Redacción
Los caldos son alimentos rutinarios desde tiempos muy antiguos. Al ser calientes, desentumen y reconfortan, además de calmar el apetito desbordante provocado por el frío.
El caldo es el líquido obtenido por la ebullición prolongada de carnes u otros ingredientes, en agua ligeramente salada. En días fríos, no hay nada como iniciar la comida con este platillo caliente y reconfortante, pues además de que puede prepararse con una gran diversidad de ingredientes, ofrece amplias posibilidades nutricionales.

En estos tiempos de constante ajetreo, es muy común recurrir a los caldos comerciales. Sin embargo, vale la pena tomar en cuenta que el contenido de sodio añadido a los caldos comerciales para su buena y duradera conservación es lo que los distingue de los caldos caseros.

El consumo ocasional de los caldos comerciales no supone ningún inconveniente para la salud; el problema radica cuando se beben a diario o con mucha frecuencia. Por ello, es mejor disfrutar los caldos hechos en casa, pues también son más económicos.

Si tú los elaboras, conocerás perfectamente tanto la cantidad de sal como la calidad y la proporción de los ingredientes que contiene; además, si lo preparas en cantidades abundantes, puedes reservarlo en el refrigerador durante varios días o congelarlo para una conservación más duradera.