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Transferencias condicionadas. La apuesta de AMLO para combatir la desigualdad

Politicón
/ 31 julio 2021

Esta semana, después de más de 16 meses de pandemia, el Inegi publicó la Encuesta Nacional de Ingresos y Egresos en los Hogares 2020. En un ejercicio de continuidad a la realizada en el 2016 y 2018. Esta encuesta es importante porque nos deja ver cuántos somos, cuánto ganamos y cómo gastamos. Es una gran herramienta para tomar decisiones no solo en gobierno, sino también en la sociedad civil y en el sector privado. También es un pequeño examen de cómo lo está haciendo el gobierno en turno, puesto que observa cuánto aumento o disminuyó el ingreso en las familias.

Algunos números interesantes es que el decil más alto (recordemos que se dividen en 10 grupos los ingresos que darán origen a lo que conocemos como clases sociales, en términos burdos, los primeros son los más pobres, los últimos los más ricos), gana 16 veces más que el decil más bajo, 11 mil 568 pesos al trimestre contra 174 mil 588 pesos. En resumen, aumentó la desigualdad, pero bajó entre el 8 por ciento y 10 por ciento el ingreso (dependiendo del decil) conforme al 2018. Esto es muy grave, porque lo que quiere decir es que hay menos dinero en las calles para gastar.

Aunado a esto, en promedio se gasta de 40 por ciento al 45 por ciento en alimentos y bebidas, y el gasto en educación y esparcimiento se redujo considerable (entre 50 y 60 por ciento dependiendo del grupo socioeconómico que estemos observando). En otras palabras, gran parte de las familias están gastando en vivir solamente (comida), dejando el gasto en el futuro (educación) como pendiente. Pensemos que muchas empresas viven de la venta de servicios y/o de eso que para muchas familias es un lujo: salir/pedir a restaurante, comprar un helado o postre, servicios de lavandería, servicios de educación privada, por mencionar algunas.

¿Qué significa esto? La política social de López Obrador, desde que era jefe de Gobierno en la Ciudad de México, han sido las llamadas transferencias condicionadas. ¿Qué es eso? Dar dinero a diferentes grupos vulnerables (estudiantes, adultos mayores, jefas de familia, etc.) para mitigar la desigualdad y propiciar el desarrollo de esas personas.

La mala noticia es que los números nos dicen que no funcionan. México fue de los pocos países que no dio ningún tipo de incentivo fiscal o ayuda a los emprendedores y/o empresarios (micro, pequeños, medianos y/o grandes) durante la pandemia. Se decía, en ese entonces, que no era necesario, que esos recursos se invertirían en los grandes proyectos (Tren Maya, Aeropuerto Santa Lucía) y en los gastos para cubrir salud. Yo sigo sin ver funcionando el Aeropuerto de Santa Lucía o avance en el Tren Maya. Lo que sí veo, y no solamente en esta encuesta, se observa cuando voy al súper a hacer el mandado para mi casa, es que las cosas que necesitamos para vivir son cada vez más caras y nos alcanza menos, aunque estamos gastando más. Los programas sociales, la política social seleccionada por este gobierno, no ayudó (ni poquito) a mitigar los efectos (que ya sabíamos) de esta pandemia.

Señor Presidente, estamos comenzando la tercera ola del COVID. Para nadie es secreto ya que en algunas ciudades en México ya no hay camas y se está batallando (otra vez) para encontrar insumos médicos (medicamentos, tanques de oxígeno), sin olvidar lo caro que se han vuelto. Considero que es hora de replantear la estrategia. Ya ha dicho más de una vez que no habrá cierres, ¿será eso suficiente? ¿vale la pena el costo en vidas humanas que eso conlleva? Abramos la conversación, es urgente.

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