LA JORNADA
México, D.F. .- "Los cínicos no sirven para este oficio", escribió el polaco Ryszard Kapuscinski, frase que condensa toda una vida, la de Paco Ignacio Taibo I, el escritor, gastrónomo, historiador, monero, dramaturgo y diarista hispano-mexicano, quien este jueves recibirá el Premio Nacional de Periodismo, por Trayectoria.
El respeto por la pluralidad, la capacidad de ver lo que otros ignoran, la autocrítica, la mente sagaz que no se conforma con la primera impresión, son algunos de los rasgos que han forjado el espíritu periodístico del creador del famoso "Gato culto" que por años disertó sobre la cultura del país, y sobre la vida misma.

Esas características le han valido el aprecio de muchos, no solo como persona, sino como personaje clave de la cultura mexicana de la segunda mitad del siglo XX, cuando en 1959 llego a tierra azteca, procedente de España, "toda la familia Taibo" huyendo del régimen de Francisco Franco.

Las palabras ya son escasas, la sonrisa no, pero Paco Ignacio Taibo I tiene 82 años y anda sobre una silla de ruedas, las entrevistas ya son casi imposibles, ante ello, uno de sus hijos, Benito Taibo, quien ha seguido sus pasos, habla sobre su padre en exclusiva para Notimex.

"No solo ha sido padre, señaló, era maestro, es maestro, yo trabaje con él en varias oportunidades, él es el mejor maestro en el mejor sentido, en la casa siempre estuvimos rodeados de gente, mi papá supo siempre rodearse de amigos, sobre todo gente interesante".

Los primeros Taibo llegaron a México en 1958, después del exilio español de 1939, luego de que los familiares encarcelados por la dictadura franquista fueron liberados, una vez reunidos nuevamente, "se organizaron y toda la familia se vino para México", señaló Benito.

Entonces, la vida fue otra. Aquí, la morada de la familia se convirtió en una especie de casa de refugio a la que llegaron figuras de la cultura como Luis Buñuel y Joan Manuel Serrat, y todo tipo de exiliados y perseguidos políticos, de Argentina, Uruguay y Chile, y cualquier país en el que se persigue a alguien por su forma de pensar.

Señaló Benito que "la crítica y la autocrítica son dos artes que se desarrollaban en esa casa, de una manera muy singular. El siempre fue un apasionado de la literatura, y sobre todo, de la amistad.

"En los años que no hubo relaciones diplomáticas con España, la casa de los Taibo fue un asilo para refugiados españoles, argentinos, uruguayos y chilenos. Todos llegaban ahí y se llevaban un abrazo, amistad y comida" preparada por Maricarmen, la esposa del periodista.

Pero el contacto con el periodismo y la cultura no inició aquí, Francisco Ignacio Taibo Lavilla González Nava Suárez Vich Manjón (nombre completo del escritor) comenzó su aventura periodística sobre dos ruedas, no las de una silla, sino atrás de una bicicleta, haciendo crónicas de las vueltas ciclistas de España y Francia.

El, señaló Benito, empezó "muy joven, a los 20 años, o poco más, en su natal Gijón. En Asturias empieza su vida de periodista haciendo crónicas de ciclismo, y ahí se da cuenta que el periodismo le permite salir de un país del cual no podía hacerlo porque mi tío y mi abuelo eran perseguidos políticos".

El periodismo, entonces, se convierte en un sinónimo de libertad, pero al mismo tiempo descubre que tiene una muy pequeña frontera con la literatura, "las crónicas de ciclismo son francamente conmovedoras, logró encontrar esa veta literaria, le dio una vuelta de tuerca a todos los amores, desamores, pasiones y sufrimientos que había alrededor de la vuelta ciclista".

Así, sus crónicas se volvieron importantes porque contaba lo que nadie veía, "él no estaba en la meta esperando a los ganadores, él estaba en la cola contando la historia del último lugar, cómo iba sangrando de las piernas por el esfuerzo".

Ahí mismo, tuvo su primer accidente en el oficio, siguiendo al pelotón sobre un jeep, se vio obligado a saltar del auto que se estrelló contra un muro, tres de los tripulantes murieron, "él cayó de espaldas, se rompió los dos brazos, las dos piernas y una de las costillas le perforó la vejiga; dijeron que nunca más volvería a caminar y 'andó'".

Pero es en México donde finalmente forja su carrera, aquí dirigió durante más de 20 años la sección cultural de El Universal y antes fue agudo crítico de cine en la revista Proceso, director de Noticiarios de Canal 13 y previamente de Noticias en los canales 4, 5 y 8, donde impulsó un interesante proyecto cultural.

Llegando a este país, agregó su hijo, se incorporó al periodismo, comenzó a trabajar para el periódico Claridades, del cual acabó siendo director. "Era un periódico de espectáculos y deportes; hay algunas crónicas muy divertidas de boxeo de mi padre".

Lejos de los múltiples lugares donde ha trabajado, Paco Ignacio Taibo I (PIT I) modela al mismo tiempo una inquebrantable figura ligada al periodismo, caracterizada por su vocación como maestro de periodistas, por su mirada humilde ante las cosas y el sentido agudo y certero para llamar y describir a lo que le rodea.

Otra faceta, dijo, "fue la de creador de periodistas que siempre conservó con espíritu ético, a toda prueba. Hizo de todos los lugares donde trabajó espacios de libertad importantes y cuando esos espacios eran cortados, había renuncias masivas, no solo se iba él, sino equipos completos de colaboradores".

Mientras tanto, sigue escribiendo, hasta reunir una obra que abarca más de 60 libros, "es una especie de hombre del Renacimiento que le entraba a todo (excepto poesía): Novela, teatro, artículos para cine, televisión, pero también dibujaba monos, era "monero", le dio un gran impulso a los caricaturistas en las secciones culturales".

En suma, "le entraba a todo lo que tuviera qué ver con la palabra escrita y sobre todo, dentro del ámbito cultural", haciendo de su vida un embrollo intelectual que siempre estuvo regido por el periodismo, una de sus más grandes pasiones, por lo que será reconocido.

Sobre el periodismo, anotó Benito, quien leerá un texto en la entrega del premio a nombre de su padre, "él siempre ha dicho lo mismo, es un oficio, no hay que verlo más que como eso, y tiene la misma virtud que el resto de los oficios.

"Sí se sabe hacer bien, se podrá ser un buen periodista, él lo mira desde la óptica del oficio a pesar de que entra en los terrenos de la literatura, él siempre dijo que un periodista es aquel que tiene los ojos de los que no pueden ver y los oídos de los que no pueden estar ahí para escucharlo, y algunas veces la voz de los que tienen que levantarla", agregó.

En esta ocasión Paco Ignacio Taibo I no hablará, será su voz a través de la de su hijo, Benito Taibo, en la ceremonia que se efectuará en el Palacio de Bellas Artes de esta ciudad, pero "la función ética del periodista", seguirá permeando entre los asistentes.