Mónica Mateos-Vega/La Jornada
"La cultura es la solidez de los pueblos, la identidad de éstos. Esa cultura no la pueden manipular los medios informativos ni las campañas políticas. Hacia esa fuerza del país se engloba la ciencia, el arte, la identidad, nuestra historia, y deberíamos destinar, no diría más recursos, eso se da por sentado: deberíamos dedicarle más cuidado, más amor."
México, D.F..- La cultura mexicana es fuerte, firme, creativa, sólida, vigorosa, pero no equivale a las políticas culturales, afirma el escritor Carlos Montemayor (Parral, Chihuahua, 1947).

En entrevista a propósito del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2009 que recibirá en el campo de lingüística y literatura (reconocimiento que comparte con sus colegas Hugo Hiriart y José Luis Rivas), el autor de Guerra en el paraíso (1991) explica que las políticas culturales, "para bien o para mal", se vinculan a la cultura mexicana, "pero la inteligencia que necesitamos de los funcionarios culturales es primero la de entender qué es la cultura, no crear la políticas.

"La cultura es la solidez de los pueblos, la identidad de éstos. Esa cultura no la pueden manipular los medios informativos ni las campañas políticas. Hacia esa fuerza del país se engloba la ciencia, el arte, la identidad, nuestra historia, y deberíamos destinar, no diría más recursos, eso se da por sentado: deberíamos dedicarle más cuidado, más amor."

La charla se desarrolla en la casa del también analista político, poeta y colaborador de La Jornada, rodeado por sus libros de historia, de derecho, de filosofía, de arte, que aguardan ser donados, como ocurrió el pasado abril con una parte de su archivo de trabajo.

Después de un año de labor de catalogación y traslado, Montemayor entregó a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez 92 volúmenes, así como discos de audio, video, microfilmes y una colección de libros en idiomas diferentes al español que utilizó en diversas investigaciones.

Parte del material de ese fondo podrá ser consultado en línea, excepto algunos documentos a los que sólo se tendrá acceso in situ, y otros después del deceso del autor, según sus deseos.

En ese archivo hay material acerca de la guerrilla rural en Chihuahua y del caso Zongolica, grabaciones de rezos sacerdotales mayas y de la voz de Lucio Cabañas.

Pero sus mayores tesoros, los libros que tienen que ver con la literatura grecolatina, de los que quizá nunca se apartará, ésos no están a la vista, sino en la planta alta de su casa, cerca de su estudio y de su quehacer cotidiano.

Amante del bel canto

En 1980 Carlos Montemayor, también amante del bel canto, se sintió fascinado por la dimensión cultural, política y social de las lenguas indígenas, en las que descubrió, "particularmente en las lenguas con las que me relacioné en la Sierra Norte de Oaxaca, (que) su estructura y valores, tanto métricos como vocales, eran similares a los que había conocido, de manera teórica, en el griego clásico.

"Para mí fue deslumbrante, pues en lugar de hacer deducción teórica me permitía enfrentarme con lenguas vivas, por ejemplo con el zapoteco, que es una de las más melódicas y musicales por sus estructuras tonales y silábicas."

El narrador recuerda que el proyecto que en esos años tenían en la Dirección General de Culturas Populares (dependiente de la Secretaría de Educación Pública) "era de los más notables, porque todas las dependencias que entonces laboraban con comunidades indígenas elaboraban sus proyectos en el escritorio, de manera externa, e imponían sus programas. Culturas Populares trabajó a partir de propuestas que se generaron en las propias comunidades.

"Ignoro cuál ha sido la magnitud de los beneficios que esa dirección trajo a las zonas indígenas, pero uno de los aspectos esenciales con el que se topaba el desarrollo de algunos de esos proyectos era el de la diversidad lingüística."

No obstante, deplora Montemayor, "se ha confundido mucho en México la unificación lingüística con la idea de progreso, por ello hemos atentado contra nuestra diversidad".

El escritor comenta que si recayera en él la responsabilidad de ofrecer el discurso de recepción de los premios nacionales en nombre de todos los galardonados, "trataría de explicar lo más claramente posible cómo el lenguaje de la ciencia, la historia, el arte y los creadores de México sigue siendo el lenguaje más apegado a la verdad del país, quizás inversamente proporcional a la lejanía del lenguaje político".

Respecto de los planes que tiene para el monto del premio que recibirá, bromea: "quizá me compraré un rancho y cabezas de ganado en mi tierra (Chihuahua), para no hacer nada más que ponerme a escribir".

Un par de discos donde hace gala de su voz de tenor, un largo poema y una nueva novela que será la versión de su relato Las armas del alba a través de miradas femeninas son los proyectos con los que Carlos Montemayor concluye su sólido y vigoroso 2009.