Sobrevivientes de un ciclón que devastó Bangladesh y mató a más de 2 mil 500 personas enterraron el lunes a sus seres queridos entre llantos y sollozos, mientras aguardaban la llegada de ayuda.
En Galachipa, una aldea de pescadores a lo largo de la costa, en el distrito Patuakhali, Dhalan Mridha y su familia habían ignorado el alerta de ciclón emitido por las autoridades.

"Nada va a pasar. Eso fue lo primero que pensamos, y nos fuimos a dormir. Pero antes de la medianoche los vientos comenzaron a soplar cual jauría de demonios. Nuestra pequeña cabaña fue arrancada del suelo como un trozo de papel y todos corrimos a refugiarnos", dijo Mridha, un campesino de 45 años, mientras lloraba.

Cuando se dirigía a un refugio, Mridha quedó separado de su esposa, su madre y sus dos hijos. A la mañana siguiente encontró los cadáveres de todos ellos en medio de un matorral, a lo largo de la costa.

En el área costera abundan esos sombríos relatos luego del pasaje del ciclón Sidr, el peor que afecta a Bangladesh en una década. Muchas familias debieron enterrar a sus seres queridos en la misma fosa pues no había hombres sobrevivientes capaces de cavar tumbas separadas.

La cifra oficial de muertos por el ciclón del jueves llegó el lunes a 2 mil 579, según el Ministerio de Administración de Desastres. Sin embargo, había temores de que la cifra fuese mucho más alta.

La Sociedad de la Media Luna Roja de Bangladesh, el equivalente islámico de la Cruz Roja, advirtió que la cifra de muertos podría llegar a los 10 mil una vez las cuadrillas de rescate lleguen a las islas circundantes.

El presidente de la sociedad, Mohamad Abdur Rob, dijo que la cifra provenía de evaluaciones de millares de voluntarios que participaron en tareas de rescate en toda la región afectada.

Equipos de las organizaciones internacionales de ayuda trabajan con las autoridades en un amplio esfuerzo que atrajo asistencia desde todo el mundo. Pero los bienes enviados, como carpas, arroz y agua, han tardado en llegar a muchas personas.

Miles de sobrevivientes permanecen aislados, pues las precarias carreteras estaban bloqueadas por árboles caídos, tejados metálicos y fango.

Sidr destruyó decenas de miles de viviendas en el suroeste de Bangladesh y arruinó los cultivos justo antes de la temporada de cosechas en esta empobrecida nación.

Más de un millón de aldeanos en la zona costera debieron abandonar sus viviendas y dirigirse a albergues emplazados por el gobierno.