Islamabad, Pakistán.- Con Napoléon y Nixon como modelos, el general paquistaní Pervez Musharraf, en el poder en su país desde hace ocho años, se reivindica ante el mundo como el principal baluarte contra Osama Bin Laden y Al Qaeda.
Ex miembro de los comandos de élite de su país, Musharraf llegó al poder mediante un golpe de Estado incruento en 1999. Con tal de mantenerse en el poder ahora se muestra dispuesto a hacer algunas concesiones: renunciar al uniforme y a firmar un acuerdo que parecía imposible hace pocas semanas con la ex primer ministra en el exilio, Benazir Bhutto.

Todo ello ante una contestación creciente de numerosos paquistaníes, ávidos de democracia en un país que dispone del arma nuclear, pero que no ha podido desembarazarse de la sombra de los generales durante sus 60 años de existencia.

Musharraf llegó al poder el 12 de octubre de 1999 sin disparar un solo tiro, pero su gran oportunidad política llegó en realidad en septiembre de 2001, tras los atentados terroristas en Estados Unidos.

El general entendió rápidamente que podía beneficiarse de la "comprensión" de Estados Unidos en su "guerra contra el terrorismo", un lema al que también le ha tomado afición.

De Napoléon le gusta el estilo directo y sin concesiones a la diplomacia, mientras que del estadounidense Richard Nixon destaca su instinto y su capacidad de adaptación a las circunstancias.

Musharraf no duda en presentarse como el salvador de la nación paquistaní, y también como el luchador en primera línea contra Bin Laden.

Este último cargo le sentaría a la perfección si se tiene en cuenta que Washington considera que Al Qaida ha reconstuido sus fuerzas en las zonas tribales del noroeste del país.

Sus enemigos dicen en cambio que sucumbió hace tiempo a una patología bien conocida de los "dictadores": el sentimiento de sentirse indispensable para el país.

Ciertamente, Musharraf puede vanagloriarse de haber sobrevivido a dos tentativas de atentado firmadas por Al Qaida.

"Me considero un hombre con suerte. Napoleón dice que además de todas las cualidades necesarias, un líder debe tener suerte si quiere tener éxito, así que supongo que debo tener éxito", no dudó en escribir un día en su sitio internet.

Como buen militar, Musharraf ama su uniforme con pasión. Pero ha asegurado que si es reelegido, se convertirá en un presidente civil, por lo que dimitirá de su cargo de jefe del Estado Mayor.

Musharraf ha vestido el uniforme caqui durante más de 45 años de los 64 que tiene. Fue condecorado durante la guerra contra India en 1965, y ese mismo año integró un comando de élite.

Su ascensión comenzó realmente el 7 de octubre de 1998, cuando el primer ministro Nawaz Sharif lo nombró jefe del estado mayor.

En 1999, durante un nuevo enfrentamiento con India, en el territorio de Kargil, en Cachemira india, Sharif ordenó la retirada del ejército bajo presión de Washington, y acusó de ello a Musharraf.

El primer ministro intentó destituirlo, pero Musharraf no solamente contaba con el apoyo del cuerpo militar, sino que sus camaradas lo ayudaron a auparse al poder.

Musharraf prometió restaurar la democracia tras haber erradicado la corrupción. Pero tras una referéndum en 2002, siguió en el cargo, sin dejar el uniforme.

Condenado en 1999 por la comunidad internacional, Musharraf se convirtió en el protegido de Washington, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. El gobierno del presidente George W. Bush ha favorecido por ello el acuerdo para compartir el poder con Bhutto, que se concretizó el viernes.