Madrid.-"Es doping financiero", sdijo Arséne Wenger y la frase quedó como la más representativa del escenario del fútbol europeo en una nueva temporada que es diferente a las anteriores.

Con el Real Madrid y el Manchester City gastando cantidades ingentes de dinero en tiempos económicamente turbulentos, así como un cada vez más pronunciado reparto de poder entre ingleses y españoles, la frase de Wenger fue certera.
Madrid.-"Es doping financiero", sdijo Arséne Wenger y la frase quedó como la más representativa del escenario del fútbol europeo en una nueva temporada que es diferente a las anteriores.

Con el Real Madrid y el Manchester City gastando cantidades ingentes de dinero en tiempos económicamente turbulentos, así como un cada vez más pronunciado reparto de poder entre ingleses y españoles, la frase de Wenger fue certera.

Como hace cinco años ante la irrupción en la Liga inglesa del Chelsea gracias al talonario de cheques del multimillonario ruso Roman Abramovich, el manager francés del Arsenal apuntó a los desembolsos brutales en fichajes, esta vez protagonizados por "merengues" y "citizens".

El nuevo presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, basó su retorno al cargo tres años y medio después de dejarlo en el impacto mediático de sus contrataciones. Lo hizo sin medir en gastos, gracias a los créditos bancarios brindados por dos bancos españoles, Caja Madrid y Santander.

En total, el club se gastó en el portugués Cristiano Ronaldo, el brasileño Kaká y compañia unos 250 millones de euros (353,1 millones de dólares), sin contar el dinero a pagar acordado por objetivos cumplidos con sus nuevas estrellas.

La cifra puede ponerse en perspectiva: Arsenal, Liverpool, Manchester United y Chelsea, los cuatro grandes de Inglaterra, el otro gigante del continente, apenas superan entre todos los 100 millones de euros invertidos en futbolistas.

"Tenemos que hacer en un año la inversión correspondiente a tres", justificó Pérez, desesperado por quitar protagonismo mediático y deportivo al Barcelona e intentar posicionar su club como "el más grande del mundo", subjetiva figura de acuerdo a los parámetros que se tomen, pero con jugosos dividendos económicos.

Hay otros que tienen menos dificultades aún a la hora de imponerse a base de dinero.

El jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, miembro de la familia real de Abu Dhabi y dueño del Manchester City, ni siquiera tuvo que pedir créditos para dejarse unos 112 millones de euros en quitarle al argentino Carlos Tevez al United o al togolés Emmanuel Adebayor y al marfileño Kolo Touré al Arsenal, entre otras compras. Le bastó con poner algo de su monstruosa fortuna personal, valuada en más de cerca de 20.000 millones de dólares.

Su objetivo está parcialmente cumplido, a la espera de los resultados deportvos. Todos hablan de la irrupción del City en la élite de la Premier.

Esta tendencia deja cada vez más desigual a un continente ya de por sí poco equivalente en el nivel de sus ligas.

"Los países normales como Francia se convierten en enanos a los que se devora crudos", se quejó amargamente el presidente de la Liga Profesional de Fútbol de Francia (LPF), Frédéric Thiriez, que calificó las recientes compras de "indecentes".

Como el endeudamiento es la base fundamental de las políticas de fichajes -a excepción del City-, el poderío de las Ligas inglesa y española también se puede explicar paradójicamente en montos de deudas globales: los clubes españoles tienen un rojo de 3.000 millones de euros (unos 4.200 millones de dólares), según una investigación de "La Vanguardia", y los ingleses de unos 4.000 millones (unos 5.600 millones de dólares), según un informe de "The Guardian". En cambio, los equipos franceses deben "sólo" 100 millones.

El riesgo económico es que haya clubes "que se declaren en suspensión de pagos", y el deportivo es que "ganen siempre los mismos", según Thiriez. De las últimas cinco Ligas de Campeones cuatro las ganaron equipos ingleses o españoles. La restante la obtuvo el único club no inglés de los cuatro semifinalistas de esa edición: el Milan.

Pero el fútbol italiano, referencia en los años ochenta y noventa, viene decayendo a ritmo frenético con respecto a la Premier League y La Liga de las Estrellas.

El Milan debió vender a Kaká, reducir sueldos y no pudo concretar fichajes otrora pagables, como el del goleador bosnio del Wolfsburgo Edin Dzeko. El Inter de Milán, campeón de las últimas cuatro temporadas, perdió 335 millones de euros en dos años y se deshizo de la otra gran estrella del torneo, el sueco Zlatan Ibrahimovic, también con rumbo a España pero al Barcelona del triplete en 2009.

Pese a la llegada del camerunés Samuel Etoo al Inter y la permanencia del portugués José Mourinho como estratega, aunque la Juventus haya apostado por los brasileños Diego y Felipe Melo, se intuye improbable que el "calcio" pueda inmiscuirse durante la temporada en el poder anglo-hispano.

"Quien invierte en Italia teme no poder controlar su adquisición. Los equipos están bajo el poder de sus seguidores", analiza "La Reppublica". El "doping financiero" no habla italiano.