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Madrid.- El primer ministro de Líbano, Fuad Siniora, negó que el país esté en estado de emergencia, tras afirmar que los poderes presidenciales están ahora en manos del Consejo de Ministros.
"Ninguna persona en absoluto ocupa el lugar del presidente; no existe ningún estado de excepción; solo es un periodo excepcional en el que seguimos la constitución", subrayó.

El jefe de gobierno libanés rechazó la última orden del presidente Emile Lahud, que puso toda la seguridad del país en manos del Ejército, pues consideró que el gobierno era "ilegítimo e inconstitucional" por no representar a todos los libaneses.

Líbano amaneció este sábado sin presidente, vigilado por el ejército y la policía, así como sumido en las crecientes preocupaciones sobre un vacío de poder que agravó la crisis política en la nación.

Beirut, la capital, permanece en calma y las tiendas abrieron de manera normal, tras un día agitado en que el presidente Lahoud dejó el cargo, sin que el Parlamento pudiera nombrar a su sucesor, y luego de anunciar que cedía los poderes de seguridad al ejército.

El último anuncio de Lahoud acerca de que el país se encontraba en un "estado de emergencia", fue rechazado por el gabinete rival y prooccidental del primer ministro Fuad Siniora.

El rechazo del gobierno causó más confusión en una situación ya tensa. Los libaneses temen que la situación desencadene en hechos de violencia entre los simpatizantes del gobierno de Saniora y la oposición prosiria, encabezada por la milicia chiíta del Hezbolá.

'El periodo de Lahoud termina en una república sin presidente', señaló el encabezado del diario An-Nahar. Otro rotativo, Al-Balad, publicó un marco sin foto en su primera plana, para simbolizar el vacío de poder.

El Parlamento decidió el viernes aplazar la elección del nuevo presidente al 30 de noviembre, ante el desencuentro de prooccidentales y prosirios.

La salida de Lahoud, aliado firme del régimen sirio durante sus nueve años de administración, era una meta del gobierno instaurado por la mayoría parlamentaria antisiria, que ha tratado de llevar a la presidencia a uno de sus miembros.

Hezbolá y otros grupos opositores han impedido que los legisladores elijan a un nuevo presidente, al boicotear las votaciones, dejando al parlamento sin el quórum requerido.

La disputa ha llevado a Líbano hacia un territorio peligroso y desconocido. Ambas partes se han enfrascado en una guerra de recriminaciones, acusándose de violar la constitución, y no parecía cerca un acuerdo sobre un candidato que asuma como jefe de Estado.