La Jornada/Agencias
Solicita Moscú que funcionarios consulares y abogados tengan acceso a los arrestados. El desmantelamiento de la red clandestina es visto como fracaso del sistema de inteligencia.
Moscú. Ante el escándalo provocado por filtraciones interesadas a la prensa estadunidense, el Kremlin pidió hoy explicaciones a la Casa Blanca acerca de la detención de once presuntos agentes del espionaje ruso, mientras todo indica que el desmantelamiento de esa red clandestina se perfila como uno de los mayores fracasos en la historia del Servicio Exterior de Inteligencia (SVR, por sus siglas en ruso), dependencia sucesora del KGB soviético.

Aunque el gobierno ruso mantiene la regla de no confirmar o desmentir la detención de agentes suyos -lo cual a la postre facilita la negociación a puerta cerrada y aun el intercambio de espías encarcelados-, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia emitió este martes un comunicado de 10 líneas que aporta varias claves.

De entrada, hace una precisión muy importante en relación con los detenidos: Se trata de ciudadanos rusos, que en diferentes épocas llegaron a Estados Unidos, pero ninguno llevó a cabo acciones contra los intereses de Estados Unidos.

El segundo párrafo pide para los detenidos un trato normal y la posibilidad de que tengan acceso a ellos funcionarios consulares rusos y abogados.

El tercero y último exhorta a Estados Unidos a manifestar la debida comprensión en este caso, tomando en cuenta el carácter positivo de la etapa actual en la relación bilateral.

Con esto se reconoce implícitamente que la mayoría de los detenidos, si es que no todos, eran ilegales, como se denomina en el argot del espionaje ruso a los agentes que operan con identidad falsa y sin inmunidad diplomática.

Muchos años y dinero habrá tenido que gastar el SVR para crear las nuevas identidades de los detenidos -entre los que figuran cuatro matrimonios típicos americanos-, que llevaban décadas en Estados Unidos, haciendo vida normal y hasta con hijos nacidos ahí, en calidad de agentes durmientes, esto es, inactivos hasta recibir instrucciones para comenzar su labor de espionaje.

Por más peliculescas filtraciones a la prensa estadunidense de cómo se supone que la FBI (Oficina Federal de Investigaciones) descubrió la red de infiltrados rusos, la verdad es que detrás de cada fracaso de esta magnitud de un servicio de espionaje -llámese SVR, CIA o MI6 británico, por poner tres ejemplos- hay siempre una gran traición.

En este sentido, Rusia debe tener dos serias preocupaciones: averiguar cuanto antes quién reveló a Estados Unidos la existencia de la red de ilegales, si fue uno de los agentes allá o, lo que sería peor, si apareció un nuevo topo en la sede del SVR en Yásenevo, en las afueras de Moscú.

De ahí la urgencia de que funcionarios consulares rusos se entrevisten con los detenidos para obtener información de primera mano.

La segunda preocupación es cómo rescatar a los agentes caídos en desgracia o, al menos, asegurar que no se pasen el resto de su vida entre rejas, más aun que hasta ahora ninguno ha sido formalmente acusado de espionaje, sino de conspirar y actuar como agentes de un gobierno extranjero sin notificar su presencia a la justicia de Estados Unidos, lo que supone una pena de hasta cinco años de cárcel.

Más difícil será eludir que a algunos detenidos, sostenidos durante años con financiamiento clandestino, se les imputen cargos de lavado de dinero, lo cual podría castigarse hasta con 20 años de prisión.

Especial malestar causó al Kremlin que este escándalo de espionaje haya estallado a través de la prensa días después de que el presidente de Rusia, Dimitri Medvediev, concluyó una visita a Estados Unidos, que parecía haber puesto de relieve cada vez mayor entendimiento con su colega estadunidense, Barack Obama, quien en el enésimo gesto de acercamiento lo invitó a comer hamburguesas y expresó el deseo de utilizar Twitter para comunicarse como amigos.

Según imágenes transmitidas por la televisión local, el primer ministro Vladimir Putin tocó el tema al recibir hoy al ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, quien vino a Moscú para participar en una conferencia internacional.

"Llegas en buen momento. La policía de ustedes hasta que no para, mete a gente a la cárcel -dijo Putin a Clinton tuteándolo-, bueno, es un trabajo que todos hacemos, pero espero que todo lo positivo que se ha logrado en nuestra relación bilateral no sufra daños por estos hechos recientes (...) Confiamos mucho en que esto lo entiendan todos los que valoran las relaciones entre Rusia y Estados Unidos.