Agencias
Karachi, Pakistán.- La historia de Fátima Bhutto dio un giro radical y terrible un 20 de septiembre de 1996: su padre, Mir Murtaza, volvía a casa después de pronunciar un mitin junto a varios camaradas de su formación, el Partido Popular de Pakistán. Nunca llegó. A unos metros de su vivienda, en la populosa y meridional Karachi, entre 70 y 100 policías los sacaron del coche y los cosieron a balazos.
Murtaza falleció a medianoche en un dispensario. Ni siquiera lo llevaron a urgencias.

Desde aquel día, Fátima jamás ha perdonado a su tía Benazir -hermana del muerto-, que entonces era primera ministra de Pakistán y líder del partido. No se hablan desde entonces. "El Tribunal que investigó el asesinato de mi padre determinó que el crimen no pudo tener lugar sin la aprobación del más alto nivel del Gobierno. Y ese Gobierno era el de Benazir", cuenta Fátima.

Aquella niña de 14 años, ahora una mujer de 25, aspira hoy a convertirse en una nueva hija del este y apoya la lucha democrática de Pakistán, justo ahora que su tía Benazir -exiliada desde 1998- regresa al país en medio de un baño de sangre.

Fátima vuelve cada año a Larkana, la localidad del clan Bhutto, para homenajear a su padre. Junto a su madre Ghinwa y su hermano menor, Zulfikar, la familia recuerda cada año el asesinato y los duros momentos que siguieron a la muerte de Murtaza.

"Durante un mes hubo un caso abierto en los tribunales. Tuvimos que informarnos de nuestros derechos respecto a la herencia de mi padre. Según la ley islámica, a todos los miembros de la familia les corresponde parte. Cuando yo tenía 18 años y mi hermano nueve, Benazir intentó incluso arrebatar a mi madre nuestra custodia", dice Fátima. "No hablo con mi tía desde hace años". En los ojos de la joven sigue vivo el rencor, el recuerdo de aquella lucha familiar intestina que hace ya una década separó sus caminos de los de Benazir.

Pero la pasión por la política, en Pakistán, se hereda. Comenzó con el abuelo de Fátima, Zulfikar Alí, un presidente que fue depuesto en los años 70 y ahorcado por el general Zía, y que, según Fátima, "fue el primer líder democrático de Pakistán, y el único que miró al pueblo". Zulfikar murió y fue entonces cuando dio comienzo la lucha de Benazir Bhutto, que llegó a ser encarcelada antes de pasar a ocupar el cargo de primera ministra.

Pero el idilio de su tía con la política estuvo salpicado por varias acusaciones de corrupción, hasta el punto de que, a finales de los 90's, emprendió el camino del exilio para no ser juzgada. Hoy, su orgullosa sobrina le responde: "Yo nunca me he ido de Pakistán, vivo en Karachi. Pero ella sí tuvo que marcharse en 1998, después de que cayera su gobierno por segunda vez y la acusaran de corrupción junto a su marido. Corrupción por un valor de 2 mil millones de dólares. Se fue en el 98, y sólo vuelve después de un acuerdo dudoso de amnistía con Musharraf. Vaya mérito", recuerda la joven.

El Pakistán democrático está ligado a los Bhutto con lo bueno y con lo malo. Y, cada año, un ejemplo es la ciudad de Larkana, tierra del clan, al sur de Pakistán, donde cientos de personas se reúnen para conmemorar la memoria de su padre fallecido, y de paso, aclamarla a ella y a su hermano, otro posible continuador de la saga.

¿Benazir? No es una Bhutto: su marido, Asif Zardari vive en Nueva York "junto a su perro Maximiliano, pese a las acusaciones de corrupción", dice Fátima.

Pero a Fátima le preocupa poco la vida de Maximiliano. Pakistán está en plena crisis política. El general Musharraf acaba de ser reelegido presidente y habrá legislativas en enero. Fátima no concurrirá, pero apoyará a su madre, que ha tomado el testigo de su padre en el liderazgo de una facción izquierdista del Partido Popular.

"Musharraf tiene el apoyo del Ejército y los Servicios Secretos, así que hace y deshace a su antojo.

Quizá algún día, Fátima desembarcará otra vez en la política. Los analistas políticos señalan a Fátima Bhutto como una opción a futuro. Su legión de seguidores es todavía pequeña, pero, como sucede con Benazir, están dispuestos a darlo todo por ella. "No soy como mi tía ni creo en las dinastías. Tengo mi columna en un periódico (el diario conservador "The News") y me siento cómoda escribiendo. Y tengo dos libros, uno de poesía y otro sobre el terremoto de Cachemira. Con todo, no digo que no vaya a entrar en política en el futuro". Aunque educada en el extranjero, la joven es punta de lanza de una nueva generación urbana y laica, educada en los valores democráticos y muy crítica con la política tradicional del país.

Pakistán vuelve al presente: Benazir regresa tras ocho años de exilio. Desembarca del avión en Karachi y en las calles la reciben cientos de miles de seguidores. Al filo de la medianoche, sufre un atentado. Sale ilesa, pero hay 139 muertos y medio millar de heridos. Esto es Pakistán: la muerte persigue el honor de los Bhutto.