o aflicción humaniza su alma”, que pena que las personas “normales” vivamos insensibles y que no sea hasta que algunas realidades vestidas de incapacidad, inesperadamente arriben a nuestra existencia para humanizarnos y hacernos entender que no existen imposibles para las personas que están dispuestas a materializar sus más excelsos ideales.

Como Kyle, existen infinidad de seres humanos cuyas limitaciones y desventajas, en lugar de postrarlas y desanimarlas, las impulsan a emprender lo impensable: convertirse en personajes sencillamente fuera de serie.