LA JORNADA
México, D.F. .- En la Central de Abastos de la ciudad de México, el diablero El Jarocho remienda su reja (caja de plástico) con hilo de cáñamo y alambre. El huacal verde luce unas puntadas a la Frankenstein. ¿Por qué la remienda en vez de nomás tirarla y conseguir otra?
El Jarocho fue un personaje fundamental en los viajes emprendidos entre 2004 y 2007 por Sandra Calvo (ciudad de México, 1977) y Pedro Ortiz-Antoranz (Barcelona, 1970), durante los cuales pasearon a pie y tomaron fotos en distintas urbes, entre ellas Nueva Delhi, Bombay, Pekín y la ciudad de México.

Ortiz-Antoranz contó que El Jarocho les "abrió la mente" a las otras dimensiones que puede adquirir un objeto hecho de forma masiva, como un huacal. "La gente genera relaciones sentimentales con los objetos", explicó. En este sentido, un comerciante ambulante que vende zapatos en la colonia Del Valle usó durante dos años la misma bolsa de Oxxo reforzada con masking tape.

Otro personaje central fue Evaduch, también ambulante, cuyos acetatos de segunda mano dan la vuelta a toda una manzana.

Calvo y Ortiz ejercen una especie de antropología visual. Con un inusual punto de vista irónico, imaginativo, humoroso, retratan cómo las calles y los objetos son usados y transformados por los humanos. Nunca modifican las escenas.

Muestran cómo la calle es muchas veces, por necesidad, una extensión del hogar. Cómo una escoba puede ser también un poste que sostiene un cable de luz. Cómo un par de plantillas de cuero dejadas a airear sobre una lámpara pueden ser también las huellas de una estatua que recién se bajó de su pedestal.

"Ordenes espaciales de naturaleza itinerante que activan el espacio público de manera temporal y precaria", describen los creadores del proyecto en el libro Monumentos menores, que reúne 30 de estas imágenes.

Calvo y Ortiz descubrieron, pues, lo que está ahí a la vista de todos, si se tienen los ojos abiertos a ello. Paisajes que, por cotidianos, ya no sen ven.

Las calles, los puentes peatonales, las plazas, son paisajes que la gente construye muchas veces, como se dijo, por necesidad. Por ejemplo, un colchón es sostenido por cuatro bancos de plástico en medio de una plaza en Shenzhen. Alguien lavó el colchón y ahora se está secando. De casualidad, los colores del colchón semejan los de la plaza, provocando una involuntaria estética.

Lo involuntario es otro de los componentes en los paisajes. Alguien necesitaba un lugar para secar el colchón. Nunca pensó que se vería "hermoso", o que adquiriría otro sentido, inclusive humorístico o de parodia. Como el logo de un supermercado envuelto en bolsas negras, que da a los monitos la apariencia de ninjas a punto de emprender una batalla.

Una imagen sorprendente, quizá porque no se ve en la ciudad de México: cuelgan de un barandal decenas de batas blancas, una figura en bicicleta pasa frente a ellas: un muchacho envuelto en batas de forma tal que parece un elegante atuendo. ¿De qué se trata? En Nueva Delhi, un joven cuelga y recoge uniformes recién lavados.

En otros casos, los objetos "rebasan la condición de desecho", como ocurre con carteles de películas convertidos en material para cubrir techos.

Paisajes que podrían verse en una u otra urbe

Debido a la naturaleza misma de las urbes, varios de estos paisajes podrían verse indistintamente en una u otra.

Actualmente la exposición de las imágenes contenidas en el libro se exhibe en la Sala de Arte Público Siqueiros (SAPS).

Una edición limitada de 50 libros-objetos viene dentro de una caja en homenaje a los diableros de la central de abastos, en particular a El Jarocho, e incluye un video.