La región de América Latina y el Caribe pierde entre 5.000 y 50.000 dólares por cada hectárea desertizada, en un problema "casi desconocido e invisible" que, asociado a los altos niveles de pobreza, intensifica los procesos migratorios.

Madrid, España.- Así lo dijo a Efe el coordinador para América Latina y el Caribe de la Secretaría de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertización (CNULD), el hondureño Sergio Zelaya, que participa en Madrid la VIII sesión de la Conferencia de las Partes (COP8).

La sección que dirige Zelaya está estudiando los costes de la desertización en una región de 20 millones de kilómetros cuadrados, de los que una cuarta parte está ocupada por tierras secas, y en la que el 75% de las áreas agrícolas está seriamente degradado.

Las primeras conclusiones muestran que por cada hectárea que se pierde ante el desierto las economías de los países afectados pierden entre 5.000 y 50.000 dólares "en función del uso que se le diera a esa hectárea de terreno", explicó este experto.

El cálculo está hecho para los Estados de Sudamérica y se estima que "en los países no tan extensos, como los de América Central y el Caribe el coste es incluso mayor", dijo Zelaya, quien consideró que la solución tiene también una vertiente economicista.

"Nos falta un nivel de concienciación que permita a las empresas que están ubicadas en esas zonas comprender que la prevención es un buen negocio", argumentó el coordinador de la CNULD, quien reconoció que hasta ahora ha primado el espíritu del negocio rápido.

La globalización, según Zelaya, ha provocado en la región la necesidad de producir bienes agrícolas exportables de manera rápida, como la soja en Sudamérica o las frutas en Centroamérica, sin atender a la sobreexplotación del suelo o al abuso de plaguicidas.

Recientes estudios del Instituto Internacional para la Investigación en Políticas Alimentarias (IFPRI) también han puesto en evidencia la erosión y el agotamiento de los nutrientes del suelo, y la consecuente merma de la fertilidad y los rendimientos en los ecosistemas agrícolas de Latinoamérica y el Caribe.

Hasta el punto de que, según la CNULD, "la capacidad de la región para alimentarse a sí misma ha comenzado a verse amenazada".

Pero existe margen de reacción y el problema de la degradación de los suelos latinoamericanos y caribeños "se podría revertir porque las tierras son altamente productivas", señaló Zelaya.

La sección de la CNULD que él preside está investigando alternativas a la sobreexplotación que degrada la tierra y ha dado con una primera posible solución en el pasado y la tradición.

"Hemos encontrado sólo en los países andinos mas de 2.500 técnicas y prácticas tradicionales de gestión de suelos que son sostenibles y que se podrían aplicar hoy en día", explicó Zelaya en referencia al uso y explotación agrícola que realizan los indígenas.

Identificar, rescatar y utilizar estas técnicas no arrojará grandes beneficios a corto plazo, pero será una garantía de supervivencia a largo plazo, que "puede ser de mucho interés para las empresas que exportan bienes y servicios agropecuarios".

La solución está en la acción humana, responsable de la deforestación, la degradación de los bosques, la actividad maderera, las tierras altamente frágiles que se urbanizan, el pastoreo intensivo y el alto uso de fertilizantes plaguicidas.

Zelaya también destacó la relación que existe entre desertización y pobreza, y la consecuente generación de flujos migratorios.

De hecho, la mayoría de las personas que habitan las tierras degradadas secas han sido marginadas por la sociedad, dice la CNULD.

La población rural de América Latina y el Caribe es de aproximadamente 120 millones de habitantes, de los cuales el 53 por ciento está afectado por la pobreza y, de éste, el 30 por ciento está sumido en la más aguda miseria, continua la CNULD.

No se tienen datos exactos sobre la cuantía de la población de las zonas áridas rurales de la región, pero se sabe que, por ejemplo, en Chile 1,5 millones de personas (el 13 por ciento de la población nacional) está afectada directamente por procesos de degradación de la tierra.