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México.- En 2030 la población de adultos mayores en México aumentará a 22.2 millones, esto será 25 por ciento de los ciudadanos, lo que podría convertirse en un problema de salud, social y económico si desde ahora no se toman las medidas necesarias para resolver sus demandas.
El ambiente económico en México augura una situación complicada, pues de las personas mayores de 60 años sólo 29 por ciento cuenta con empleo; además apenas 2.7 de hombres y 1.6 por ciento de mujeres reciben pensión, mientras 20 por ciento vive en condiciones de pobreza.

En 2005 ese sector de la población sumó casi 8.2 millones y se estima que para 2030 serán aproximadamente 22.2 millones, lo que significará 25 por ciento de la población en el país.

Ese problema está marcado por fuertes injusticias en la distribución de tareas para el cuidado que requieren los enfermos o discapacitados, entre las que destacan las de género.

Esa situación se expresa a través de la inversión de un mayor número de horas de las mujeres a labores domésticas y la atención a enfermos.

Según un estudio de la Revista de Salud Pública en México, editada por el Instituto Nacional de la Salud Pública, el hecho de tener en casa a un enfermo o discapacitado constituye una de las situaciones de mayor tensión y sufrimiento para la familia.

En ese sentido, el análisis plantea que no es lo mismo atender en casa a un enfermo agudo que a uno crónico o a uno incapacitado, ya que a diferencia del primero los crónicos y discapacitados requieren una atención casi permanente.

La complicación que trae consigo a las actividades diarias el cuidado de esas personas en el hogar puede generar maltrato emocional o negligencia en la vigilancia que requieren los pacientes, con efectos devastadores para los miembros de la familia.

El aumento de la esperanza de vida en México a 73 años para hombres y 77 para mujeres conlleva también un reto para los sistemas de salud y protección social, ya que deben enfrentar males de larga duración cuyos costos por individuo son mucho más altos que los de padecimientos infecciosos.

En los últimos 25 años han ocurrido notorios cambios en la estructura y la composición de los hogares mexicanos como resultado, entre otras cosas, de la mayor participación femenina en el mercado laboral y del aumento de oportunidades para su educación.

La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2002 revela la participación de hombres y mujeres en actividades domésticas y el tiempo promedio que le dedican; por ejemplo, la limpieza del hogar es la actividad a la que más mujeres (93 por ciento) dedican más horas.

Al sumarse el lapso destinado al cuidado de los niños, las actividades de las mujeres llegan a representar casi 80 por ciento del uso total de su tiempo, a lo que se suman diversas actividades que implican el cuidado a la salud de los miembros del hogar.

Dicha situación tiene implicaciones relevantes para la salud física y emocional de aquellas mujeres que, a su rol doméstico, se agrega el de ser cuidadoras de familiares enfermos.

A pesar de que son evidentes los problemas que en el futuro puede implicar el crecimiento acelerado de la población de adultos mayores, en México no se han diseñado estrategias para enfrentarlos desde las perspectivas social, cultural e institucional.

Los esfuerzos de organismos como los institutos Mexicano del Seguro Social (IMSS) o de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE) se ubican apenas en la etapa de reconocimiento del fenómeno y de su aceptación.

En los últimos años las instituciones de salud pública en México han desarrollado estrategias innovadoras para aumentar el gasto público en salud; dicha inversión ha sido enfocada a reducir los rezagos históricos de atención a poblaciones pobres.

Sin embargo, si se considera la velocidad a la que envejece la población, en los próximos años será necesario dedicar más recursos para la atención de la salud de este grupo poblacional, tanto en las instituciones como en la atención que se brinda en los hogares.

En las instituciones de seguridad social se destinan casi 25 por ciento de los recursos asignados a la atención directa para la población mayor de 65 años, lo que representa 10 por ciento.

De acuerdo con la tendencia al envejecimiento, para 2025 el gasto dedicado por el IMSS y el ISSSTE a los mayores de 65 años representará 50 por ciento del total de sus recursos.

Las autoridades reconocen el impacto del envejecimiento de la población sobre la demanda de servicios en las próximas décadas, pero aún no articulan políticas que reduzcan los rezagos y generen una respuesta prospectiva al tema de la atención a adultos mayores y a enfermos.