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¿Quieres vacuna? ¡Vota por Morena!

Politicón
/ 23 enero 2021

El uso electoral de las vacunas contra la COVID-19 no podría ser más grotesco en México. Nos referimos, desde luego, al uso electoral dictado por el presidente Andrés Manuel López Obrador y su pandilla (incluidos los muchos sucedáneos de Benito Bodoque presentes en su equipo cercano).

Aunque probablemente grotesco no sea el calificativo adecuado. Tal vez el término más cercano a la forma en la cual la transformación de cuarta está planteándose lucrar electoralmente con la pandemia sea “criminal”, porque se está condicionando la posibilidad de vivir o morir a rendirse frente al altar en el cual se le quema incienso al Iluminado de Macuspana.

¿Cómo está eso?

En primer lugar, está el hecho de centralizar la decisión sobre quién tiene derecho a recibir la vacuna primero. Aunque –una vez más– tal vez el término más adecuado sea “monopolizar” la decisión sobre la aplicación de las vacunas. Monopolizarla en la persona del Gran Tlatoani, desde luego.

En este proceso, está claro, solamente cuenta una voz: la del sumo pontífice cuya sapiencia rebasa la de cualquier otro ser humano porque él abreva directamente de los cielos, a él le iluminan los dioses y por ello su voz no admite contrastes.

Y eso debe ser cierto, incluso cuando se contradice –aunque sus acólitos de planta dirán algo distinto: “matiza”, o “precisa”, o “rectifica”–, como lo hizo cuando decidió colocar en la primera línea de batalla a los “servidores de la nación”, eufemismo usado para normalizar la existencia de un ejército de promotores electorales de su partido con cargo al erario.

En segundo lugar está el hecho de “prohibir” a cualquier otro individuo tener acceso a la adquisición y distribución de las vacunas. El pretexto es, desde luego, “democratizar” el acceso a esta, pero la realidad es otra: se trata de administrarla sólo a quienes estén comprometidos con su proyecto político.

Y para muestra de lo señalado líneas arriba está el caso del diputado local de Coahuila Francisco Javier Cortés Gómez –quien, adivinó usted, es ¡militante de Morena!– al cual se le aplicó la primera dosis de la vacuna disponible en la entidad… ¡porque fue empleado administrativo de la clínica del ISSSTE en Piedras Negras!

No es el único caso en el País. También está el de la regidora de Acapulco –militante de Morena, of course– Patricia Batani Giles, quien no solamente se aplicó la vacuna sin estar en la lista preferente: también lo presumió en redes sociales para dejar constancia de su “influencia”.

Y hay y habrá más, desde luego. Porque quienes alinean en la transformación de cuarta son, como lo hemos dicho en repetidas ocasiones en este espacio, exactamente iguales a sus contrapartes de otros partidos, es decir, adolecen de las mismas carencias y se entregan exactamente a los mismos vicios.

Por ello, el tema importante para López Obrador y compañía no es la salud de las personas –más de 147 mil muertos lo dejan suficientemente claro–: para ellos lo importante es mantenerse en el poder a cualquier precio y para ello no dudarán en reinstalar en los procesos electorales mexicanos las peores prácticas de su partido de origen: el PRI.

No es casual en esto la forma en la cual ha decidido el Mesías Tropical integrar las “brigadas de vacunación”: 10 miembros clasificados de la siguiente forma: “cuatro elementos de las fuerzas armadas, cuatro promotores, entre ellos dos servidores de la nación, dos promotores de otras dependencias, son ocho, y dos del sector salud, los que vacunan”.

El entrecomillado del párrafo anterior corresponde a las palabras textuales pronunciadas por López Obrador en su conferencia de prensa del pasado lunes 18 de enero. No les he agregado ni quitado nada.

La pregunta es obligada y salta sola: ¿cuál es la razón para integrar una brigada de 10 personas, ¡10 personas!, si solamente dos de ellas hacen labores de vacunación, es decir, sólo dos hacen lo importante?

¿Cuál es la necesidad de incorporar militares y “promotores” de “otras dependencias” a estas brigadas? ¿Cuáles son las tareas concretas encomendadas a este ejército de pajes ordenado por su majestad el Peje?

Como no hay respuesta lógica para los cuestionamientos anteriores, solamente queda plantearse lo obvio cuando una medida como esta ha sido parida por la mente moralmente contrahecha de un oportunista político: se trata de llevar agua al molino electoral de Morena.

ARISTAS

Los gobernadores integrantes de la autodenominada “Alianza Federalista” creen haber logrado una victoria en la lucha por el lucro electoral de las vacunas porque López Obrador “les autorizó” comprarlas y administrarlas por su cuenta en sus respectivos estados. Pero es sólo un espejismo.

Esto es así porque, aun cuando tengan el dinero para ello, enfrentarán un pequeño problema: como no sean los rusos y su dudosa vacuna Sputnik, difícilmente encontrarán algún laboratorio capaz de venderles vacunas antes de la fecha importante: la jornada electoral del 5 de junio.

¡Feliz fin de semana!

@sibaja3

carredondo@vanguardia.com.mx

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