Arizona, EU.- Henry Bazurto, de origen mexicano, no puede contener las lágrimas cuando todavía recuerda cómo murió en sus brazos uno de sus mejores amigos en una misión de combate en la Segunda Guerra Mundial.
"Era un gran hombre, mi amigo, mi hermano", dijo Bazurto, veterano de guerra, quien formó parte de una fuerza especial de combate del Ejército de los Estados Unidos y Canadá conocida por el sobrenombre de los "Diablos Negros".

Estados Unidos celebró este fin de semana el Día de los Veteranos, una condición que comparten 23,7 millones de hombres y mujeres que han servido desde la Primera Guerra Mundial y cuyas filas siguen engrosando.

Fueron los mismos alemanes quienes les pusieron este apodo debido a la fiereza con la que luchaban y porque siempre atacaban de noche, por atrás y nadie les veía venir.

Bazurto, originario de Altar, (Sonora, México), llegó junto con sus padres a la ciudad fronteriza de Nogales (Arizona) cuando aun era un niño huyendo de la revolución mexicana.

Cuando tenía apenas 21 años de edad, ingresó en el Ejército de los Estados Unidos, primero vigilando la frontera con México (en ese entonces existía el temor de que el país fuera atacado por esa zona) y después entró como voluntario en la Primera Fuerza Especial, en noviembre de 1940.

"Nos mandaron a entrenar a Montana, en cinco días nos enseñaron a esquiar en nieve y saltar en paracaídas," dijo Bazurto, quien también cuenta con la nacionalidad estadounidense y que el próximo 6 de febrero cumplirá 90 años.

Por su destacado heroísmo, Bazurto cuenta con 18 condecoraciones, entre ellas el Corazón Púrpura y la Estrella De Bronce, dos de los más importantes reconocimientos que otorga el Ejército de los Estados Unidos a un soldado.

Los "Diablos Negros" estaban formados por cerca de 1.400 soldados del Ejercito de Estados Unidos y Canadá y fueron clave para que se liberase la capital italiana, Roma.

El 28 de mayo de 1944, el veterano de guerra estuvo a punto de morir en combate, cuando fue impactado por siete balas, en el brazo izquierdo y su pierna derecha.

"No sentía nada, me sentía muy ligero, muy livianito y fue entonces que me encomendé a la Virgen de Guadalupe y le prometí que si me permitía regresar a mi tierra, la iría a visitar hasta su casa", dijo el soldado, mientras señalaba un cuadro de la virgen morena que tiene en la sala de su casa.

Promesa que cumplió 30 años después de haber regresado de la Guerra, cuando llegó hasta las puertas de la Basílica de la Virgen de Guadalupe en ciudad de México.

Hoy en día, en su pie derecho, aun tiene una de esas siete balas que recibió aquel día que estuvo a punto de morir, a pesar de los esfuerzos de los médicos, nunca pudieron extraerla.

De los más de mil soldados que formaban parte de los "Diablos Negros", solamente cerca de 400 regresaron a sus hogares cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y de estos sobreviven alrededor de 90.

Una de las metas de Bazurto es escribir un libro sobre su vida y sus vivencias durante la Guerra, contar la historia de sus amigos y de los combates que vivieron juntos.

"He visto películas donde todo lo ponen muy fácil yno fue así, nos rompíamos inclusive los dedos tratando de escalar esas montañas, para poder liberar esos pueblos", finalizó.