Lucía Sánchez
La incapacidad humana de escapar de espacios temporales y físicos marca la obra del dramaturgo Hernán Galindo, quien traduce su capacidad de observación a textos empáticos
Siempre tomando como plataforma que el teatro es un espejo de la realidad humana, el dramaturgo regiomontano Hernán Galindo ha sabido emplear las imágenes, la ideas, los sentimientos y las palabras para contactar el arte con el mundo cotidiano.

El sábado se realizó la presentación de su libro "Círculos en el Jardín", en la sala experimental del Teatro del IMSS, espacio al que se dieron cita ejecutantes del arte escénico para compartir una tarde llena de emotividad y observaciones respecto al proceso de creación dramática.

Los comentarios corrieron a cargo del autor y de Américo Fernández, crítico literario del Estado, quien compartió de manera breve y amena sus impresiones respecto al autor de textos como "Los Niños de Sal", obra que se estrenó ese mismo día bajo la dirección de Juan Antonio Villarreal.

Se resaltó que en la obra de Hernán Galindo, los personajes sienten una gran imposibilidad de escapar del espacio temporal y físico en el que les tocó vivir, conflicto existencial que manejan autores clásicos y universales.

"Esta referencia surge de manera natural, casi sin darnos cuenta, escuchando a los personajes entrar y salir de manera natural en escenas cortas y precisas, con diálogos auténticos, breves y efectivos, se observa la imposibilidad de escapar de un sitio, sea espacial y temporal. El propio título del libro refiere el tema", dijo Fernández.

Agregó que esta condición humana es una constante en grandes obras, como la película "El Angel Exterminador", y obras de autores como Kafka y Jean Genet.

"A estos autores los sentimos cercanos porque reflejan que el hombre vive en puertos cerrados", expresó.

Américo Fernández indicó que la obra de Galindo es inteligente porque en sus textos se despoja de análisis que constriñan el trabajo creativo del director.

"Ofrece la posibilidad al director de expresar, incluso las obras se pueden presentar en western, ofrece en su lenguaje un lirismo con tanta habilidad para manejar el misterio y la magia que le da esa posibilidad", dijo.

Como cinéfilo, agregó, al dar lectura al libro a presentar le llegaron a su mente referencias de autores clásicos, sin que Galindo perdiera su voz propia. Entre las lecturas que identificó están Bergman, Brecht y Woody Allen, pero la voz que más relacionó es la de Jacinto Benavente, por la manera de manejar el lirismo en la dramaturgia.

"El de Hernán Galindo es un teatro con carga de lirismo, une la poesía y el teatro demostrando que en la literatura no hay terrenos propios", afirmó.

Se comentó además que el trabajo de Galindo tiene una gran carga simbólica, como el mar, la vida y el desierto.

"La tierra como madre, el desierto como muerte, como un muro que no se puede traspasar. Una de las cuestiones terapéuticas que maneja es el diálogo entre el adulto y el niño que lleva adentro", indicó Fernández, en clara referencia a la obra "Los Niños de Sal".

"Se vive una aventura hacia el interior, se despoja de casi todo el entorno y se lanza primero a los diálogos, para luego caer hacia el interior con un monólogo completo e inagotable", señaló.

"Utiliza un lenguaje propio para esta aventura, evoca un proceso terapéutico hacia las partes más oscuras de una persona. Mediante la palabra, los adultos tienen una confrontación con los niños que llevan dentro, convirtiéndose en la antítesis de los protagonistas".

Hernán Galindo se mostró visiblemente agradecido por las impresiones del presentador, y reafirmó algunos de los puntos que abarcó, como el hecho de emplear el lirismo en la escritura de un texto dramático, idea que manejó durante su obra el autor de "Bodas de Sangre".

"Federico García Lorca decía que hay cosas que no se pueden decir con la palabra, cosas que alcanzan el cielo, entonces se emplea la poesía en la prosa. Me ha tocado escuchar esta situación, no siempre somos prosa, a veces somos poesía", dijo.

"Los Niños de Sal".

Una de las puestas en escena más esperadas por la comunidad teatral era la obra "Los Niños de Sal", del dramaturgo regiomontano Hernán Galindo.

Luego de la presentación del libro, bajo la dirección de Juan Antonio Villarreal se estrenó este montaje que resultó de gran satisfacción para los saltillenses debido a la sensibilidad y responsabilidad con la que cada uno de los actores representó a su personaje.

Francisco Ramírez, Gabriel Neaves, Oscar Sifuentes, Federico Vargas, Leticia Villalobos, Laura Corona y Sara Carranza es el cuadro actoral que interpretó al reparto de la obra, pasando de escena a escena por etapas de crecimiento, maduración y confrontación que dieron como resultado hombres y mujeres llenos de recuerdos y sentimientos que como la sal, poco a poco se van resquebrajando.

Esta puesta en escena se sumó a los festejos del 10 aniversario del comodato del teatro del IMSS por la Asociación Coahuilense de Teatristas, a la que pertenecen algunos de los participantes de "Los Niños de Sal".

Las escenas se desarrollan en una playa, que puede ser mexicana, europea u oriental, debido a la universalidad del mensaje que el texto de Galindo maneja, que es la preservación de una identidad a pesar de los factores externos que pueden modificarla para bien o para mal.

Se destaca la cálida sonorización e iluminación, pues el reflexivo sonido del vaivén de las olas permite que el espectador ingrese a la escena, y los tonos azules dan un sentido de protección a los espectadores, pues se muestra que mientras parece que el mundo se cae, en realidad está sujeto al universo.

"Los Niños de Sal" iniciará temporada en el Teatro del IMSS a principios del año 2008, es una espera que dejará un buen sabor de boca.